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14 de febrero 2026
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OpiniónJosé Manuel JerezJosé Manuel Jerez

Del orden de Westfalia al orden liberal: Estado, soberanía y sistema internacional

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RESUMEN

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El sistema internacional moderno se erige sobre un proceso histórico complejo que hunde sus raíces en el orden de Westfalia de 1648. Este acuerdo, que puso fin a la devastadora Guerra de los Treinta Años, consagró jurídicamente los principios de soberanía estatal, igualdad formal entre los Estados y no intervención en asuntos internos. Desde entonces, la noción del Estado como unidad política autónoma y territorialmente definida se convirtió en la piedra angular de las relaciones internacionales, moldeando la arquitectura del poder durante siglos.

El orden westfaliano implicó la superación progresiva del antiguo sistema feudal y del poder supranacional ejercido por la Iglesia y el Sacro Imperio Romano Germánico. La nueva estructura del poder descansaba en la autoridad del Estado territorial, con fronteras relativamente fijas y un gobierno soberano reconocido por otros Estados. Esta reorganización del poder político abrió paso a una dinámica internacional marcada por alianzas, rivalidades y disputas por el equilibrio de poder, especialmente visible en Europa.

Con el avance de los siglos XVIII y XIX, el Estado moderno consolidó su capacidad administrativa, militar y económica. El surgimiento del nacionalismo, la industrialización y la expansión colonial europea transformaron el sistema internacional en un espacio competitivo, donde las potencias buscaban ampliar su influencia a través de la fuerza y la diplomacia. Este período alumbró la geopolítica clásica, en la que territorio, recursos y poder militar se convirtieron en categorías esenciales para comprender la política global.

El colapso del orden europeo tras la Primera y la Segunda Guerra Mundial evidenció los límites del equilibrio de poder tradicional. La devastación global provocó la creación de instituciones multilaterales destinadas a garantizar la paz y evitar nuevos conflictos. La Sociedad de Naciones primero y las Naciones Unidas después representaron intentos de trascender el orden westfaliano hacia un sistema más cooperativo y jurídicamente estructurado, aunque sin suprimir la centralidad del Estado.

El orden liberal internacional, consolidado tras 1945 bajo la hegemonía de Estados Unidos, introdujo principios novedosos: libre comercio, instituciones multilaterales, cooperación económica, derechos humanos y gobernanza global. Si bien este orden mantuvo la soberanía estatal como base del sistema, también incorporó reglas y mecanismos que limitaban ciertos aspectos de esa soberanía en favor de la estabilidad y el desarrollo económico colectivo.

La Guerra Fría reconfiguró este orden, dividiendo al mundo en dos grandes bloques ideológicos y geopolíticos. La confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética osciló entre la disuasión nuclear, las guerras indirectas y la competencia tecnológica. Aunque cada bloque promovió modelos distintos de organización política y económica, ambos mantuvieron intacto el principio de soberanía estatal como fundamento del sistema internacional.

El fin de la Guerra Fría abrió paso a un breve período de unipolaridad estadounidense y expansión del orden liberal. El auge de la globalización económica y financiera, la interdependencia tecnológica y la ampliación de instituciones multilaterales parecían anunciar un sistema internacional más cooperativo. Sin embargo, las tensiones acumuladas, las asimetrías económicas y el resurgimiento de viejas rivalidades geopolíticas revelaron rápidamente que el ideal liberal tenía límites estructurales.

El siglo XXI ha sido testigo de una erosión acelerada del orden liberal. La emergencia de China como superpotencia, el retorno asertivo de Rusia, la fragmentación de la Unión Europea, el avance de potencias regionales y la aparición de actores no estatales han configurado un escenario de competencia multipolar. En este contexto, la soberanía vuelve a adquirir un valor estratégico, al tiempo que los Estados enfrentan desafíos transnacionales que ningún país puede resolver por sí solo.

Para países como la República Dominicana, comprender la evolución del orden internacional no es un ejercicio teórico, sino una necesidad estratégica. La historia del orden westfaliano, su transformación liberal y el surgimiento del escenario multipolar actual permiten identificar con mayor precisión los desafíos estructurales y las oportunidades geoestratégicas que condicionan el desarrollo y la seguridad nacional.


Por José Manuel Jerez

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