RESUMEN
PREÁMBULO
Luego de su muerte, acaecida en la ciudad de Santo Domingo el 11 de agosto de 1903, Eugenio María de Hostos ha recibido varios nombres, respondiendo, cada uno de ellos, o a una faceta o a una cualidad de su carácter o a alguna circunstancia referida al modo en que era vista su imponente presencia en la sociedad dominicana de su tiempo o en la historia de la cultura y la educación en la América hispánica. En la mayoría de los casos con esos nombres se ha pretendido describir o significar su grandeza moral o intelectual o humana. Uno de esos nombres: Peregrino del Ideal, porque iba de país en país, de ciudad en ciudad, regando la semilla del saber y dejando huellas de su luminoso saber y difundiendo sus ideas libertarias en favor de las Antillas.
Durante su peregrinar —iniciado al partir de Madrid (España) con destino a París (Francia) el 23 de enero de 1869—, Hostos visitó la patria del poeta Walt Whitman varias veces y casi todas las naciones latinoamericanas: Argentina (Buenos Aires, La Plata, Río Cuarto, Córdoba, Rosario); Brasil (Bahía de los Santos, Río de Janeiro); Chile (Valparaíso, Santiago, Aculco, Rancagua, Santiago, Curicó, Chillán); Colombia (Cartagena); Curazao; Francia (París); Panamá (Colón); Perú (El Callao, Lima, Chorrillos); República Dominicana (Azua, Baní, Jarabacoa, La Vega, Moca, Montecristi, Puerto Plata, San Cristóbal, San Pedro de Macorís, Sánchez, Santiago, Santo Domingo y Tamboril); Saint Thomas (Islas Vírgenes); Uruguay (Montevideo); y Venezuela (Puerto Cabello, Caracas, La Guayra, Nueva Esparta). De aquí lo de este otro nombre de alta significación histórica, ética y política: Ciudadano de América, el cual simboliza que su ciudadanía se correspondía con un ideal continental de libertad, de educación y de justicia.

El primero en llamarle peregrino del ideal antillano a Eugenio María de Hostos es su entrañable amigo Federico Henríquez y Carvajal. Así lo llama la noche del martes 14 de enero de 1939 en su discurso «Hostos en Santo Domingo» pronunciado en el acto organizado por la Academia Dominicana de la Historia, en la sala Baralt de la Biblioteca Pública, con ocasión de celebrarse el centenario del natalicio del prócer puertorriqueño. Este discurso fue recogido en el libro Hostos, peregrino del ideal: ideario y trabajos acerca de Eugenio María de Hostos y apéndice, (1) compilado y editado por Eugenio Carlos de Hostos, hijo mayor del educador. Al acortar la frase original de Federico —de peregrino del ideal antillano a peregrino del ideal— el título del libro logra una síntesis más universal que permite extender el sentido antillano hacia una dimensión continental, coherente con la imagen de Hostos como Ciudadano Eminente de América. Es evidente que subyace la visión atinada de buen editor en esa decisión de Eugenio Carlos.
En este artículo pretendemos establecer un símil entre ese peregrinar en vida del Gran Maestro y el peregrinar de la estatua sedente esculpida a su imagen por el escultor cubano Juan José Sicre Vélez (1898-1974), contratado en 1938, con ese fin, por el gobierno dominicano presidido por Rafael Leónidas Trujillo, quizá el más despiadado enemigo póstumo, años después, del insigne pensador antillano que sí creía en Dios y nunca fue comunista.

DE LA CREACIÓN DE LA JUNTA DOMINICANA PRO CENTENARIO DE HOSTOS (1938)
El 11 de agosto del 1938 el gobierno dominicano aprobó la creación de una Junta Dominicana Pro Centenario de Hostos. El presidente de la República era Jacinto Bienvenido Peynado (1938-1940), pero el Jefe del Estado era el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina desde el 1930. La prensa nacional se hizo eco de ese acontecimiento. El periódico Listín Diario, con el título «Hoy será instalada la Junta Dominicana Pro Centenario de Hostos», publicó, en esa misma fecha, la siguiente nota:
Esta tarde, a las cuatro, en el local que ocupa la «Biblioteca Pública», tal como oportunamente lo informamos a nuestros lectores, tendrá efecto la solemne instalación de la Junta Dominicana Pro Centenario de Hostos, acto para el cual hemos recibido atenta invitación. El día de hoy fue escogido por ser aniversario de la muerte del sabio educador dominicano. A este acto, según se nos ha informado, asistirá una muy numerosa concurrencia, ya que es completamente público.
