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25 de marzo 2026
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2 min de lectura Salud

Del riesgo de amputación a la esperanza: paciente relata cómo superó el pie diabético

Hoy, después de haber enfrentado la posibilidad de perder su pierna, Clarencio levanta su testimonio como un llamado de esperanza y prevención

Clarencio Veras Rodríguez. (Foto: fuente externa)
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RESUMEN

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EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.– A sus 64 años, Clarencio Veras Rodríguez guarda en su memoria una dura experiencia que cambió su vida para siempre: el diagnóstico de pie diabético tipo 2.

Su historia comenzó de manera inesperada, mientras realizaba reparaciones en su vivienda. Una puntilla se le clavó en uno de los dedos del pie; no sintió dolor, apenas notó la sangre, pero aquella herida silenciosa desencadenó en infecciones que a su vez, derivaron en gangrena.

La consecuencia fue dolorosa: hace ya diez años le amputaron dos dedos de su pie derecho.

“Gracias a Dios llegó al país un medicamento cubano llamado Heberprot-P. Es muy costoso, pero Salud Pública lo suministra en el Hospital Moscoso Puello. El doctor Méndez me lo aplicó y me salvó la pierna derecha”, recordó con alivio.

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Clarencio recibió diez inyecciones diarias durante una semana, directamente en la herida, sin anestesia y sin dolor. “Ese medicamento ha sido lo mejor que ha llegado a la República Dominicana para combatir esta enfermedad, aunque es un tratamiento de alto costo para personas de escasos recursos”, expresó agradecido.

El primer aviso de su condición no vino de un hospital, sino del cariño de su madre. “Yo estaba bajando de peso y ella lo notó. Fue a mi casa con una amiga enfermera, me hicieron una prueba y resultó que tenía diabetes, al igual que mi padre”, relató.
Con voz serena, envió un mensaje a quienes enfrentan la misma enfermedad: “El 50 % de la diabetes está en la mente. Si uno se desespera y se entrega al miedo, empeora. Hay que ser positivo y cuidarse”.

Para él, la diabetes es una enfermedad “desastrosa y complicada”, porque deteriora órganos vitales como la vista y los riñones. Confiesa que en los hospitales, como el Moscoso Puello, el área de Pie Diabético siempre está abarrotada de pacientes.
Reconoce también sus propios errores: “Nunca iba al médico para chequeos rutinarios. El hombre tiene más miedo de ir al médico que la mujer; el hombre es más descuidado y cobarde”, admitió con honestidad.

Hoy, después de haber enfrentado la posibilidad de perder su pierna, Clarencio levanta su testimonio como un llamado de esperanza y prevención. “Las personas tienen que cuidarse. La diabetes es peligrosa y silenciosa. Yo soy prueba de que, con atención a tiempo y fe en Dios, la vida puede continuar”.