En el contexto actual los derechos humanos han dejado de ser una categoría abstracta para convertirse en un principio rector de las tomas de decisiones. Su integración transversal en las políticas del Estado no solo fortalece la institucionalidad democrática, sino que redefine la manera en que un estado se proyecta ante el mundo, ,tal como lo establecemos en nuestra obra “reflexiones sobre derechos humanos”.
En tiempos donde la legitimidad internacional se construye tanto con cifras como con valores, el respeto y la promoción de los derechos humanos se han vuelto esenciales para consolidar una marca país creíble, ética y competitiva.
La política pública orientada por los derechos humanos implica más que el cumplimiento formal de tratados internacionales, significa una transformación profunda en la forma de gobernar: desde el diseño de programas sociales hasta la ejecución presupuestaria, cada decisión debe responder al principio de dignidad humana, o sea la promoción y defensa de los Derechos humanos del estado como sujeto pasivo responsable del respeto, difusión y tutela de los derechos, representan una nueva forma de coherencia institucional, Cuando el Estado coloca los derechos humanos en el centro de su gestión, no solo protege a los más vulnerables, sino que también fortalece su legitimidad ante la sociedad y el concierto de naciones.
En este marco, la marca país deja de ser una estrategia de mercadeo y se convierte en una expresión de principios. Un país que respeta los derechos humanos proyecta estabilidad, confianza y compromiso ético. Esto incide directamente en la atracción de inversión extranjera, en la promoción del turismo responsable y en la apertura de espacios de cooperación internacional.
La República Dominicana tiene ante sí una oportunidad histórica y de hecho hasta geopolítica: consolidar una diplomacia humanista que la posicione como referente positivo en materia de Derechos Humanos . Para ello, es fundamental que la política interna y la proyección externa estén alineadas en torno a los derechos humanos. Esta coherencia no solo amplifica el poder blando del país, sino que fortalece su capacidad de incidir en las agendas globales, pasando de la geopolítica a la geoestrategia de los Derechos Humanos.
En definitiva, los derechos humanos no son un complemento de la política pública, sino su columna transversal, que redefine la cohesión social y la imagen que proyectamos al mundo. En un escenario internacional cada vez más exigente, la República Dominicana debe construir su marca país sobre la base de principios, no solo de indicadores sino de respeto y promoción de derechos humanos
Por Juan Manuel Morel Pérez
Abogado, Magister en Seguridad y Defensa Nacional, Especialista en Derechos Humanos y Derecho Internacional humanitario, doctorando en derecho Administrativo iberoamericano, Coordinador del Observatorio de Seguridad y Defensa-RD
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