En cada país del mundo hispano fue creada una junta similar para honrar la memoria del Ciudadano de América. La directiva de la Junta Dominicana quedó conformada así:
a) Presidente: Federico Henríquez y Carvajal.
b) Vicepresidentes: Félix E. Mejía, Pedro Barón Coiscou y Mario A. Saviñón.
c) Secretarios: Emilio Rodríguez Demorizi y Carlos Larrazábal Blanco.
d) Tesorero: Parmenio Troncoso de la Concha.
e) Vocales: Arturo Grullón, Arturo Pellerano Sardá, C. Armando Rodríguez, Carlos A. Zafra, Eduardo R. Soler, Emilio C. Joubert, Enrique Henríquez, Enriquillo Henríquez García, Fabio Fiallo H. Cruz Ayala, José de J. Ravelo, Julio F. Peynado, Julio Ortega Frier, Luis Emilio Aybar, Manuel de J. Troncoso de la Concha, Manuel Ubaldo Gómez Moya, Rafael A. Moscoso, Ramón Emilio Jiménez, Rosendo Grullón, Sócrates Nolasco, Virgilio Álvarez Pina, Virgilio Díaz Ordoñez y Viriato A. Fiallo.

Ahora bien, la Junta Dominicana estaba integrada por nueve (9) comisiones de trabajo y una de ellas era la responsable de todo lo concerniente a la estatua sedente de Hostos: Junta Erectora del Monumento a Hostos, presidida por el mismo Federico Henríquez y Carvajal. Los otros cuatro miembros que formaban parte de ella: Jacinto B. Peynado (presidente de la República), Félix Evaristo Mejía, Emilio C. Joubert y Julio F. Peynado. Estrechamente vinculada a la Junta Erectora estaba la Comisión-Jurado del Concurso para el Monumento a Hostos, cuyos miembros eran Manuel de Js. Troncoso de la Concha, Félix Evaristo Mejía, Arturo Grullón, Virgilio Díaz Ordoñez y Carlos Larrazábal Blanco. Las otras comisiones eran:
1) Comisión para promover la edición de un libro con la labor dominicana de Hostos;
2) Comisión de propaganda en la prensa;
4) Comisión organizadora del homenaje de la Escuela Normal;
5) Comisión para un acto en la Universidad de Santo Domingo;
6) Comisión para un acto en el Ateneo; y
7) Comisión para un acto en la Academia Dominicana de la Historia.
De ese modo fueron iniciados los preparativos para la celebración del primer centenario del natalicio del pensador y educador que hizo de la República Dominicana su segunda patria, donde es reconocido como el fundador de la educación moderna dominicana. Hostos había nacido el 11 de enero de 1839 en el barrio de Río Cañas del municipio de Mayagüez, en el noroeste de la isla de Puerto Rico, por lo que el 11 de enero del 1939 habrían de cumplirse 100 años de su llegada al mundo del Ciudadano de América, bautizado así, en 1932, por su compatriota Antonio Salvador Pedreira (1899-1939).
Rafael Leónidas Trujillo quiso dar muestra de admiración y de respeto hacia Eugenio María de Hostos, quien, motivado por el centenario de su nacimiento Hostos había sido declarado Ciudadano Eminente de América en la Octava Conferencia Internacional Americana reunida en Lima (Perú) en el mes de diciembre de 1938, y el dictador no quería quedarse al margen de un acontecimiento de tanta trascendencia internacional y, por tal razón, a nuestro entender, decidió brindarle todo el apoyo a esa fiesta hostosiana en la que los dominicanos, por razones históricas, tendrían una participación estelar. Posiblemente un ambicioso y astuto joven le susurró al oído lo estratégica y beneficiosa para su política exterior de esa identificación con la celebración del centenario del natalicio de Hostos: nos referimos al enigmático intelectual Joaquín Balaguer.
