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20 de enero 2026
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OpiniónMiguel ColladoMiguel Collado

Efeméride literaria dominicana: Salomé Ureña de Henríquez nació un día como hoy del 1850

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RESUMEN

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Brevemente —con ocasión de celebrarse hoy, 21 de octubre, el 174 aniversario del natalicio de la brillante poeta y ejemplar educadora Salomé Ureña de Henríquez— compartiremos con los lectores de esta columna algunos apuntes biográficos sobre esa ilustre dominicana. A la vez, y como tributo a su memoria, también se celebra el Día Nacional del Poeta en la República Dominicana.

Salomé nació en la ciudad de Santo Domingo «el viernes 21 de octubre de 1850, a las 6 de la mañana, en el barrio de Santa Bárbara, antiguo solar de buenas familias, en la casa de su abuela materna, hoy número 84 de la calle Isabel la Católica, junto a la casa de Juan Pablo Duarte».1 Era hija de Nicolás Ureña de Mendoza (1822-1875) y Gregoria Díaz de León (1819-1914), quienes se unieron en matrimonio el 25 de diciembre de 1847, instalando su hogar en la calle Mercedes No. 37 de la citada ciudad. Por ambas familias, su origen era humilde.

Su padre ―figura de mucho prestigio en la sociedad dominicana de la época, poseedor de múltiples talentos: poeta, educador, abogado, político y periodista― ejer¬ció fuerte influencia en su formación cultural y en su pasión por la literatura. A temprana edad Salomé había leído los clásicos españoles y publicaba poemas antes de cumplir los 20 años de edad, utilizando el seudónimo de «Herminia» de 1867 a 1874.

Fotos de Salomé, Francisco y sus hijos.

El 11 de febrero de 1880 contrajo matrimonio con el educador Francisco Henríquez y Carvajal. La boda se celebró en la ciudad de Santo Domingo en la casa donde residía Salomé, situada en la calle San José No. 13 (hoy 19 de Marzo No. 254) esquina calle De la Cruz (hoy Salomé Ureña). Los padrinos fueron Noel Henríquez, su suegro, y Gregoria Díaz Vda. Ureña, su madre; y testigos fueron cuatro hermanos de Francisco: Manuel, Federico, José y Salvador Henríquez y Carvajal. Presentes estaban Alejandro Wons y Gil y el educador y poeta Emilio Prud’homme.

La primera casa en la que residió la pareja formada por Francisco y Salomé, inmediatamente después de la boda, fue en la ubicada en calle Del Estudio No. 25 (hoy Hostos). Aquí vivieron algo más de un año, pasando a residir luego en la casa materna de Salomé, es decir, en la San José No. 13. Fue aquí donde comenzó a funcionar el Instituto de Señoritas fundado por ella en 1881 y donde también habría de nacer, el 3 de diciembre de 1882, su primogénito Francisco Noel, sobre el cual publicamos un estudio biográfico en el año 2017: Francisco Noel, el primogénito de Salomé Ureña de Henríquez. Casi toda su vida transcurriría en la isla de Cuba, donde fue un connotado hombre de leyes, experto en materia de seguros. Su nacimiento fue motivo para Salomé escribir su poema «En el nacimiento de mi primogénito»:

¡Oh, sí! Limpiar de abrojos
la senda preparada al sér que nace,
al bien y a la virtud abrir sus ojos.
y el peligro desviar que le amenace.

Y así, como entre flores,
ajeno a la maldad, al vicio ajeno.
verle a lo grande tributar honores
y el alto aprecio merecer del bueno.

[…]

¡Doblemos el aliento!
Vamos al porvenir, la fe en el alma,
para él a. conquistar con ardimiento
de ciencia, de virtud, de bien la palma.

(Fragmento)

En diciembre de 1883 la familia Henríquez Ureña pasa a vivir en la calle De la Esperanza (hoy General Luperón) esquina calle De los Mártires (hoy Duarte), en una casa de dos plantas, situada en la zona colonial de la misma ciudad. Allí se instala también el Instituto de Señoritas, que permanece en ella ocho años, tiempo durante el cual se graduó el primer grupo de maestras normales y también el segundo. En esa casa nacieron sus hijos Pedro —el 29 de junio de 1884— y Max el 16 de noviembre de 1885. Ambos, con el tiempo, serían reconocidos hombres de letras en toda Latinoamérica. Emblemático es su poema escrito a su Pedro:

Mi Pedro

Mi Pedro no es soldado; no ambiciona
de César ni Alejandro los laureles;
si a sus sienes aguarda una corona,
la hallará del estudio en los vergeles.

¡Si lo vierais jugar! Tienen sus juegos
algo de serio que a pensar inclina.
Nunca la guerra le inspiró sus fuegos:
la fuerza del progreso lo domina.

Hijo del siglo, para el bien creado,
la fiebre de la vida lo sacude;
busca la luz, como el insecto alado,
y en sus fulgores a inundarse acude.

Embarazada de Camila, en enero de 1893 la familia Henríquez Ureña se traslada a la casa de dos plantas ubicadas en la calle Santo Tomás No. 1 (hoy Arzobispo Nouel No. 7) en la misma zona colonial. En la segunda planta quedaron instalados el hogar y el instituto. Aquí, en un estado de salud verdaderamente delicado, da a luz Salomé el 9 de abril del citado año: nace Camila, quien se convertiría en una de las intelectuales de mayor prestigio de la América hispánica. Motivada por el trance por el que atravesó al dar a luz a su hija, corriendo el riesgo de morir, Salomé escribió su breve poema «Umbra-Resurrexit»:

Brota la luz en deslumbrantes ondas,
el aire al pecho afluye,
el espíritu absorto se reanima,
y cunde y se dilata en las arterias
el ritmo palpitante de la vida.

Y bajo el ala cándida que extiende
sobre el hogar en gozo
ángel nuevo de paz que el cielo brinda,
surgiendo victorioso de las sombras
el cuadro de mi amor esplende al día.

Salomé falleció, en la misma ciudad en la que vio la luz del mundo por primera vez, a la una de la tarde del día 6 de marzo de 1897. Sus restos mortales reposan, en la misma cripta junto a los de su hijo Pedro Henríquez Ureña, en el Panteón de la Patria. En este solemne templo también reposan los de su maestro Eugenio María de Hostos, quien, al saber de su muerte, residiendo en Chile, resaltando su grandeza literaria, escribiría: «Cuando se conozcan en América los cantos patrióticos de Salomé Ureña de Henríquez, no habrá nadie que les niegue la superioridad que tienen entre cualesquiera otros de la misma especie en nuestra América».2

Referencias

____________
1 En: Silveria R. de Rodríquez Demorizi. Salomé Ureña de Henríquez (Buenos Aires, Argentina: Microforma, 1944), p. 6.

2 Ver: «Salomé Ureña de Henríquez», en su Meditando (París, Francia: Sociedad de Ediciones Literarias y Artística, Librería Paul Ollendorff, 1909), pp. 228-229.

Por Miguel Collado

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