RESUMEN
En una era donde lo que está en proceso de implementación en los países desarrollados es la automatización de la enseñanza, en los cuales, según Oppenheimer, en su obra: sálvese quien pueda, sostiene que: los docentes serán motivadores, consejeros y terapeutas personales; en nuestro país aún estamos hablando de que no hay suficiente espacio para el acceso a la educación de los niños dominicanos.
El acceso a la educación es uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de las sociedades y el progreso individual. No es un capricho de las sociedades haber declarado como fundamental este derecho, sino, el reconocimiento de la importancia neurálgica para el progreso y el bienestar de los pueblos.
Reconocido como un derecho humano básico en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la educación no solo proporciona el conocimiento y las habilidades necesarias para participar en la vida económica, social y política, sino que también es esencial para la realización plena de la dignidad humana.
Sin embargo, en muchas partes del mundo, incluido nuestro propio país, este derecho enfrenta barreras significativas que impiden su total cumplimiento.
La importancia del acceso a la educación
Como es bien sabido, Singapur es un referente mundial en materia de educación. La educación primaria en Singapur tiene una duración de seis años y es obligatoria para todos los niños entre los 6 y 12 años. Esta etapa está diseñada para proporcionar una base sólida en materias fundamentales, como inglés, matemáticas, ciencias y una segunda lengua (generalmente mandarín, malayo o tamil).
Con un referente de esta naturaleza, se nos ocurre preguntarnos, ¿debería ser la educación en nuestro país más que un derecho fundamental, una obligación, pero que su incumplimiento conlleve consecuencias legales? ¿Deberían los tutores de los niños que no hagan las gestiones para garantizar el acceso de los infantes tener alguna clase de sanción? O por último, y no menos importante, ¿deberían las autoridades en materia educativa enfrentar la acción de la justicia, cuando no prioricen el acceso a la educación a los niños dominicanos, ante la realidad social que vive nuestro país?
Mauricio García Villegas, en su obra: el viejo malestar del nuevo mundo, argumenta que: lo cierto es que el futuro de un niño dependerá de lo que haga con sus habilidades cognitivas, así como de sus capacidades afectivas y morales. Sin embargo, el Estado debe garantizar a ese niño el acceso a una educación, y que la misma sea de calidad. Es a partir de esta clase de garantías, que se legitima el poder coercitivo de un Estado.
En el caso de las mujeres, se ha demostrado en múltiples estudios que las mujeres que tienen acceso a la educación disponen de mejores herramientas para enfrentar los desafíos económicos, sociales y de salud, lo que les beneficia no solo a ellas, sino a sus familias y comunidades en general.
Desafíos en el acceso a la educación
A pesar de su importancia, el acceso a la educación sigue siendo un desafío en muchas partes del mundo, incluida la República Dominicana. Los niños y jóvenes de familias de bajos ingresos enfrentan dificultades adicionales para acceder a la educación, ya que a menudo necesitan trabajar para contribuir al sustento familiar o carecen de medios para cubrir costos asociados, como el transporte, los uniformes y los materiales escolares.
Si a las dificultades anteriormente señaladas, sumamos lo traumático y ansioso que puede resultar para las familias dominicanas de escasos recursos saber si en la apertura un año escolar los niños serán admitidos, pues eso sencillamente se convierte en una desgracia social que impulsa en el seno de estas familias y en los niños mismos, el desinterés y el retorno a una etapa que se entendía superada en este país, la deserción escolar.
Uno de los principales obstáculos es la desigualdad en la distribución de recursos educativos. En las zonas rurales y marginadas, las escuelas a menudo carecen de infraestructura adecuada, materiales didácticos y personal docente capacitado.
Esta desigualdad geográfica crea una brecha significativa en las oportunidades educativas entre los estudiantes urbanos y rurales. Además de la brecha urbana-rural, existen otras barreras que dificultan el acceso a la educación, como la pobreza, el género, entre otras.
En ese orden, Moisés Naín, en su obra: lo que nos está pasando, resalta que: lo primero que hay que hacer es medir. Por razones políticas, muchos países se resisten a evaluar de manera transparente a sus estudiantes y profesores. Y si no se sabe qué estrategias educativas funcionan y cuáles no, es imposible mejorar la puntería.
¿Se está cumpliendo con las normas?
En la República Dominicana, la Constitución y la Ley General de Educación 66-97 son los pilares fundamentales que garantizan el derecho a la educación. La Constitución, en su artículo 63, establece que: toda persona tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones.
La Ley General de Educación 66-97, por su parte, establece las bases para el sistema educativo, incluyendo principios como la igualdad de oportunidades, la gratuidad en la educación pública y la obligatoriedad de la educación básica.