La tarea de editar un libro basado en «la labor dominicana de Hostos» como tributo a su memoria le fue asignada al historiador Emilio Rodríguez Demorizi, quien cumplió magistralmente con el honroso encargo al publicar, en dos tomos, un clásico de la bibliografía hostosiana bajo el título de Hostos en Santo Domingo. (2) Los gastos de la edición de la obra fueron «sufragados de los fondos suministrados para tal fin por el Gobierno de la Nación», informa Henríquez y Carvajal en el ACUERDO inserto en el primer tomo. (3) Y como parte del acto en homenaje a Eugenio María de Hostos en la Universidad Nacional de Santo Domingo (hoy Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD) el escritor Joaquín Balaguer pronunció un discurso el 11 de agosto de 1939 en el paraninfo de ese centro académico: «El centenario de Hostos», (4) fue el título. En esta brillante pieza oratoria el joven intelectual valora al Gran Maestro del siguiente modo:
Solo hay otro sabio americano, Andrés bello, que puede hombrearse con Eugenio María de Hostos en genio y en sabiduría. Ambos tuvieron, no sólo el don de la creación literaria, sino también el privilegio de frecuentar campos que no eran accesibles, en su época, a la mayor parte de los hombres de pensamiento en la América españolas y en las propias letras peninsulares.
[…]
Eugenio María de Hostos no fue únicamente el tipo de sabio que consume su vida en la estrechez del gabinete, sin más pasión que la ciencia y sin más ideal que el del lauro académico. Fue, por el contrario, el modelo del enciclopedista que hurga en los problemas de su época y anuncia en sus escritos —inflamados por el resplandor de todas las hogueras que han encendido en el mundo el derecho y la justicia— la aurora de las grandes revoluciones sociales.
[…]
La cultura nacional es, en sus aspectos esenciales, obra de Hostos. Aunque en él sólo se acostumbra a ver el reformador de la enseñanza, al sembrador que hizo su siembra de futuro en canteras de aulas, al propagador de una nueva pedagogía en que el dato racionalista sustituye los arcaicos sistemas de la escuela rutinaria, las proyecciones de su genio iluminan, desde hace más de medio siglo, la conciencia dominicana. Acaso de mayor trascendencia que la revolución que realizó en la escuela nacional, fue la revolución que llevó en nuestra conciencia pública.
En ese momento, Balaguer, quien desempeñaba el cargo de Subsecretario de Estado de la Presidencia, era una figura en ascenso dentro del régimen trujillista, destacándose por su lealtad al dictador, por su formación intelectual y por su habilidad como redactor de discursos y documentos oficiales.
DEL PEREGRINAR DE LA ESTATUA SEDENTE DE HOSTOS (1941-2020)
a) La estatua de Hostos fue terminada en 1941, no en 1939
El escultor Sicre Vélez concluyó la estatua sedente de Eugenio María de Hostos en 1941. La diseñó y esculpió en Cuba. Pero, ¿por qué la estatua de Hostos encargada a Juan José Sicre fue terminada en 1941 y no para el centenario en 1939? A continuación, nuestro análisis, ya que no nos fue posible constatar la existencia de un posible contrato suscrito entre el escultor y el gobierno dominicano:
Pueda que se le haya concedido al reconocido escultor cubano libre manejo del tiempo. Era un artista respetado y probablemente contó con libertad creativa para asegurar la calidad de la obra, incluso si eso implicaba demoras. Asumiendo que, en cambio, el gobierno dominicano sí le concediera como plazo el mes de enero del 1939, lo cual consideramos un tanto precipitado, entonces cabe analizar otras razones posibles que sí justificarían el desfase temporal entre 1939 y 1941:
a) El proceso artístico y técnico de una obra escultórica de esa envergadura es tan complejo que su terminación bien podría tomar años. Además, la producción de una obra artística no siempre se ajusta estrictamente a calendarios políticos o conmemorativos.
