RESUMEN
La semana pasada me referí a la teoría de la acción educadora de la sociedad como la segunda parte de un trípode expuesto por la Pedagogía Social para enfrentar la complejidad de la educación en forma holística. En esta ocasión quiero referirme a la tercera pata del trípode, vista como concepción que enfatiza a la Pedagogía Social como doctrina de la beneficencia pro infancia y juventud. Esta doctrina es asumida para la atención a problemas fundamentales o esenciales del individuo como particularidad, pero, también asume problemas sociales en sentido global, siempre y cuando puedan ser trabajados desde la educación, bajo responsabilidad directa de la sociedad como organismo vivo y organizado para alcanzar sus fines.
La Pedagogía Social, como visión crítica del ámbito educativo llega a la necesidad de aprehenderse de doctrina de la beneficencia pro infancia y juventud, debido a la masificación de las zonas urbanas como fenómeno fundado en la migración desde las zonas rurales hacia las ciudades convirtiéndose –éstos ciudadanos- en trabajadores de jornadas obreras diversas. Desde esa realidad en la sociedad se complejiza la vida familiar, porque los padres deben trabajar ambos y los hijos sufren su ausencia en su calidad de vida y formativa en el componente de los valores que impone la crianza básicamente de la madre, que deja de estar las 24 horas, los 7 días de la semana con los niños, adolescentes o jóvenes. El problema no se quedaba en la relajación de estos vínculos familiares sino que agravó las diferencias sociales en forma acentuada, a lo que se sumaba una escuela con mucha deficiencia, acentuando la pobreza y fomentando la delincuencia exponencialmente. Aunque esté lejos en el tiempo de su aparición original, es una concepción vigente en la actualidad en la sociedad dominicana.
La sociedad de hoy necesita de la Pedagogía Social para enfrentar fenómenos conflictivos de la sociedad actual, agravados a través del tiempo y las deudas sociales acumuladas por la ineficacia estatal. La Pedagogía como ciencia pura necesita de la Pedagogía Social y sus instrumentos de combate a las penurias sociales perennes en la geografía nacional, ella puede ser una verdadera ayuda que aporte soluciones para cubrir las deficiencias sociales, con miras a encarrilar el desarrollo humano y el perfeccionamiento ciudadano.
Es tiempo de recurrir a la Pedagogía Social para enfrentar cuestiones puntuales como por ejemplo, la necesaria prevención de la delincuencia, con la debida consecuencia a los comportamientos incluyendo la rehabilitación; la humanización de los tribunales y correccionales para niños, adolescentes y jóvenes menores de edad; salvaguardar los derechos de los menores, haciendo realidad el castigo al empleador de menores y a los padres de familia que abandonen o descuiden a sus hijos menores de edad. Es que la Pedagogía Social puede ser una herramienta eficaz para trabajar sobre la asistencia moral y material de niños, adolescentes y jóvenes abandonados; la educación de adultos y la erradicación del analfabetismo, el que como lacra acrecienta la marginación social.
Otro aspecto importante en que puede ayudar la Pedagogía Social es en la protección especial como derecho particular de la protección integral del individuo como compromiso de política social.
Esta política de protección integral debe comprometer a la sociedad para exigir al Estado acciones y políticas globales para asegurar el derecho a la supervivencia, al desarrollo personal y social, a la integridad y a la participación, prestando particular empeño en la formación de la estructura de protección especial para las situaciones de mayor vulnerabilidad en que se encuentran grandes cantidades de ciudadanos, en especial niños y jóvenes adolescentes. La Pedagogía Social puede ayudar a concretizar esta aspiración, para caminar hacia la concretización de esta esperanza de protección integral, hasta lograr la articulación de todas las acciones de la “cosa pública” y de la sociedad para garantizar los derechos a todos los ciudadanos y en especial a los niños para el goce a plenitud de sus derechos.
La Pedagogía Social puede servir de piedra angular para iniciar cambios culturales específicos y necesarios para el progreso social individual y colectivo, ayudando a asumir responsabilidades para iniciar transformaciones en la ciudadanía, respecto a la dialéctica de la sociedad y a la evolución de sus condiciones materiales de existencia. Pero, también en la participación progresiva en la sociedad que les ha relegado, provocando desidia y apatía respecto al entorno. Por último, Pedagogía Social puede contribuir -a través de esta tercera conceptualización denominada doctrina de la beneficencia pro infancia y juventud- con el rescate del valor de la solidaridad social, aquella que debe estar comprometida con la orientación de las acciones más adecuadas para el ejercicio eficaz de los derechos que tienen los ciudadanos, aquellos considerados de carácter universal y los considerados de protección especial, como son los casos de niños, adolescentes, jóvenes menores de edad y adultos vulnerables.
Francisco Cruz Pascual
