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15 de febrero 2026
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OpiniónMiguel CanóMiguel Canó

Del zapato viejo al tenis sin pista

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RESUMEN

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En política hay símbolos que hablan más que los discursos. El zapato viejo, aunque se lustre con betún, sigue siendo zapato gastado. El tenis nuevo puede ser ligero y cómodo, pero sin pista no corre a ningún lado. Esa es la tragedia de la Fuerza del Pueblo: un partido atrapado entre el zapato de Leonel Fernández y el tenis de Omar Fernández.

El problema es que Leonel se ha encariñado con sus zapatos viejos. No importa que estén gastados, que ya no brillen ni entusiasmen; insiste en usarlos, aunque cada paso sea más lento y pesado. Lo hace con la testarudez de quien confunde la nostalgia con el futuro.

Muchos dicen que Omar representa una alternativa, pero seamos claros: Omar no tiene partido propio, depende del que controla su padre. La Fuerza del Pueblo no funciona como una organización institucional, sino como una maquinaria personalista de Leonel Fernández. Esa estructura no está diseñada para impulsar un relevo, sino para mantener vigente al líder histórico. Y mientras Leonel insista en ser candidato, Omar nunca tendrá pista para correr.

La historia reciente es contundente: quien gane en 2028 gobernará hasta 2036. Y si Leonel insiste en ponerse los zapatos otra vez y pierde, como todo indica, Omar no llegará al 2036 como novedad, sino como rutina. Para entonces ya no será el tenis fresco, será el tenis viejo, descolorido y con canas.

Leonel, en vez de impulsar el relevo, lo bloquea. En vez de abrir puertas, las cierra. Y con cada negativa, condena a la Fuerza del Pueblo a convertirse en un partido de museo: interesante de recordar, pero irrelevante para gobernar.

La verdad es que lo de Leonel ya no es liderazgo, es terquedad. Ha pasado de ser tres veces presidente, a convertirse en un obstáculo para su propio partido. Se aferra a la candidatura como si fuera un patrimonio personal, ignorando que cada intento fallido no solo desgasta su imagen, sino que arrastra a toda la Fuerza del Pueblo al ridículo político. Leonel no construye futuro, solo recicla pasado; y en política, quien insiste en vivir de lo que fue, termina siendo prisionero de lo que ya no es.

Mientras tanto, el país necesita liderazgos capaces de hablarle al presente y proyectarse al futuro. Ahí es donde el PRM lleva la delantera, con figuras como Carolina Mejía, que encarnan la renovación real, no el reciclaje de un zapato viejo disfrazado de novedad.

El dilema es simple: Leonel seguirá aferrado a sus zapatos, aunque ya nadie quiera caminar detrás de él. Y la Fuerza del Pueblo, atrapada en esa testarudez, se quedará como un partido que pudo ser, pero nunca fue.

Porque Leonel Fernández no es solo un zapato viejo: es la piedra en el zapato de la oposición. Y mientras él siga creyendo que todavía tiene futuro, la política dominicana seguirá caminando hacia adelante… pero sin él.


Por Miguel Cano
Especialista en marketing y gestión de proyectos públicos

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