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20 de enero 2026
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OpiniónFrancisco Rafael GuzmánFrancisco Rafael Guzmán

Diógenes Céspedes y la Conciencia Social: Las Peras no vienen del Olmo

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RESUMEN

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En el suplemento Areíto acaba de publicarse un artículo de Diógenes Céspedes, el cual lleva el título: Las Memorias de  Brunilda Amaral. En el mismo, el autor hace una suerte de apología de la obra de Brunilda, la cual (publicada por el Archivo General de la Nación) no la conozco aun. Sin embargo, esto no es óbice  para que pueda opinar sobre el artículo y el análisis del contenido de la misma que hace el sapiente escritor.

Se hace referencia a lo que podemos llamar división sexual del trabajo y de una distribución de las tareas entre las mujeres por las clases sociales o estratos  o fracciones de estas, durante La Guerra de Abril. Se hace referencia a Emma Tavárez Justo y a las obras de otras autoras. Se pretende justificar la tesis de la llamada Falsa Izquierda de Jimenes Grullón, que objeto de cuestionamiento por Luis Gómez Pérez.

Creo que si Brunilda dice que las tareas más difíciles se les asignaban a las mujeres más pobres es justo su cuestionamiento, respecto a la injusta división técnica del trabajo femenino, como también lo sería la división sexual del trabajo. En una guerra, si es una guerra justa como lo fue la de Abril,  no tienen por qué sólo ser las mujeres las que cocinen, laven ropa, atiendan a los heridos y que dichas labores en igual proporción no la hagan los hombres también; no tienen porque las mujeres ser ignoradas en la dirección del evento, en los comandos.

Ahora bien, yo le hago a Diógenes Céspedes la siguiente pregunta: ¿Cuál era el estado de la conciencia social de muchos dominicanos en Abril? ¿Acaso todavía en Abril y mucho  no era muy reciente para que pesaran tanto los valores de una era de tanto oscurantismo como la Era de Trujillo  No le pidamos peras al olmo?

La gente que viene de familia con abolengo o que procede de una familia con ascendencia de la aristocracia. Según deja ver el autor, él comparte la tesis de Juan Isidro Jimenes Grullón en los finales de los 70 y principios de los 80 de que la izquierda dominicana había sido una izquierda falsa. Juan Isidro pudo haber tenido razón en algunos cuestionamientos que hacía a la izquierda dominicana, pero la vehemencia con que lo hizo  restó mucho valor a la misma.

El  humanismo de Don Juan Isidro no es cuestionable, pero exigió demasiado de los sujetos que formaron parte de nuestra izquierda, cuando nuestro pasado gravitaba mucho sobre el presente de los años 70 y 80, y todavía gravita en el presente actual. Un ex-dirigente de izquierda, hoy en un partido que no es de izquierda, preso en  Los Doce Años se indignaba en ese período de que les metían homosexuales en las celdas de los presos políticos y hoy defiende  la tolerancia de los homosexuales.

Si se trata de denostar a la izquierda y las ideas de izquierda porque no se cree en la justicia social,  la mejor manera de hacerla es decir yo no creo en las ideas de la izquierda  y defender abiertamente la libertad de mercado y el neoliberalismo que tantos pobres genera. Actuar como Carlos Alberto Montaner y como Vargas Llosa, pero no pretende que una verdadera justicia social y la superación de tantas desigualdades sociales sólo podrán ser superadas en proceso de largo plazo. Una sociedad muy igualitaria no puede ser tan fácil de alcanzar, pero por ello no debemos denostar a los sujetos que han protagonizado importantes hechos en eventos trascendentes.

Por qué no analizamos en todo el sombrío proceso de contrarrevolución política que se vivió durante el período de Los Doce Años, antes de denostar a los sujetos sociales protagonistas. No debemos remenear los huesos de muertos que tuvieron un poco de dignidad, entiendo a Teresa Espaillat, cuando en su libro se refiere a la conducta de Emma cuando se arreglaba el pelo en la guerra, que no hace denuestos de ella en realidad.