b) Las circunstancias políticas y administrativas suelen ser cambiantes. Y en este sentido habría que tomar en consideración dos hechos trascendentes: la República Dominicana estaba bajo la dictadura de Trujillo y el mundo se encontraba inmerso en la segunda guerra mundial, a cuya influencia no podía sustraerse ninguna nación caribeña.
c) Problemas logísticos, de obtención de materiales, o incluso eventos imprevistos en la patria del escultor. Cuba, en el período 1938-1941, atravesaba por un proceso de redefinición política: la transición de un período de control militar hacia una etapa de institucionalización democrática. Había tensiones internas y desafíos en la patria de Martí en los planos económicos y políticos.
En conclusión, el retraso hasta 1941 parece un fenómeno lógico dado el panorama político de la región y tomando en cuenta el grado de complejidad artística y administrativa que debió enfrentar el escultor cubano. A eso quizá se haya debido dicho desfase temporal en la entrega de la estatua, y no al incumplimiento por parte del artista ni al desinterés por parte del gobierno dominicano. Es como lo vemos.
b) Inauguración de la estatua en los jardines de la capilla de la antigua Tercera Orden Dominica (1942)
Conforme a la ficha de registro que reposa en los archivos del Centro de Inventario de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura —de la cual poseemos copia fotostática— la descripción física de ese monumento a Hostos es la siguiente:
Escultura en mármol blanco, sobre pedestal rectangular de hormigón, terminado en zócalo. Apellidos y fecha de nacimiento inscritos en bajorrelieve. Figura sedente, representada con las piernas cruzadas y mano izquierda descansando sobre su rodilla. Cabeza ligeramente lateralizada hacia su izquierda. Basa poligonal ochavada.
En dicha ficha se ofrecen, también, detalles del entorno de la escultura al momento de ser inaugurada el 25 de febrero del 1942 «en los jardines de la antigua Tercera Orden Dominica, en donde estuvo y actuó durante siete u ocho lustros la Escuela Normal de Santo Domingo»: (5)
Patio de la actual sede de la Casa de la Juventud, rodeada de área verde. Al Este se destaca el Convento de los Dominicos, al Norte el Parque Duarte, así como edificaciones coloniales y un edificio con características neoclásicas.
Al dorso de la ficha de registro, en la sección de observaciones, hay una valiosa información transcrita de un artículo publicado por la investigadora María Ugarte: «La escultura es obra del artista cubano Juan José Sicre, quien la envió al país en piezas. Sicre encargó al arquitecto Mario Lluberes la dirección de los trabajos de montaje del monumento». (6) Justo es decir que Lluberes (1906-1967) «fue el precursor del movimiento de revalorización de la Ciudad Colonial y fue, además, exponente principal de la arquitectura del eclecticismo neohispánico en el país». (7)
Ahora bien, ¿cómo se desarrolló el acto de inauguración de la estatua en 1942? Transcribiremos un fragmento de la detallada reseña aparecida en la revista de la Academia Dominicana de la Historia bajo el título siguiente: «HOSTOS. Acto de inauguración de la estatua en honra del maestro»: (8)
Este homenaje público i solemne, se celebró de las 4 a las 6 de la tarde. La concurrencia fue numerosa. Pueblo y escuelas ocupaban las inmediaciones de las tres calles que rodean en parte el edificio, frente al Este y frente al Norte.
Presidían el acto el Dr. Federico Henríquez y Carvajal, Presidente de la Academia Dominicana de la Historia i de la Junta Dominicana del Centenario de Hostos, i el Lic. Víctor Garrido, Secretario de Estado de Educación i Bellas Artes. Un nutrido i selecto grupo de altos funcionarios del Estado, de miembros de las instituciones culturales, de miembros de la Junta Dominicana del Centenario de Hostos, de discípulos y admiradores del Maestro de los dominicanos, ocupó sitio alrededor de la estatua del prócer antillano.
