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16 de marzo 2026
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OpiniónYSAÍAS JOSÉ TAMAREZYSAÍAS JOSÉ TAMAREZ

Dinero rápido y fama digital, la tentación criminal de la Generación Z

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RESUMEN

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En los últimos años, diversos analistas de seguridad pública y criminológica han comenzado a observar un fenómeno preocupante, la participación creciente de jóvenes pertenecientes a la llamada Generación Z en actividades vinculadas a la criminalidad o multicrimen en todas sus manifestaciones (robos, asaltos, falsificaciones, ciberdelitos, distribución de drogas narcóticas, trata de seres humanos, secuestros y homicidios). Aunque este fenómeno no define a toda una generación, sino una minoría muy importante para la seguridad ciudadana, ya que sí revela cambios culturales y sociales profundos que merecen ser analizados con detenimiento.

La Generación Z es la primera que ha crecido completamente inmersa en el entorno digital (nativos tecnológicos), redes sociales, plataformas de video, comunidades virtuales y economías digitales forman parte natural de su vida cotidiana. Esta hiperconectividad ha transformado la forma en que los jóvenes se relacionan, construyen identidad y perciben el éxito. Sin embargo, también ha introducido nuevas presiones sociales que pueden influir en decisiones de alto riesgo.

Uno de los factores más influyentes es el consumismo digital. Las redes sociales multiplican la exposición a estilos de vida asociados con riqueza inmediata, vehículos de lujo, ropa de grandes marcas, relojes costosos, viajes frecuentes y una vida aparentemente reservada a élites económicas. Influencers, celebridades digitales y perfiles de alto impacto proyectan imágenes de prosperidad que muchas veces no reflejan los procesos reales detrás de ese éxito.

Para algunos jóvenes, esta exposición constante genera una percepción distorsionada del progreso social. La comparación permanente con otros perfiles puede provocar frustración, presión por alcanzar estatus económico rápidamente y baja tolerancia a los procesos tradicionales de ascenso social, como la educación, la trayectoria del trabajo progresivo o el emprendimiento a largo plazo.

En ese escenario emerge lo que algunos analistas denominan economía criminal de oportunidad. Se trata de la participación en actividades ilícitas que prometen ingresos rápidos y visibilidad social, grandes motivaciones para cometer delitos de robos organizados, fraudes digitales, estafas electrónicas, microtráfico de drogas, extorsión digital o participación en estructuras criminales organizadas que operan principalmente en entornos tecnológicos.

Las redes sociales no solo influyen en las aspiraciones económicas, sino también en la normalización de ciertas conductas. La difusión de contenidos que glorifican la violencia, el dinero fácil o el desafío a la autoridad puede generar efectos de imitación, especialmente en adolescentes que aún se encuentran en procesos de construcción de identidad.

Otro elemento determinante es la búsqueda de reconocimiento social en la lógica digital contemporánea, es que la visibilidad se ha convertido en un valor, los “likes”, cantidad de seguidores y reacciones funcionan como indicadores de estatus. En algunos casos, conductas de riesgo o incluso delictivas se transforman en contenido destinado a ganar notoriedad dentro de comunidades virtuales.

En este contexto, cuando estas condiciones se combinan con la presión cultural del consumo inmediato y la visibilidad digital, se crea un entorno donde la criminalidad puede percibirse como una vía rápida para alcanzar reconocimiento económico y social.

Las consecuencias de este fenómeno son profundas. La incorporación temprana a economías criminales aumenta la probabilidad de reincidencia, exposición a violencia letal, conflictos con estructuras criminales mayores y procesos judiciales que pueden marcar el futuro de estos jóvenes de manera irreversible.

Desde la perspectiva de la seguridad pública, el desafío consiste en comprender este fenómeno en toda su complejidad. Las respuestas exclusivamente punitivas suelen ser insuficientes si no se acompañan de políticas preventivas que aborden las causas estructurales.

Como siempre establezco en artículos relacionados, los estados deben invertir en educación digital crítica y focalizada, programas de empleo juvenil, oportunidades de emprendimiento, acompañamiento psicológico y fortalecimiento de comunidades resulta esencial para ofrecer alternativas reales frente a la economía criminal.

La participación de algunos jóvenes de la Generación Z en actividades ilícitas no define a toda una generación, pero sí revela tensiones profundas entre expectativas sociales, realidades económicas y transformaciones culturales aceleradas. Comprender estas dinámicas no significa justificar el delito, sino reconocer que la prevención efectiva exige mirar más allá de la conducta visible y analizar los factores que la originan. Porque en una era dominada por la inmediatez digital, el verdadero desafío para nuestras sociedades será demostrar que el éxito legítimo sigue siendo más valioso que la riqueza rápida construida sobre el delito.

 

Artículo de investigación y análisis,

Escrito por: Lic. Ysaias J. Tamarez,

En fecha 16/03/2026.

 

 

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