RESUMEN
En búsqueda de la salud integral
Como un roedor se siente uno delante de esta gigante, Edith Stein, de familia judía, se ha convertido en protectora y guía de almas. Es deber nuestro darla a conocer en mayor extensión. Razón y fe son su bandera, tal como lo hacen los creyentes de madurez y crecimiento personal avanzado. ¿no debe ser esta nuestra meta? Nos referimos al sano matrimonio o compromiso al que aspiramos todos conciliar con nuestra existencia en la unidad equilibrada por la filosofía y espiritualidad.
El mejor pensamiento humano y el mundo del espíritu, es decir, de lo que nuestras capacidades a la par de nuestra pobreza y limitaciones no podrán alcanzar, han de conjugarse para afrontar los desafíos que se dan súbitamente, de forma imparables e inevitables, y que serán nuestro devenir. A esto se le llama la vinculación entre la reflexión y la oración. Esta mujer conjugó todo lo anterior de la manera mas perfecta posible.
Tal como tienen que hacerse las cosas, de manera paulatina, de catedrática universitaria, a católica en búsqueda de respuesta y comprometida como religiosa carmelita, lo que llamamos corrientemente monja o esposa de Cristo. La sed de la verdad no le dejaba quieta. Cultivaba lo que podemos llamar en el ámbito del pensamiento la oración natural. Practica esta que trasciende y confluye con todas las personas de todos los tiempos que requieren de encontrarse con lo mejor del alma humana y de todas las cosas eternas y temporales.
Es importante detenerse y analizar esta actividad común de todo ser humano de la oración natural. Es mas de lo que desconocemos de Dios, que aquello que podemos conocer. Lo mismo podemos decir de las personas y los elementos que componen todo lo orgánico. Edith pudo dar el salto con su conversión al catolicismo al encontrar en sus manos y apropiarla con su vista la obra de Santa Teresa de Jesús por la cual pudo hacer la síntesis perfecta del encuentro entre el ser finito y el ser eterno dado en el Verbo Encarnado, en el hijo de Dios y de María, la Virgen de Nazaret.
No le bastaba entonces la catedra del mundo académico universitario, pionera entre las mujeres, reservado casi en exclusividad a los hombres. La vida matrimonial a la que pudo aspirar y pretendientes tuvo no le era suficiente para los adentros de su alma. Recorriendo “Las Moradas” o su “Castillo Interior” se ve determinada a seguir los pasos de la futura doctora de la Iglesia, la Maestra Universal del Espíritu, Teresa de Avila, como se le llama en los sectores liberales o separados de la Iglesia Catolica. Prefiere desposarse con el que solo es posible alcanzar en esta vida por la simpleza, la entrega y la gracia contenida en el pan nuestro de cada día, fruto del trabajo afanoso y del don divino: Cristo, su esposo, que se le entrega por el sacrificio total de su Cuerpo y de su Sangre.
Ahora, la judía conversa, en tensión con su familia y su antigua religión, la prolífica intelectual y versada expositora de la asignatura de la fenomenología, se dedicará a la Ciencia de la Cruz. De ahí su nombre de profesa esposa de Cristo como carmelita: Teresa Benedicta de la Cruz. Dialoga en todo momento con el Padre Celestial. Acude a la Virgen María como el Templo del Espíritu el sentido de la elección de Dios con sus hijos. Toda la vida del Hijo, su Evangelio ha de traducirse para ella en la propia existencia como realización y expresión plena de su feminidad.
Con la principal preocupación adquirida de permanecer ante el rostro del Dios vivo, recibe de su superiora la encomienda de no descuidar, sino cultivar y potenciar sus facultades naturales, especial la del pensamiento. Debe envolver todo su servicio como religiosa en el monasterio en el trabajo de la reflexión filosófica y ponerla por escrito. Absurdo el abandonar los talentos naturales en pos de una masificación y conformación con estructuras de vida que carecen de alma. El gran peligro de la practica religiosa que no es conducida correctamente.
El asidero de toda actividad ritualistica de culto para con la trascendencia debe ser la solidaridad con todos los hombres. De lo contrario se pierde la consistencia de todo lo creado y su interacción con lo opuesto. Una gran familia es toda la humanidad y su cumbre se encuentra en el Calvario del Señor ha dicho la santa carmelita.
La vida de toda persona tiene que ser constante moldeada. La medida para ello es la capacidad de amar. Los pasos ha de dar son de lo animal a lo racional, y de esto a lo espiritual. En todo encontrar una oportunidad para la bondad y la verdad. La luz de Dios es la que nos permite evolucionar al respecto, y la pauta y referencia es la misma Cruz de Cristo. Es la sabiduría o filosofía que el ser humano busca incesantemente aun sin saberlo. Una ciencia plena que tiene al compartir, al darse y a no exigir retribución por ello.
Dicha ciencia consiste en reconocerse indefensos y a merced de los enemigos encarnizados. Los sufrimientos que provienen de ello podrán afrontarse por los Sacramentos de la Iglesia, la Comunión con el mismo Cristo. El poder de Dios será manifiesto en el vía crucis que nos toca recorrer, y como María tuvo en su vientre a Jesús Eucaristía, no como un océano inmenso, sino a modo de amor personal. Esta manifestación plena de Dios se nos ha confiado. Un secreto escondido a los antiguos y sabios desde antiguo. Las acciones exteriores requieren de transmitir esta vida interior a una comunidad especifica. Para ello existe la Iglesia o lo que es mismo decir en este contexto, la oración.
Canonizada Santa Teresa Benedicta de la Cruz por San Juan Pablo II, el Papa Filosofo, el especialista de la antropología teológica, y declarada Patrona de Europa, nos recuerda que el martirio de esta carmelita junto a su hermana en los campos de exterminio de los nazis es puente que nos vincula y nos salva por recuperarnos el mas alto pensamiento y reflexión, el vínculo entre judíos y cristianos, y nos exhorta a adentrarnos en la vida y obra de esta futura doctora de la Iglesia, a semejanza de Teresa la Grande con:
Nada te turbe, nada te espante
Quien a Dios tiene, nada le falta
Todo se pasa, Dios no se muda
La paciencia todo lo alcanza, Solo Dios basta.
Padre Manuel Antonio Garcia Salcedo
Arquidiócesis de Santo Domingo
El autor es Doctor e Investigador postdoctoral en Teología Católica.