La Banda de Música del Distrito pobló el espacio con las notas marciales del Himno Nacional i, en enseguida, entonaron el Himno Normalista las alumnas de la escuela Normal de Señoritas, con acompañamiento de la misma Banda de Música. Con las primeras notas del canto escolar i con una salva de aplausos coincidió el momento emocionante en que las tres banderas (9) se alzaron al aire, mostrando a la concurrencia complacida la estatua del Maestro.
El Lic. Víctor Garrido, Secretario de Educación i Bellas Artes, ocupó la tribuna i le dio lectura al discurso de orden en representación del Gobierno de la República. El discurso es una bella página histórica i literaria i a la vez un estudio sintético de la vida i de la obra de Hostos en las diversas manifestaciones de sus actividades como político, como patriota, como antillano i especialmente como maestro reformador de la educación en la República Dominicana.
El Dr. Federico Henríquez i Carvajal, en su doble calidad de Presidente de la Junta Erectora del Monumento i de la Junta Dominicana del Centenario de Hostos hizo uso de la palabra i en una improvisación sentida, en la que las impresiones superaron a las ideas, discurrió sobre todo cuanto en el acto inaugural concurría a la exaltación de las virtudes del amado Maestro i del homenaje que la República le rendía.
Entre las personalidades que allí estaban, además de Henríquez y Carvajal y Garrido Puello, destacamos algunas de las más vinculadas al mundo intelectual, de las letras: Porfirio Herrera, Pericles Franco, Manuel Arturo Peña Batlle, Oscar Robles Toledano, Sócrates Nolasco, Carlos Larrazábal Blanco, Emilio Rodríguez Demorizi, Esteban Buñols, Francisco Xavier Amiama Gómez, Pedro Mir, Andrés Avelino, Silveria R. de Rodríguez Demorizi y Carmita Henríquez Vda. Castro.
Se le dio lectura a la carta que, desde San Juan, Puerto Rico, le dirigió Adolfo José de Hostos y Ayala a Federico Henríquez y Carvajal, disculpándose por su ausencia y, a la vez, agradeciendo al pueblo dominicano por el tributo que le rendía a la memoria de su insigne padre con la inauguración de la estatua sedente: «Y Ud., nobilísimo hermano espiritual de Hostos, reciba un fuerte abrazo, lleno de emoción y reverencia por el magnífico ejemplo de lealtad en la amistad que Ud. Ha dado a la juventud de su país. Su afectísimo discípulo y servidor, Adolfo de Hostos», (10) le dice Adolfo José a Federico. La carta fue datada el 18 de febrero de 1942.
Cinco años después, en 1947, los restos mortales del Apóstol antillano le harían compañía a la estatua hecha a su imagen. Pero 38 años después, en 1985, volvería a estar sola, pues en este año, específicamente el 30 de junio, dichos restos fueron trasladados al Panteón de la Patria, ubicado en la calle Las Damas de la zona colonial de la Ciudad Primada de América. Este traslado fue dispuesto por el presidente Salvador Jorge Blanco, mediante el Decreto No. 3070, de fecha 19 de junio del mismo año, y ejecutado bajo la coordinación de la educadora Ivelisse Prats-Ramírez de Pérez, quien presidió la comisión encargada de todo lo concerniente al traslado de los restos. Desde entonces, los restos del Ciudadano de la Inmortalidad reposan en ese solemne mausoleo, siendo (hasta donde sabemos) el único extranjero sepultado allí, en reconocimiento a sus valiosos aportes a la educación y la cultura dominicanas. La estatua permanecería en los jardines de la capilla de la antigua Tercera Orden Dominica hasta el 1988.c) Traslado de la estatua de Hostos a la Plaza de la Cultura «Juan Pablo Duarte» (1988)
Este traslado fue una idea del poeta Máximo Avilés Blonda, quien se la comunicó al rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Dr. Franklin Almeyda Rancier, y éste le hizo la sugerencia al presidente Joaquín Balaguer en el mes de mayo de 1988, recibiendo la aprobación del primer mandatario de la nación de inmediato. Así lo contó el Dr. Almeyda Rancier en su intervención en el acto solemne de develizamiento de la estatua del Gran Maestro.
