RESUMEN
Borrar el ruido del mundo es el antídoto de Dios para el estrés
“Jehová es mi pastor; nada me faltará” Salmo 23:1.
Vivimos en una época saturada de ruido. No se trata solo del sonido físico, sino de un ruido interior constante que invade la mente y el corazón: la preocupación. Ese murmullo incesante se disfraza de responsabilidad, de prudencia o de previsión, pero en realidad termina robándonos la paz, distorsionando nuestra fe y apagando la voz de Dios en nuestra vida diaria. El Salmo 23 comienza con una declaración radical de confianza que confronta directamente la cultura del estrés: “Jehová es mi pastor; nada me faltará”. No es una frase poética para momentos de calma, sino una afirmación de fe diseñada para los días de presión, incertidumbre y miedo.
La preocupación no solo cansa el cuerpo, también nubla el alma. Cuando el ruido interior aumenta, la voz del Pastor se vuelve difícil de discernir. Dios nunca deja de hablar, pero muchas veces nosotros dejamos de escuchar. Por eso, derrotar la preocupación no comienza cambiando las circunstancias externas, sino aprendiendo a bajar el volumen del mundo para volver a sintonizar la frecuencia de Dios.
Aceptar a Dios como Pastor implica algo más profundo que una confesión verbal. Es una decisión de gobierno interior. Es reconocer que no somos los directores absolutos de nuestra vida. Es levantarnos del asiento del conductor y decirle al Señor: hoy tomo el asiento de atrás, te entrego mis ansiedades, baja el volumen del miedo y decido vivir bajo tu ritmo de gracia.
Confiar en el productor
Toda historia tiene un productor. Es quien financia, sostiene y garantiza que el proyecto llegue a buen término. En la vida, Dios no solo es Pastor, también es el Productor soberano de nuestra existencia. Cuando el salmista declara que nada le faltará, no está negando las dificultades, sino afirmando que hay una provisión superior que gobierna incluso en medio de ellas.
La preocupación nace cuando olvidamos quién sostiene el proyecto de nuestra vida. Jesús lo expresó con claridad cuando dijo: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta” Mateo 6:26. El problema no es la falta de recursos, sino la falta de confianza. Cuando confiamos en el Productor divino, descansamos en la certeza de que Él sabe lo que necesitamos antes de que lo pidamos.La fe no elimina la responsabilidad, pero sí elimina la angustia. Proverbios 3:5 nos exhorta diciendo: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”. Apoyarnos exclusivamente en nuestra prudencia es una carga demasiado pesada para el alma humana. Dios nunca nos diseñó para cargar solos con el peso del mañana.
Seguir al director oyendo la voz del pastor y siguiéndola
En toda producción hay un director que marca el ritmo, las entradas y las salidas. El Salmo 23 no presenta a un Pastor distante, sino a uno que guía activamente. “Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre” Salmo 23:3. La guía divina no es caótica ni confusa, pero requiere atención y obediencia.
Jesús afirmó: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” Juan 10:27. El orden es importante. Primero oír, luego seguir. La preocupación interrumpe ese proceso. Cuando el ruido interior es demasiado alto, confundimos la voz del Pastor con las voces del temor, de la prisa y de la presión social.
Seguir al Director implica confiar en el ritmo que Él establece. Muchas de nuestras ansiedades surgen porque queremos adelantar escenas, controlar el guion o reescribir el final. Sin embargo, Isaías 30:21 nos recuerda: “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él”. Dios sigue hablando, pero el corazón ansioso tiene dificultades para escuchar.
Bajarle el volumen al mundo
El mundo vive acelerado, ansioso y saturado de información. Esa saturación alimenta el afán. La Escritura nos advierte claramente sobre sus efectos. Filipenses 4:7 declara: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. La paz de Dios no es el resultado de entenderlo todo, sino de confiarlo todo.
El afán constante es, en el fondo, una forma de ateísmo práctico. No porque neguemos a Dios con palabras, sino porque actuamos como si Él no estuviera en control. Jesús fue directo cuando dijo: “No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán” Mateo 6:34.
El afán intenta ocupar el lugar que solo Dios puede ocupar.
El apóstol Pedro lo expresó de manera pastoral y liberadora: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” 1 Pedro 5:7. No se trata de repartir la carga, sino de entregarla completamente. Muchas veces la ansiedad nace del deseo de controlar lo que solo Dios puede controlar. Queremos dominar el futuro, las decisiones ajenas y los resultados, y al no lograrlo, el corazón se llena de tensión.
Vivir un día a la vez
Dios nunca nos prometió la fuerza para cargar con todos los días al mismo tiempo. Nos prometió gracia diaria. Jesús enseñó a orar por el pan de cada día, no por el pan de toda la vida. Vivir un día a la vez es un acto profundo de fe y humildad.
La tensión acumulada no solo afecta nuestra relación con Dios, también daña nuestras relaciones humanas. La preocupación constante nos vuelve irritables, impacientes y emocionalmente ausentes. Proverbios 12:25 dice: “La congoja en el corazón del hombre lo abate; mas la buena palabra lo alegra”. El estrés no tratado envenena la personalidad y roba la capacidad de disfrutar la vida y a las personas que Dios nos ha dado.
Cuando aprendemos a descansar en el Pastor, la vida recupera su equilibrio. Salmo 23:2 afirma: “En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará”. El descanso no es un premio por haberlo resuelto todo, es un regalo para quienes confían.
Derrotar la preocupación no significa negar la realidad, sino enfrentarla desde la fe. Es decidir conscientemente borrar el ruido del mundo para volver a escuchar la voz de Dios. Es aceptar que Él dirige mejor nuestra vida de lo que nosotros jamás podríamos hacerlo. Hoy podemos decir con confianza: Señor, tomo el asiento de atrás, te entrego mis ansiedades, baja el volumen del miedo y decido vivir bajo tu ritmo de gracia. Y cuando Él es nuestro Pastor, realmente nada nos faltará.
Notas tomadas de la predica del Pastor Fernando Ramírez
Iglesia Casa del Padre para las Naciones.
Por: Javier Dotel.
El autor es Doctor en Teología.
