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21 de enero 2026
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OpiniónRamón SabaRamón Saba

Edwin Disla

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RESUMEN

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Nación el 3 de mayo de 1961 en Mao, provincia Valverde. Su nombre completo es Edwin Enrique de Jesús Disla Rojas.

Novelista e Ingeniero civil. Realizó sus estudios profesionales en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde a la vez se integró al Taller Literario César Vallejo, que dirigía el poeta Mateo Morrison. En ese espacio cultural conoció la cimiente de la hoy llamada Generación de Escritores de los años 80. A diferencia de ellos, jóvenes poetas en ciernes en esa época, Disla, por consejos del hoy Poeta Nacional Pedro Mir, decidió convertirse en novelista. Influenciado por el auge de las luchas revolucionarias centroamericanas, dos años después se reveló como escritor, publicando el ensayo Historia de la revolución nicaragüense. El texto fue considerado como el más acabado que sobre Nicaragua y sus luchas sociales había escrito un dominicano. En lo adelante, fiel a sus aspiraciones, escribiría siete novelas y un libro de relatos. En estos textos se notarían las influencias de Juan Bosch y de los escritores del boom latinoamericano, en especial de Mario Vargas Llosa. Trabaja desde hace más de dos décadas en el Instituto Nacional de Aguas Potables (INAPA), primero como encargado de tasación y actualmente como fiscalizador de obras.

En el haber bibliográfico de Edwin Disla nos encontramos con los siguientes títulos de novelas: Un período de sombras, Vida de un tormento (esta fue llevada al teatro e incluida como texto de estudios de la cátedra de historia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. En su última edición pasó a llamarse Morín), El universo de los poetas muertos, Manolo, Dioses de cuello blanco, Jesús de la tierra y Los que comulgaron con el corazón limpio. Como narrador no podía quedarse sin un libro de cuentos que mostrar, por eso incluimos de ese género a Sobre la peste y otros relatos. Su obra ha sido antologada y publicada en diversos espacios de gran valía. Es de suponer que un escritor de su talla y su gran capacidad de trabajo tiene algunos textos inéditos listos para ser editados en cualquier momento. También ha publicado breves biografías en la prensa y en su blog, de Ramón Lacay Polanco, Manuel Mora Serrano, Ramón Marrero Aristy, Miguel Holguín Veras, Mario Vargas Llosa y Poncio Pou Saleta, entre otros.

Edwin Disla ha sido beneficiario de múltiples reconocimientos y premios, entre los que podemos mencionar haber recibido el Premio Anual de Novela Manuel de Jesús Galván 2007 por su novela Manolo, basada en la vida de Manolo Tavárez Justo, reconocido héroe y mártir nacional. También obtuvo este mismo galardón en el 2022 por su novela Los que comulgaron con el corazón limpio.

El crítico Giovanni Di Pietro opina que los personajes de la novela Dioses de cuello blanco de Edwin Disla tienen una definida simbología: “El protagonista femenino de la novela, Josefina, simboliza el país o la patria. Lo mismo va por las otras protagonistas: la Gata, Chabela y hasta la misma esposa del Don y sus muchas amantes. Concomitantemente, Caifás y la Calavera representan el pueblo dominicano. Abraham y Carlos son las clases dirigentes. Cuando desciframos estos símbolos y nos vamos a la trama de la novela, rápido descubrimos lo que, según el novelista, está pasando en la sociedad dominicana. Ya no es una novela acerca de las historias lloronas de ciertos protagonistas, sino más bien una historia acerca del país, su pueblo y sus clases dirigentes. O sea, que una novela que aparenta tratar sólo del tráfico de drogas y la corrupción que resulta de ese negocio, se convierte en una novela que nos habla del país y su destino como se manifiesta en nuestra misma actualidad…”

El escritor Alex Ferreiras expresa que Edwin Disla, el novelista, el intelectual comprometido, se forjó como un militante heredero de las luchas de izquierdas en los escenarios de la Universidad Autónoma de Santo Domingo que habían esperado una redención política y social en el país, y que vieron en Manolo Tavárez Justo como el líder que encarnaba ese rol en aquel momento histórico, pero que al terminar su vida y la de los demás guerrilleros alzados en las montañas en tragedia, él y los de su generación resultaron profundamente desilusionados.

Finalmente, el escritor y director de la Biblioteca Nacional, Rafael Peralta Romero, considera que los dioses de cuello blanco que aparecen en la novela de Edwin Disla son finos y elegantes, viven en mansiones, dirigen empresas, hacen obras de caridad, se retratan con los prelados, tienen esposa y amantes, en unos casos femeninos y en otros masculinos y este autor penetra un bisturí, cual diestro cirujano, a un cuerpo llagado del que brotan miasma y hedor poniendo sus ojos en un punto al que no llegan todas las miradas, pues para ello se requiere agudeza, sensibilidad y valentía.

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un fragmento de la novela Los que comulgaron con el corazón limpio de Edwin Disla:

Poco faltó para que ocasionara la dispersión, en estampida, de la vanguardia. Al líder de los palmeros, como a Virgilio, le cocieron el cuerpo a balazos. Su muerte fue anunciada oficialmente a las cuatro y catorce minutos de la tarde. A esa hora, una parte de los militares peinaba la zona en busca de otros insurgentes, mientras otra, a la que tildarían de cobarde, después de rematar a los cuerpos inermes de Ulises Cerón y de la Chuta, los quemaron con lanzallamas, los golpearon con las culatas y los apuñalaron con las bayonetas, en un frenesí de odio incontrolable. A los cadáveres se les hinchó la piel y sus rostros resultaron casi irreconocibles. A Virgilio, un soldado, de quien se dijo había perdido a un hermano en los enfrentamientos, en venganza le descargó la ametralladora. Luego le agujerearon el cuerpo con las bayonetas, le quemaron el rostro con el lanzallamas y le robaron el anillo de matrimonio y el reloj. Al de Amaury le propinaron culatazos en el ojo derecho, la nariz, la frente y se cansaron de apuñalearlo. Moncho intentó, inútilmente, cercenarle la cabeza con un cuchillo de carnicero como le habían hecho al Che. Aun así, sería el menos maltratado, por tanto, el más fácil de reconocer, contrario a Virgilio, que su madre lo identificó por unas señas que tenía en las piernas, y a la Chuta y a Ulises Cerón, por sus contexturas físicas…

Por Ramón Saba

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