El traslado a la parte oeste de la Biblioteca Nacional, en la Plaza de la Cultura «Juan pablo Duarte», se llevó a cabo a las 8:00 de la noche del miércoles 19 de octubre del 1988 y sobre la actividad, presidida por el presidente Balaguer, apareció una amplia reseña, con el título «Develizan estatua de Hostos», en el periódico dominicano Hoy del jueves 20 de octubre del citado año.
El discurso central fue pronunciado por el Dr. Almeyda Rancier. Confesó que «el presidente Balaguer, me incitó a pronunciar el discurso central de este acto para darle solemnidad al traslado de la estatua del patriota domínico-puertorriqueño». Dijo que el acto tenía una gran significación «porque pasa a formar parte de las actividades a realizar por los dominicanos con motivo del sesquicentenario de su nacimiento a conmemorarse el 11 de enero de 1989».
En los jardines de la Biblioteca Nacional permanecería la estatua hasta el 2007. Era una pequeña plaza, bien cuidada: Hostos miraba con dignidad hacia el sur, hacia el Mar Caribe, como el Peregrino del Ideal; y cada 11 de enero y cada 11 de agosto su imagen, representada en la estatua por la maestría del artista cubano, era reverenciada. Al pie de la escultura, nunca faltaban flores honrando su memoria.
d) La estatua de Hostos es reubicada frente al Museo Nacional de Historia y Geografía (2007)
En abril del 2007 la escultura de Eugenio María de Hostos fue, en cierto modo, desterrada del lugar donde había sido instalada en el 1988 debido a que la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña había sido cerrada para ser sometida a un proceso de remodelación. ¿Dónde reubicaron la estatua del Maestro? Frente al Museo Nacional de Historia y Geografía, en el área verde, hacia el norte de la biblioteca.
El cierre de la principal institución bibliotecaria del país se prolongó durante aproximadamente cinco años, hasta su reapertura a inicios del mes de marzo de 2012, pero el espacio que antes ocupaba la estatua desapareció, devorado por la ampliación hacia el oeste de la infraestructura, por lo que ya no era posible retornarla al lugar que fue su segundo hogar desde su llegada al país en 1941 procedente de la patria del Apóstol José Martí.
Frente al citado museo, en ese inapropiado lugar para tan solemne monumento, permaneció Hostos por más de diez años.
e) Reubicación de la estatua en el patio del Museo Nacional de Historia y Geografía (2020)
Actualmente la estatua sedente de Hostos se encuentra en un área exterior del Museo Nacional de Historia y Geografía, casi oculta, aunque bien cuidada y respetada debido a que el director de esa dependencia del Ministerio de Cultura, el historiador José G. Guerrero Sánchez, es un verdadero hostosiano, considerado un experto sobre la vida y obra del Gran Maestro.
Ahora bien, fue el historiador y editor Miguel De Camps quien, durante su gestión administrativa (2017-2020) al frente de dicho museo, mostró un interés especial por el rescate de esa valiosa escultura ordenando su restauración y reubicación en el lugar donde se encuentra hoy. La misma fue reinaugurada, al mismo tiempo que el remozado museo, el jueves 13 de agosto del 2020, en un acto presidido por el ministro de cultura de entonces, Arq. Eduardo Selman. Digamos, con justicia, que a De Camps se debe el rescate de la estatua sedente de Eugenio María de Hostos hecha por el escultor cubano Juan José Sicre en 1941.