Además, nuestro país ha ratificado varios acuerdos internacionales y nacionales que refuerzan el compromiso con el derecho a la educación, como la Convención sobre los Derechos del Niño, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, así como el Pacto Nacional para la Reforma Educativa.
Estos instrumentos legales subrayan la responsabilidad del Estado en asegurar que todos los niños, niñas y jóvenes tengan acceso a una educación que les permita desarrollarse plenamente y contribuir al progreso de la sociedad.
Si bien el cierre de escuelas en tiempos de pandemia, así como la transición a la educación en línea dejaron a muchos estudiantes, especialmente a aquellos sin acceso a internet o dispositivos tecnológicos, en una situación de desventaja. Esto subraya la necesidad urgente de integrar la tecnología en la educación de manera equitativa y accesible.
A pesar de que, en la ejecución presupuestaria del Ministerio de Educación en el 2023, quedaron pendiente aproximadamente 30 mil millones de pesos por ejecutar, lo cierto es que aún no se ha implementado con éxito la modalidad de educación combinada, que, mediante una infraestructura física y tecnológica, se pueda garantizar los espacios necesarios para que los niños no queden sin acceso a una educación de calidad y en coherencia con el tamaño de nuestra economía.
Calidad educativa
En este sentido, el país enfrenta serios problemas relacionados con la calidad educativa, que se reflejan en los resultados de pruebas nacionales e internacionales, donde los estudiantes dominicanos a menudo obtienen puntajes por debajo del promedio.
La calidad de la educación que reciben los niños dominicanos es otro aspecto fundamental. El acceso no se refiere solo a la posibilidad de asistir a la escuela, sino también a recibir una educación que realmente les permita desarrollarse y adquirir las habilidades necesarias para su futuro.
En conjunto, la educación básica en el caso de Singapur, como referente mundial en esta materia, tiene como objetivo no solo preparar a los estudiantes para futuras etapas académicas, sino también desarrollar su carácter, habilidades sociales y competencias para la vida adulta.
Es en ese orden, que el referido sistema educativo reconoce que los estudiantes tienen diferentes habilidades y talentos, por lo que ofrece programas diferenciados que atienden a los diversos estilos de aprendizaje y capacidades. Esto se hace evidente en los dos últimos años de la primaria, donde los estudiantes se agrupan en diferentes corrientes basadas en sus aptitudes y habilidades, lo que les permite aprender a su propio ritmo.
La capacitación y motivación de los docentes, el currículo escolar, y las condiciones de aprendizaje en las aulas son aspectos que requieren atención urgente. Aunque el gobierno ha invertido en mejorar la infraestructura educativa y en programas de formación docente, todavía queda un largo camino por recorrer para garantizar que todos los niños reciban una educación de calidad.
Si bien el marco legal en la República Dominicana establece claramente el derecho de todos los niños a una educación de calidad, la realidad muestra que este derecho no se garantiza de manera equitativa. Las desigualdades regionales, sociales y económicas siguen siendo obstáculos significativos para el acceso a la educación. Además, la calidad educativa sigue siendo una asignatura pendiente, que limita el desarrollo pleno de los niños dominicanos.
Conclusión
La educación es un derecho fundamental que debe ser garantizado para todos los ciudadanos de la República Dominicana. Aunque durante las últimas décadas, el país ha experimentado ciertos avances en términos de acceso a la educación, aún enfrenta desafíos importantes que deben ser abordados para asegurar que este derecho se convierta en una realidad sostenible para todos.
A través de un marco legal sólido, inversiones estratégicas en infraestructura y recursos, y la integración de la tecnología en la enseñanza, el país puede avanzar hacia un sistema educativo más equitativo y de alta calidad. Garantizar el derecho a la educación no es solo una obligación legal y moral, sino también una inversión crucial en el futuro de la nación y en el desarrollo pleno de su gente.
Es crucial que el gobierno, junto con las organizaciones de la sociedad civil y la comunidad internacional, continúe trabajando para cerrar estas brechas y garantizar que todos los niños dominicanos puedan ejercer plenamente su derecho a la educación. Solo así se podrá construir una sociedad más justa e inclusiva, donde cada niño tenga la oportunidad de alcanzar su máximo potencial.
Es nuestra aspiración que nuestro país pase de la incertidumbre en cuento al acceso a la educación para nuestros niños, a la implementación de modelos que representen el siglo XXI y sus avances tecnológicos. De igual manera, que en la implementación de nuestra política educativa la dominicanidad esté presente, no solo como un acto patriótico, sino, como dominicanos responsables y conscientes de la sociedad que desde las aulas estamos formando.
POR: WALNESY BORQUEZ
walnesyborquez@hotmail.com
