Podrá mucha gente mirar de frente a sus congéneres, conciudadanos, o no, después de los efectos que de seguro habrán de provocar los poderosos vientos del tan fuerte “huracán Odebrecht” que soplen en el país, y que hasta ahora solo han afectado a algunos encartados, como leves brisas “hamaqueadoras”. ¡Que difícil le será!
Se refiere tal cuestionante a las bocinas solapadoras, defensores pagados, algunos periodistas, comunicadores diversos comprados, y hasta importantes actores dentro del tren judicial local, que no les será posible proseguir en lo adelante con sus labores actuales en tal sentido, debido al gran flujo de informaciones contrastantes que ya han transcendido hasta la opinión pública en general, y que permiten formarse certeros juicios de culpabilidad atribuible al respecto.
Es obvio que, muy pronto los solapamientos de orden, los maridajes políticos, como las cegueras judiciales, en relación con el mayúsculo escándalo Odebrecht, con marcados tentáculos a nivel internacional, y dirección instalada desde Dominicana para las operaciones en otros países de la región caribeña, según se ha dicho, por las permisividades alusivas alegadas que se verifican aquí, tendrán que llegar a su fin. Las verdades solo se pueden esconder por un tiempo; el mismo se encarga más tarde de sacarlas a flote, y pasar las “facturas” debidas.
Por consiguiente, todo luce indicar que les será muy difícil a toda esa gente aludida levantar la frente, a partir a los tantos datos que se han servido desde exterior, en que se incluyen fehacientes evidencias acusatorias asociadas con el funcionariado oficial de esta nación, y con el sector congresual propiamente, en lo referente a los sobornos pagados por la mafiosa empresa brasileña, confesa, como las sobrevaluaciones en las obras públicas que fueran asignadas en su favor.
Y, todo soportado con denuncias sobradas, que aquí han sido manejadas y acomodadas, como siempre, en busca de la impunidad de estilo, contrario ha ocurrido en otras naciones que se incluyen en los mismos actos de corrupción de que se trata, donde los encartados, y no seleccionados, sí que están siendo procesados judicialmente como se debe hacer.
Por cuánto se puede observar, lo que se ha verificado en Dominicana es un orquestamiento embaucador, con los propósitos de siempre: tapar a los verdaderos culpables, por lo que muy pocas esperanzas alentadoras de que se haga real justicia, en el sentido de administración y aplicación, en lo referente al caso de que se trata, se pueden tener, como bien lo expone el señor Eusebio Rivera Almodóvar, en un trabajo que publicara en el medio “HOY”, en su edición de fecha 26-7-17, bajo el título “Cuando la entrada es la salida”.
Así lo señala el articulista, y con sobrada razón, por lo que se aprecia: “el Ministerio Público entro en un laberinto que aparenta no tener salida y se observan peligrosos presagios de que el resultado final podría ser otro memorable “no ha lugar”. ¡Son famosos ésos, cuando de procesar judicialmente a políticos nacionales se trata!, cabría agregar.
Evidentemente, nada de lo ocurrido ha sido casual. Las debilidades e inobservancias en el expediente acusatorio preparado por la Procuraduría General de la República, según los expertos, con que tuvieron que trabajar los jueces designados para conocer luego sobre los recursos de apelación incoados, cuyos defectos sirvieron de base para cambiar las medidas la coerción impuestas en principio a los supuestos implicados en los sobornos de Odebrecht, todo lo explica bien claro, y deja en un limbo el mayúsculo caso, que difícilmente se pueda superar en lo inmediato.
Por el momento eso no va a pasar de ahí, tal lo presupuestado. Los ventarrones obvios vendrán después, al igual que los desenmascaramientos obligados de tantos personajes, acusados, y defensores bocinas, cuando opere en este país una verdadera justicia; cuando todas las verdades envueltas en ese gran escándalo internacional salgan a relucir sin tapujo alguno. O, de lo contrario, cuando este pueblo se empodere y reclame con la firmeza debida, usando la violencia de ser necesario, el fin de la impunidad en Dominicana.