Aunque debemos confesar estar de acuerdo con el Dr. Santiago Castro Ventura, acucioso y confiable estudioso de la familia Henríquez Ureña y de la figura de Eugenio María de Hostos, cuando dice:
En la actualidad se le ha otorgado [a la estatua] un chance —como decimos en el barrio— arrimándola en uno de los patios interiores del Museo de Historia y Geografía, alrededor de un sobrio jardín. Enclaustrada en ese lugar a guisa de monasterio pocos ciudadanos pueden observarla, contribuyendo de manera fortuita a disminuir la posibilidad que las nuevas generaciones se interesen por saber quién fue esa persona, que sus coetáneos quisieron inmortalizarlo a través de una estatua que incitara conocer su obra inmarcesible. (11)
LA ESTATUA DE HOSTOS DEBE ESTAR EN EL PARQUE QUE OSTENTA SU NOMBRE
El hogar ideal de la estatua sedente de Eugenio María de Hostos es el parque que ostenta su nombre desde 1961, luego del ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo en mayo de ese año y que, desde diciembre del 1937, llevaba el nombre de Ramfis Trujillo en honor al hijo predilecto del tirano. El cambio de nombre se produjo mediante una ordenanza aprobada por el Consejo Municipal del Ayuntamiento de Santo Domingo de Guzmán; claro, con la anuencia del presidente Joaquín Balaguer. Ese parque se encuentra frente a la Plaza Juan Barón, en el sector de Gazcue, y ocupa el siguiente cuadrante: al sur, la avenida George Washington (Malecón) y el Mar Caribe; al norte, la calle Arzobispo Portes y la Av. Independencia; al este, la calle Fabio Fiallo; y al oeste, la calle Pte. Vicini Billini.
Instalar en ese parque la estatua de Hostos, en la parte sur, mirando hacia el Mar Caribe, tendría un valor simbólico de grandes dimensiones: representaría el lazo de hermandad profunda que siempre ha existido entre Puerto Rico —la Madre Isla, como solía llamar el Gran Maestro a su terruño patrio— y la República Dominicana, y significaría el legado de un hombre que luchó por la educación, la justicia y la libertad en toda América Latina.
Que la estatua de Eugenio María de Hostos sea emplazada en su parque es una cuestión moral y patriótica. ¡De respeto al Gran Maestro! Una ocasión propicia para llevar su estatua a ese lugar podría ser el mes de agosto próximo, específicamente el día 11 de ese mes, cuando habrá de conmemorarse el 122 aniversario del fallecimiento del Gran Maestro de América, acontecimiento triste que tuvo lugar precisamente en la ciudad de Santo Domingo, cuna de su abuela paterna doña María Altagracia Rodríguez y Velasco. Hacer eso vendría a ser una afirmación de principios, una corrección histórica y un homenaje tangible a quien tanto hizo, con tesón y sacrificio, por la educación y la cultura dominicanas aun sin haber nacido en la República Dominicana. Otra ocasión propicia, que garantizaría más tiempo para hacerlo cuidando los detalles protocolares: el 11 de enero del 2026 con ocasión del 187 aniversario de su natalicio.
¿Por qué en el Parque Eugenio María de Hostos? No es tan solo porque ese lugar lleva el nombre del padre de la educación moderna en la República Dominicana. Podríamos citar otras razones que justificarían el traslado de la estatua de Hostos:
1) Reforzaría la conexión simbólica entre la figura del educador y ese espacio público emblemático.
2) Le daría mayor visibilidad y protagonismo frente a los visitantes locales y turistas extranjeros, ya que el Malecón es un lugar de encuentro y esparcimiento muy concurrido.
3) Es un sitio ideal para homenajes nacionales, por lo que reubicar la estatua allí puede renovar el interés por la memoria histórica y educativa de Hostos.
4) Podría ser una oportunidad para crear un conjunto museográfico o área de información cultural en el entorno teniendo como fuente de inspiración la vida y obra del Gran Maestro de América.
RECOMENDACIÓN AL SR. PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DOMINICANA
Por todo lo ya dicho más arriba, recomendamos al primer mandatario de la nación, Lic. Luis Abinader Corona, la creación de una Comisión Especial, mediante decreto, que tenga a su cargo el traslado de dicho monumento a Hostos desde la Plaza de la Cultura «Juan Pablo Duarte» al parque Eugenio María de Hostos. Que haya un protocolo y una formalidad constituiría, indudablemente, un acto de honor y de decoro al tratarse de la memoria de tan ilustre figura.
