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14 de febrero 2026
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OpiniónWandry Mendez ValenzuelaWandry Mendez Valenzuela

Delincuentes infiltrados: el deporte no puede ser refugio de criminales

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RESUMEN

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El deporte, espacio que debería ser sagrado para la formación de valores, hoy está siendo contaminado por criminales disfrazados de entrenadores, dirigentes y promotores.

Peor aún: estos individuos desplazan a verdaderos profesionales capacitados entrenadores, pedagogos deportivos y gestores comunitarios.

Utilizando a niños como escudos emocionales, buscan limpiar sus nombres manchados de sangre y corrupción, creyendo que unos cuantos trofeos y sonrisas pueden borrar su pasado criminal.

No nos dejemos engañar: muchos de estos sujetos no buscan redención, buscan poder. Ven en el deporte una oportunidad de lavarse la cara ante una sociedad que, por ingenuidad o complicidad, les abre las puertas sin exigirles rendición de cuentas. No es reinserción: es camuflaje, es estrategia sucia, y pone en peligro lo más valioso que tenemos, nuestros niños.

¿Se imaginan a un niño corriendo tras un balón, mientras en las gradas se prepara un ajuste de cuentas contra uno de estos falsos “líderes”? Balas silbando, gritos de terror, padres desesperados buscando a sus hijos entre el caos. Eso no es ficción. Esa es la consecuencia de dejar que el lobo cuide de las ovejas.

La falta de controles rigurosos es un crimen en sí mismo. No puede ser que cualquiera que hable bonito y monte una “escuelita deportiva” tenga acceso directo a menores sin pasar filtros, sin revisar sus antecedentes, sin supervisión real. La negligencia institucional es el mejor aliado de estos delincuentes.

Bajo discursos vacíos de superación y falsas obras comunitarias, estos infiltrados desplazan a verdaderos profesionales del deporte, mientras siembran el riesgo de tragedias que nadie quiere enfrentar, hasta que sea demasiado tarde.

Los valores que el deporte debe transmitir están siendo prostituidos en nombre de intereses personales y agendas oscuras de un grupo que solo se enriquece a costa de ingenuos.

Basta de ingenuidad. El deporte debe blindarse. Se necesitan filtros severos, registros obligatorios, investigaciones de antecedentes y sanciones ejemplares. Cualquiera que trabaje con niños debe ser impecable, no un criminal reciclado con uniforme deportivo.

No podemos permitir que los futuros líderes, atletas y ciudadanos de bien sean expuestos a delincuentes maquillados de entrenadores. Cada niño que salta a una cancha merece estar seguro, merece confiar, merece crecer lejos de las sombras del crimen.

Proteger el deporte es proteger la vida misma. Si no actuamos ahora, mañana podríamos estar llorando tragedias que hoy pudimos evitar. El deporte debe ser un templo de valores, no un refugio de criminales encubiertos.

Por Wandry Méndez Valenzuela

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