EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- La extraña desaparición de los esposos Luis Miguel Jáquez y Elizabeth Almarante, en La Guáyiga, es uno de los casos más complejos y difíciles que ha manejado en los últimos años la Policía Nacional. Y es tan complejo y singular por más de una razón: primero, hay cámaras en la casa del rapto, pero no sirven, y por esto tienen que revisar otras cámaras; segundo, los esposos no tenían mucho tiempo conviviendo, aunque son del mismo barrio; tercero, el mutismo sellado de los vecinos.
Esta información, ‘calientita’ y sacada de una fuente orgánica, fue confiada a El Nuevo Diario por uno de los principales afectados por el doble secuestro.
El caso es tan relevante y atroz que Luis Miguel Jáquez se ha convertido, de repente, en una de las personas más buscadas en el país. Es un individuo inquieto y un comerciante dinámico, que no solo tiene un negocio de embutidos, sino que es socio de otro en una farmacia y estaría involucrado en ciertas actividades. Habla inglés fluido y es muy atento con sus niños, de 6 y 3 años.
Su joven esposa, Elizabeth, de 24 años, es licenciada en Química y educadora. Decente y serena. Cada vez que podía atendía el negocio de los embutidos, y también trabajaba con un tío que es merenguero. Ella le daba soporte administrativo al artista y participaba en fiestas privadas con él.
Ambos son de La Guáyiga. De hecho, ella nació y se crió en la localidad, y es ampliamente conocida allí. Lo mismo Luis Miguel. Los dos están desaparecidos desde la siniestra madrugada del martes, cuando temibles individuos penetraron armados a su vivienda y robaron tablets, celulares, electrodomésticos, dinero en efectivo y otros bienes.
Los investigadores aún están «oscuros»: es poco lo que saben hasta ahora. Todo lo que han encontrado en la vivienda es una nutrida cantidad de papeletas, proyectiles, sellos gomígrafos, tarjetas de banco, una laptop y chequeras bancarias.
Silencio impenetrable
La gente no quiere hablar del caso, aunque algunos vecinos hubieran escuchado y visto la escena violenta que ocurrió al producirse el doble y terrible secuestro.
Los robadores-raptores conocían muy bien a su principal víctima, Luis Miguel, y se lo llevaron acompañado de su pareja. En la casa dejaron dos niños. La saña era con ellos.
Él y ella no tienen tantísimo tiempo tratándose, pero se conocieron y tejieron una intensa y apasionada relación íntima. Se mudaron donde la maldad no pudiera alcanzarlos, pero lo suficiente y relativamente cerca del negocio de embutidos y de los lugares en que Elizabeth ejerce sus labores.
Nadie quiere hablar. El silencio voraz de la gente dispara las preocupaciones familiares y alimenta el morbo popular. Miguelina Rodríguez, la preocupada madre de Luis Miguel, de 32 años, dice que su hijo no tenía problema alguno con nadie, e hizo notar que la vivienda no estaba violentada.
Una prueba de fuego
La Policía enfrenta una nueva prueba de fuego, con un caso que está desafiando la capacidad científica de la institución y su sonado proceso de reforma orgánica. Es una gran oportunidad de demostrar eficacia policial.
El caso está en sus manos y, aunque por el momento no sepan mucho de lo ocurrido, tendrán que empeñarse a fondo para llegar al fondo de lo sucedido y descubrir a los responsables del doble rapto. La esperanza es que los esposos aparezcan vivos y sanos, y que algún día puedan contarlo y hablar de una nueva hazaña de la transformada Policía.





