RESUMEN
“Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza”
-Romanos 5:3-4
“Y, después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables”
– 1 Pedro 5:10
El sufrimiento cumple varios propósitos en nuestras vidas entre ellos fortalecer nuestra personalidad, hacernos entender que somos seres espirituales teniendo experiencias humanas, rediseñar nuestro sistema de creencias, cambiarnos, renovarnos o simplemente decirnos que crecer duele.
Pero la mayor lección de todas es mostrarnos el amor de Dios el cual se manifiesta en el momento en que más solo, necesitado y abandonado estas por el entorno que te daba seguridad.
Y es en el momento que más vulnerable estás, cuando ya nadie quiere estar contigo, cuando ni tu mismo quieres estar contigo, que la misericordia de Dios se manifiesta y te revela cuánto te ama, dándote su amor sobrecogedor y conmovedor, ese que sobrepasa todo entendimiento.
Ese amor de tu Creador hace que después de sentirte desechado, te restaures primero por dentro y después por fuera hasta convertirte en piedra angular, con tanta llenura y plenitud que el Espíritu Santo te hace entender que tu única dependencia es de Dios
El sufrimiento viene a decirnos que no tenemos el control de nada y menos de nuestras vidas como pensamos en estos tiempos donde la tristeza le está ganando la batalla a la alegría producto de una crisis espiritual sin precedentes, al punto de que ya se empieza a hablar de que vivimos una era poscristiana.
El tema es que a nadie le gusta sentirse débil en ningún sentido, sin embargo, el sufrimiento llega para mostrar nuestra propia vulnerabilidad y nos recuerda que no tenemos fortaleza alguna porque somos seres completamente dependientes.
El problema está en que nos negamos aceptar esa realidad y peor es cuando ponemos nuestra dependencia en personas y en cosas con fecha de caducidad.
Y aquí quiero parafrasear al autor Paul David Tripp cuando señala con palabras más, palabras menos, que «el sufrimiento duele tanto porque mata todo aquello que nos da seguridad fuera de Dios».
Por eso es que si te encuentras en una posición de vigor, fuerza, juventud, ánimo de corazón, fortaleza de espíritu y privilegiada posición económica, social y profesional, sepas que la mesa se puede virar en cualquier momento y te cuestiones en qué estás poniendo tu seguridad y en cómo te has preparado para afrontar la pérdida de dicha seguridad.
Salida
Es por lo que se hace imperativo poner toda nuestra dependencia emocional en Dios ya que fue Él quien, sin tu pedirlo, te dio la vida y por vía de consecuencia, te suple en todas tus necesidades hasta que te sobreabunde, dado que la responsabilidad de tu vida no recae sobre ti, sino en Aquel que te dio la dio, por consiguiente sólo tienes que confiar y esperar, que sola no estás.
En ese sentir hay que verlo como Pablo lo hizo en momentos de debilidad espiritual y aflicción corporal, cuando escribió al referirse a Jesucristo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.
En ese orden es bueno entender que el poder de Dios empieza precisamente donde termina el de nosotros por lo que depender de cosas materiales es comprar sufrimiento el cual se manifiesta cuando esas cosas son amenazadas o se nos van de las manos.
De manera que acostumbremos a ponernos de rodillas para dar gracias de corazón en todo tiempo que estemos viviendo, ya sea bueno o malo, entendiendo que lo mejor está por venir y que Dios cuida de ti mejor de lo que tu mismo pudieras hacerlo.
Sin embargo, es bueno entender que el depender de Dios no es una confianza que se logra de la noche a la mañana, es una confianza que se va construyendo como se cultiva una relación interpersonal, como si de ejercitar un musculo habláramos, que para lograr la meta hay que entrenar a diario pues la fe y la confianza, como la alimentación, hay que nutrirlas diario yendo todos los días a la fuente que es la comunicación con Dios por medio de la oración. El “refill” espiritual hay que hacerlo diario.
El sufrimiento es una batalla espiritual
El sufrimiento es una batalla que si bien puede parecer física más que todo es una batalla campal que se libra en la esfera espiritual de tu vida, y es una batalla porque pone en duda todo en lo que has creído.
Sufrir nos lleva a batallar con la incertidumbre, la duda y por vía de consecuencia puede incluso poner en jaque la misma fe y rediseñar todo nuestro sistema de creencias, ya sea que la debilita o las fortifica, dependiendo de cómo decidas ver la situación transitoria que atraviesas.
Nadie puede estar exento del sufrimiento pues tarde o temprano tendrá que verse frente a frente con éste por cuanto prepararse espiritualmente para ese o esos momentos es la mejor decisión de vida.
Y cuando digo prepararse no es para no sufrir, sino para entender que el sufrimiento no es al azar o fortuito, sino que tiene un propósito purificador para el alma y el espíritu del que sales mejor, así como el águila se renueva tras un proceso de dolor, para elevarse con magostad a nuevas alturas.
Por Alfredo García
