Por lo regular un país no se daña por pedazos, los efectos colaterales de las cosas que vamos asentando como parte de nuestra realidad repercuten por todas partes.
Casi siempre cuando son hechos punitivos y encuentran en la estructura institucional la cobija de la impunidad, bien por complicidad o por indiferencia.
Es algo que podemos comprobar en distintos ámbitos de la vida nacional. Por ejemplo, los problemas del tránsito, la corrupción y la criminalidad, para sólo citar algunos.
Y en este ambiente es casi imposible encontrar el empoderamiento social. La desconfianza lo carcome todo, porque al final parecería que terminamos frustrados, estafados por los más vivos, asociados con el sector oficial.
