RESUMEN
Querido Niño Jesús:
Esta Navidad no vengo a pedirte cosas materiales. Vengo a agradecer y a reflexionar.
Vivimos tiempos de mucho ruido, de pantallas encendidas y corazones cansados. Estamos informados de todo, pero conmovidos por poco. Hemos normalizado la prisa, la violencia y la indiferencia, como si fueran parte inevitable de la vida. Y no lo son.
Hoy, más que nunca, necesitamos cambiar el chip.
Gracias por la vida, por la familia, por el trabajo que dignifica y por las oportunidades que nos permiten crecer. Gracias también por los días difíciles, porque nos obligaron a detenernos, a respirar y a reenfocar lo verdaderamente importante.
Este año, como sociedad, atravesamos situaciones que nos recordaron una verdad esencial: nuestra humanidad se mide en cómo cuidamos lo más frágil, no en cuántos recursos acumulamos. Te pido que quienes gobiernan recuerden que detrás de cada decisión que toman hay personas, familias e historias reales; que no somos números, expedientes ni estadísticas, sino seres humanos que sienten, esperan y confían.
Te pido por quienes están agotados, por quienes sienten miedo o han perdido la esperanza o la fe en las personas. Que esta Navidad nos devuelva la empatía, la capacidad de escuchar y el valor de mirar al otro como otro yo, antes que como un trámite más.
Enséñanos a priorizar lo esencial sobre lo urgente, a comprender que el verdadero progreso no se mide solo en cifras, sino en la forma en que tratamos a los demás. Que aprendamos a vivir con más equilibrio, más humildad y más responsabilidad emocional y social. Que cada decisión, grande o pequeña, nazca de una conciencia humanizada, capaz de sentir y de actuar por el bien común.
Que en cada hogar haya paz, que en cada familia haya unión y que, aun en medio de las dificultades, no se apague la esperanza. Ayúdanos a recordar que cambiar el mundo comienza por cambiar el corazón.
Que esta Navidad sea una pausa necesaria para volver a sentir, volver a creer y volver a ser mejores.
Y que el legado del Papa Francisco, hoy recordado con gratitud, nos siga inspirando a ser puentes y no muros, y a construir juntos una sociedad más humana.
Amén.