Esa era Emma, la que venía de una familia con antecedentes parecidos a los de Las Mirabal. Tenía que ser y no de otro modo que quienes se enfrentaran a Trujillo, quienes se enfrentaran protagónicamente contra los Trujillo tenían que ser algunos sujetos familias acomodadas. Pensar de otro modo es no entender la relación entre el ser y el pensar, con tanto oscurantismo en La Era de Trujillo. Sólo los hijos de familias acomodadas y a la vez desafectas algunas de ellas  al régimen (algunas de ellas afectadas  por un proceso de acumulación originaria) podían no estar  tan alienados y en consecuencia rebelarse y aspirar a un estado donde imperara un poco de justicia social.  Esa situación todavía pesaba en la Guerra de Abril y siguió pesando durante más tiempo, aún hoy día.

Es la herencia de la dictadura la que pesó en los sujetos de la Guerra de Abril y todavía sigue pesando en los sujetos de hoy día, en menor medida. Esos sujetos, diferentes uno de otros hasta cierto punto en sus estados de conciencia social, no podían aspirar a un estado tan igualitario porque esos sujetos tenía una vida llena de vivencias, vivieron durante la dictadura aunque fueran muy jóvenes. Ni en los países del socialismo real los sujetos han vivido en una sociedad tan igualitaria, aunque debió y debería ser más igualitaria de lo que fue en los países socialistas que colapsaron y de lo que todavía es en los países socialistas que todavía quedan.

Es cierto que la mujer ha sido relegada, pero no podemos por ello denostar a los sujetos de Abril y ni denostar a los sujetos que hoy aspiran a un mundo más justo. Hasta en tiempo de Jesucristo, según La Biblia, jugaron un papel importante, porque fueron ellas y no los hombres las que fueron a la tumba de Jesús. A la caída de Trujillo, las primeras en salir protestas en San Francisco de Macorís contra los Trujillo fueron las mujeres y no los hombres, según declaraciones de Vincho Castillo.

Durante el gobierno del Triunvirato las primeras en salir a las calles movilizándose para reclamar el retorno a la democracia fueron las mujeres y no los hombres, sobre todo desde  la calle 30 de Marzo, próximo al Palacio Nacional. Ahora bien, no se entiende que fueran ellas y no las primeras en salir, bajo un régimen que conculca las libertades régimen los hombres son más el blanco de los ataques de la represión y la sevicia.

Si creemos en que la sociedad deber más justa y debe ser lo más igualitaria posible, la mejor manera de luchar para que eso sea posible no es denostando a los sujetos que han sido  emblemáticos en la historia. Necesariamente tenían que ser sujetos de las capas medias y de la pequeña burguesía los que participaran en todo el proceso de luchas sociales después de Trujillo, principalmente, actuando estos sujetos como fuerza motriz principal en La Guerra de Abril atrajeran a otros sectores sociales, incluyendo a la clase trabajadora que había comenzado a organizarse, incluso también a escasos sujetos de la burguesía y de la clase terrateniente que se disgustaron con el régimen de Trujillo y luego con el Triunvirato.

No fue la clase obrera la fuerza social motriz principal, más bien  la pequeña burguesía y las capas medias fueron la fuerza social motriz principal y actuaron como una si fueran fuerza centrípeta que atraen hacia su centro a otras fuerzas sociales  en La Guerra de Abril, ya que no era lo suficientemente fuerte el proletariado y todavía no tenía una amplia conciencia de clase para sí, excepto en los trabajadores del Central Romana y en los trabajadores de POASI. A la pequeña burguesía (pequeños propietarios)  y a las capas medias no podemos pedirle que nieguen tan fácilmente su extracción social, pero  no puede haber un Estado de la pequeña burguesía. No se le puede pedir peras al olmo.  Santo Domingo del 65 no es la Rusia de 1917, ya que el proletariado industrial de San Petersburgo tenía una fuerte conciencia de clase.

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