Al mismo tiempo, sugerimos que dicha Comisión Especial esté presidida por la Alcaldesa del Distrito Nacional, Licda. Rosa Carolina Mejía e integrada, salvo el mejor parecer del primer mandatario de la nación, por representantes de las siguientes instituciones gubernamentales y no gubernamentales: Ministerio de Educación (MINERD); Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT); Ministerio de Cultura; Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); Academia Dominicana de la Lengua; Academia de Ciencias de la República Dominicana; Academia Dominicana de la Historia; Museo Nacional de Historia y Geografía; Comisión de Efemérides Patrias (CPEP); Centro Dominicano de Estudios Hostosianos (CEDEH); y el Capítulo Santiago de la Liga Hostosiana debido a la estrecha vinculación histórico-emocional de Eugenio María de Hostos con esa provincia del Cibao, donde fundó, en 1881, la segunda Escuela Normal del país. En el acto de instalación de dicho centro docente, celebrado en la ciudad de Santiago de los Caballeros el día 19 de enero del año indicado, estuvo presente el presbítero Fernando Arturo de Meriño, presidente de la República en ese momento.
Integrarían dicha comisión dos representantes directos de la familia del Gran Maestro: su nieta Teresa María de Hostos, hija de Adolfo José de Hostos Ayala y residente en Puerto Rico; y Gustavo Adolfo de Hostos, nieto de Bayoán Lautaro de Hostos Ayala y residente en la República Dominicana. Adolfo José, fallecido en Puerto Rico, fue el quinto de los siete hijos procreados por Eugenio María de Hostos con la cubana María Belinda Otilia (Inda) De Ayala de Hostos (1862-1917), mientras que Bayoán Lautaro fue el tercero y falleció en la ciudad de Santo Domingo, donde había nacido.
NOTAS
El autor es presidente-fundador del Centro Dominicano de Estudios Hostosianos (CEDEH). Fue vicepresidente-fundador de la Liga Hostosiana-Capítulo Rep. Dom. (2009-2012) y Coordinador de la Cátedra Eugenio María de Hostos de la Universidad Interamericana (UNICA). Es autor de los siguientes libros sobre el prócer puertorriqueño Eugenio María de Hostos: Bibliohemerografía hostosiana de autores dominicanos (1876-2003) (2003), Tributo a Hostos (Textos en su memoria) (2014, 2016), Visión de Hostos sobre Duarte (2013) y Visión de Hostos sobre Juan Pablo Duarte (2021). Ha dictado numerosas conferencias sobre Hostos en Puerto Rico, en los Estados Unidos de América y en su propio país y ha publicado más de un centenar de artículos y ensayos sobre el insigne educador antillano en la prensa dominicana.
(1) París, Francia: Ediciones Literarias y Artísticas,1954. Pp. 285-289.
(2) Ciudad Trujillo: Imprenta J. R. Vda. García, 1939. 2 tomos.
(3) Op. cit., t. I, p. VIII.
(4) En su: Discursos. Temas históricos y literarios. Santo Domingo, Rep. Dom.: Editora Corripio, 1973. Pp. 91-94.
(5) Revista Clío X (51): 20, enero-febrero de 1942.
(6) En: diario El Caribe (Santo Domingo), de fecha 13 de julio de 1985, p. 9.
(7) En: «Imágenes de nuestra historia, R. D.» Internet: www.facebook.com (Consulta: 4-06-25).
(8) Revista Clío, X (51): 20-21, enero-febrero de 1942.
(9) Las banderas dominicana, puertorriqueña y cubana, simbolizando las tres Antillas, amadas las tres por el corazón gigante del Ciudadano Eminente de América.
(10) Revista Clío, X (51):21, enero-febrero de 1942.
(11) Santiago Castro Ventura. «Eugenio María de Hostos aún perseguido…, en el diario digital Acento, del 11 de agosto del 2023.
Otras fuentes consultadas: las colecciones de los periódicos dominicanos Listín Diario y La Nación correspondientes a los meses de agosto-diciembre del 1938 y de enero-febrero del año 1942; de los mismos períodos, también la revista Clío, órgano institucional de la Academia Dominicana de la Historia; y la colección de la Gaceta Oficial (Gobierno Dominicano) de los años 1961 y 1988.
Por Miguel Collado
