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20 de febrero 2026
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OpiniónRoberto LafontaineRoberto Lafontaine

Dengue: Brote epidémico, desastre evitable

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RESUMEN

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No hay dudas, la verdad emergió como el verdor de las hojas al llegar la primavera, la población está siendo abatida por el brote epidémico de dengue.  Determinismo por estar el país ubicado en el trópico postulan unos, tesis discutible; característica del subdesarrollo, inaceptable y carente de fundamento.  Lógico enfocarla como una consecuencia del modelo dual de ciudad de Latino América y el Caribe propia del capitalismo periférico, ubicadas al sur del paralelo ecuatorial.

En las mismas, la dinámica social se desenvuelve entre comunidades separadas por escasa distancia y breve tiempo, diferenciadas por poseer o carecer entre otras facilidades, las correspondiente a los servicios comunes públicos esenciales para el desarrollo la vida: disposición agua potable permanente dentro del domicilio, recolección y procesamiento de residuos sólidos, tratamiento de aguas servidas y alcantarillado, así como drenaje pluvial, solo por mencionar algunos.

Lo propio, como consecuencia, modela una arquitectura irregular de ciudad producto del intercala-miento de urbanizaciones en las que los grupos humanos desarrollan su proyecto de vida holgadamente con barrios en las que la existencia humana evoluciona en condiciones de hacinamiento junto a los desperdicios producidos, lo que facilita la homogenización del perfil epidemiológico de las enfermedades transmitidas por mosquito.

Desde la perspectiva de la información ministerial a la ciudadanía acerca de la gestión del brote, no hay correspondencia entre esta, vertida vía los boletines semanales producidos por la Dirección General de Epidemiología y la experiencia narrada en la comunidad.  Los números no se corresponden con el avance comunitario de la enfermedad, es como remedar el relato del Génesis sobre la evolución de la peste en el antiguo Egipto.

La experiencia del vecino cuyo hijo cayó enfermo de dengue o del familiar que se le enfermó el sobrino o, por qué no, del amigo que ingresó el hijo en el hospital pediátrico, y el relato de los fallecidos informado por los medios de comunicación hizo crecer la desconfianza en las informaciones ministeriales, hasta que, la opinión pública forzó a que el Ministerio comunicara la verdad.  El país está bajo brote epidémico de dengue.

Muy sencillo, la población está bajo los efectos de un fenómeno de naturaleza sanitaria; de similar categoría a los climatológicos y geo-dinámicos que hacen referencia a huracanes y terremotos; y otros como los sociales y sanitarios referidos a las crisis de convivencia humana.  Todos, cuando impactan la vida, asumen la categoría de desastre, como es el caso del brote dengue, que, en el informe a la prensa efectuado por el Ministerio de Salud el pasado miércoles 27 de septiembre, cursa con una letalidad de 0.09 %, la más elevada de la región.

Huelga señalar que ha desbordado la capacidad de respuesta de la Red de Servicios de Salud, lo no esperado debido a las competencias desarrolladas por el sistema sanitario ante la respuesta a la pandemia de la COVID-19.  De hecho, oficialmente se han notificado cerca de 9,000 afectados.

La intervención desarrollada desde el ministerio implica eliminación del mosquito en las diferentes fases de evolución, destruir sus criaderos bajo la responsabilidad de las comunidades y difundir anuncios publicitarios por diversas vías de comunicación, lo que a juzgar por los resultados no ha sido suficiente, era de esperar por la complejidad del modelo de ciudad, además, en un contexto de deterioro de la oferta pública de los servicios de salud.

Es evidente que se ha obviado que el diseño e implementación de una intervención adecuada para para mitigar el impacto de un fenómeno sanitario de esta características en la población implica que sea oportuna e integral, abarcando tres campos de acción, al menos: organización y planificación participativa en salud, con una metodología que garantice la inclusión de los actores sociales en el diseño de programas territoriales específicos de educación para la salud y psicología social; delimitación de los espacios sociales en el territorio con sus especificidades; y el perfil epidemiológico y línea de intervención territorial en términos de prevención, promoción, protección y cuidado; no se puede dejar de lado las intervenciones en los hospitales con el objetivo de mejorar su capacidad de respuesta a los enfermos con el propósito de disminuir la mortalidad evitable.

Claro está, que henchidos de orgullo por las adulaciones al sistema de salud a partir de la gestión de la pandemia de la COVID-19, la presente gestión de gobierno obvio la sabia advertencia del Maestro de Galilea a los judíos al comparar el efecto de la prédica farisaica con la levadura, por lo que no alcanzaron a ver las lesiones encriptadas en el embate de la pandemia del COVID-19 en cuanto a las falencias del Sistema de Salud dominicano.

 

Por: Roberto Lafontaine

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