ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
9 de febrero 2026
logo
OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

Educar para la sociabilidad

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Educar para la sociabilidad en todos los niveles educativos e incluso en el hogar, es una de las prioridades esenciales del mundo académico actual y debe estar presente en todo argumento de la pedagogía en estos momentos, en que, a nivel de todo el globo terráqueo la humanidad es agredida por una gran crisis moral y ética. Esta educación enfatizando lo social debe trascurrir mediante un proceso permanente y continuado -con el objeto de producir cambio de actitudes- para iniciar una reconstrucción cultural cuyo destino sea las mejores relaciones entre escuela y familia.

Esta educación debe tener el propósito de acercar a la escuela y a la comunidad.

Debe procurarse, que los egresados de los distintos niveles educativo, esencialmente los egresados de las universidades para ejercer el oficio de profesores, los tendrían que responsabilizarse en formar a los alumnos para la consecución de las mejores relaciones entre la sociedad y el medio ambiente. Porque es necesario armar a la gente común de la capacidad de enarbolar y vivir los valores vinculados con un desarrollo humano amigable al entorno. Que busque con su modo de hacer las cosas y ser persona sustentar principios morales, cuya finalidad básica sea desarrollar actitudes tendentes a salvar al planeta y sus habitantes de mayor vulnerabilidad de las agresiones ambientales -que ellos mismos- como la industria producen en forma sostenible.

Se sabe, que todo ser humano es un ente individual, pero que también es un ser social que existe en una observable y medible dualidad, llena de emotivas acciones y actitudes -entre el individuo y la sociedad- en la que comparte ciudadanía en una convivencia de iguales en derechos y deberes.

A través de la escuela se debe recuperar el valor de la amistad que tanto se ha desvalorado en las últimas décadas. Esto debe ser así, porque para convivir en sociedad es necesario aprender reconocer que todos necesitamos momentos de intimidad, que puede ser compartida con alguien en el cual se confíe como para que sirva de receptor. Alguien que reconozca que el amigo también necesita tiempo para la soledad y la reflexión, en un ejercicio que procura equilibrar su mundo emocional. En este punto el valor de la amistad retroalimenta la existencia de la persona -como ente complejo- que existe para satisfacer el ‘yo’ y para cultivar el ‘nosotros’.

La escuela no debe ser solo enseñante de ciencia, también necesita trabajar el arte de saber existir y la grandeza de la empatía. Las habilidades sociales son producto de los entrenamientos -son educables- porque se van adquiriendo desde la infancia, en un proceso de convivencia y sociabilidad. Es un desarrollo lógico, que a través de las relaciones personales mejora la higiene mental y el pensamiento positivo, alentando la alegría individual y la fraternidad colectiva de los conglomerados.

El papel de la escuela y la familia es esencial en el desarrollo de individuos sociables, porque ambas instituciones son forjadoras del carácter cercano, agradable y poseedor de actitudes que muestran interés en el establecimiento de relaciones interpersonales, empáticas y agradables, que propician convivencia para compartir y vivir los momentos de felicidad que sustentan la vida y construyen remembranzas futuras. Como hemos dicho, las habilidades sociales no vienen con el individuo cuando, ellas se aprenden y se perfeccionan con la práctica, haciendo contacto para lograr relacionarse a través de la amistad o a través de los intereses particulares de cada persona, sin importar la edad.

Para ser sociables se debe procurar serlo con autenticidad, intentando establecer relaciones interpersonales con los que nos rodean física o profesionalmente. El primer requisito -antes de poseer la actitud de socializar- es verse, asimismo, repensarse como alguien a quien debes querer y sonreír.  Relacionarse consigo mismo y establecer mejoras en los propios comportamientos, auto trabajar la tolerancia y saber esperar, son fundamentales en la sociabilidad.

En la prontitud de las últimas décadas del siglo pasado y en las que hemos consumido del presente milenio, la escuela ha olvidado que ante todas las circunstancias y necesidades, ella es una constructora de ciudadanía. Educar para la sociabilidad reclama nuevos escenarios educativos, que se constituyan innovadores en la elaboración de nuestros itinerarios académicos, para que nos ayuden a transformar los procesos áulicos junto a los aspectos tecnológicos, colocándonos cercanos a los demás acompañantes de nuestra vida en comunidad. La actitud dialogante, abierta y flexible a las condiciones del estudiante, nos puede ayudar a construir junto a ellos una ética que nos lleve al trabajo de equipo, en donde la imaginación, la creatividad, el oficio y las técnicas al servicio de los procesos de enseñar y aprender sean caminos de integración al servicio del conocimiento.

Los docentes tenemos que procurar comprender la diversidad de inteligencias, reconocer otros saberes y aceptar lo distintos estilos que se desarrollan para llegar al aprendizaje. El oficio docente es, por demás, un oficio científico, técnico, tecnológico, pero sobre todas las cosas, es un oficio altamente humano que necesita apertura, entendimiento, cordura, comprensión y colaboración. Desde esa visión, debemos trabajar un diseño que potencialice los procesos entre los distintos sujetos, con horizonte amplio, con cabida para el dialogo constante, la comprensión y la aceptación del otro en medio de las diferencias socioculturales, intelectuales y de género.

Debemos convencernos de que la visión docente debe ir hacia la grandeza de la calidad y la pertinencia del conocimiento comprendido a cabalidad. Este debe ser el resultado esperado del trabajo que realiza el profesor, porque el perfil del egresado de cualquiera de los niveles educativos, además de contar con el conocimiento científico, técnico y tecnológico, debe enfatizar al humanismo como eje transversal.

 

Por Francisco Cruz Pascual

Comenta