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25 de marzo 2026
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OpiniónJabes RamírezJabes Ramírez

El 2028 no espera: un país sin brújula en un mundo fracturado

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

La discusión sobre la acción de Estados Unidos en Venezuela ha ocupado titulares y debates regionales, y desde dentro hemos sido parte interesada para el análisis. Sin embargo, hemos dejado de lado tal vez la pregunta más incómoda y urgente: ¿Qué será de la República Dominicana en este nuevo escenario internacional de cara al 2028; año de cambios para la presidencia? El mundo atraviesa una etapa de fracturas profundas en el orden global que durante décadas ofreció cierta previsibilidad. Es preciso que repensemos la visión estatal que deseamos, como también ponderar con delicadeza la representación nuestra de cara a ese mundo convulso. La República Dominicana, históricamente reactiva más que propositiva en política internacional, enfrenta el reto de definir qué papel quiere jugar y bajo qué principios. No hacerlo equivale al fracaso.

El problema de fondo es interno antes que externo. El país continúa atrapado en un ecosistema político desactualizado, dominado por el personalismo y una lógica de corto plazo que privilegia el impacto inmediato sobre la planificación de largo alcance. La política presentista, enfocada en el próximo titular o elección, ha sustituido la noción de Estado como proyecto histórico. Esto ha generado una parálisis en la proyección estratégica nacional, particularmente peligrosa en un mundo que se reconfigura aceleradamente. Gobernar “de hoy para mañana” puede rendir frutos electorales, pero deja al país sin brújula a los cambios globales.

A esta fragilidad interna se suma la incertidumbre externa. Nuestro principal socio atraviesa un dilema importante. Tiene intenciones de afianzarse dentro de un sistema social volátil con respecto a una estructura sociológica que sabe lo que quiere hoy, pero desconoce lo que quiere mañana. Cualquier proyecto nación con este tipo de volatilidad es vulnerable al fracaso. Hoy es republicano, mañana puede despertar demócrata. Por lo que, la toma de decisiones sostenidas se vuelve complicada por

naturaleza. Parte importante por seguir si queremos como país plantear metas alcanzables.
Por otro lado, formando parte de esa secuencia de quiebres en el orden internacional, tenemos el ascenso de China. Mientras más poderosa es una nación, más crecen las expectativas de sí misma. Por lo que, China y Taiwán serán parte importante de titulares para este 2026. Obviamente, con lo que eso conlleva. También, tenemos una Unión Europea en deterioro, completamente acéfala y pocos jugadores representativos. Pero no menos importante, la convulsión ideológica de una América Latina que se divide en bloques entre izquierda y derecha, cada cual dispuestos a jugar un papel según los intereses de sus potencias preferidas.

Partiendo de un diagnóstico actual, cabe la pregunta de cuál sería el líder primordial para el esquema internacional del presente. Sobre quién o sobre cuál partido debería recaer la responsabilidad de la nación dominicana. Quién se supone que estaría calificado para gerenciar y servir de representación a los dominicanos en este escenario. El 2028 se acerca, y con eso la intención y manifestación de distintas ofertas políticas.

Un gobierno oficial que aún no diferencia el marketing de la gestión de Estado, sumado a eso una oposición con figuras desgastadas, pero con ansias de poder. Dominicanos útiles para temas foráneos y sin sentido, con un encuadre de políticos que rehúyen de los temas importantes, sirviendo incluso como medios para la colocación de conversaciones sin sentido. Esa pregunta se responde evaluando de forma sistemática la calidad política de nuestro país. La cual, hasta ahora, ha dejado mucho que desear. Mientras “luces, cámara y acción” formen parte del juicio y la lógica de gestión, conforme pase el tiempo perderemos la tan anhelada estabilidad, de la cual hacemos alarde, pero que ni siquiera entendemos.

 

Por Jabes Ramírez

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