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9 de marzo 2026
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OpiniónJoan FelizJoan Feliz

Del orden a la acción: El MIVED ante el reto de reactivar la construcción dominicana

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RESUMEN

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El reciente cambio de liderazgo en el Ministerio de la Vivienda y Edificaciones (MIVED) llega en un momento particularmente sensible para la economía dominicana. No se trata de un simple relevo administrativo ni de una discusión política coyuntural, sino de una oportunidad real para redefinir el rol que debe jugar esta institución en la recuperación de uno de los sectores más determinantes del país: la construcción.

Es importante comenzar con una aclaración necesaria. La gestión anterior del MIVED no puede calificarse como negativa. Fue, en muchos sentidos, una administración correcta y necesaria para el momento que le tocó asumir. Su enfoque estuvo centrado en el orden, la institucionalidad y la corrección de prácticas que por años se habían normalizado dentro del sector. Se fortalecieron controles, se estructuraron procesos y se envió un mensaje claro de que la construcción debía alinearse a reglas más estrictas, técnicas y transparentes.

Ese paso era impostergable. El propio sector lo reclamaba.

Sin embargo, el país ya no está en ese mismo punto del ciclo.

Un sector golpeado tras un 2025 complejo

El año 2025 fue uno de los más retadores para la construcción en la República Dominicana en la última década. El aumento en los costos financieros, el encarecimiento del crédito, la cautela del inversionista, la ralentización en las ventas de algunos segmentos y la paralización o ralentización de proyectos marcaron el ritmo del año.

La construcción, que históricamente ha sido un termómetro adelantado de la economía, reflejó rápidamente estas tensiones. Cuando este sector se desacelera, el impacto no se queda en los proyectos: se traslada al empleo, al consumo, a la banca, a los suplidores y a la economía informal que depende directamente de la actividad diaria de una obra.

No es un dato menor que la construcción represente alrededor del 13 % del Producto Interno Bruto (PIB) dominicano y genere un aporte económico superior a los US$16,000 millones anuales. Tampoco es casualidad que más de 400,000 empleos directos e indirectos dependan de este sector, muchos de ellos vinculados a pequeñas empresas, trabajadores independientes y economías locales que viven del movimiento constante de las obras.

Por eso, cuando la construcción se frena, el impacto se siente de inmediato y de forma transversal.

El MIVED como actor clave de la recuperación

En este contexto, el rol del MIVED debe evolucionar. El ministerio no puede limitarse a ser un ente de control y fiscalización técnica. Hoy, más que nunca, necesita convertirse en un aliado estratégico de la reactivación económica, entendiendo que la construcción no es solo una actividad regulada, sino un motor de desarrollo social y económico.

Una obra paralizada no genera absolutamente ningún beneficio:

No genera empleo.
No genera impuestos.
No entrega viviendas.
No dinamiza la economía.

Y, en muchos casos, genera pérdidas significativas para desarrolladores, suplidores, entidades financieras y adquirientes.

El exceso de rigidez administrativa, aunque parta de buenas intenciones, puede terminar provocando un efecto contrario al deseado cuando no se analiza su impacto económico real.

Del control necesario a una visión más comercial

El gran reto de esta nueva etapa es encontrar el equilibrio. El control fue necesario. El orden era imprescindible. Pero hoy el país necesita una administración con una visión más comercial, estratégica y económica, capaz de comprender los ciclos propios del sector construcción.

Regular no debe ser sinónimo de asfixiar.

Fiscalizar no debe equivaler a paralizar.

Existen proyectos detenidos no por mala fe ni por incumplimientos deliberados, sino por trabas administrativas, duplicidad de procesos, criterios poco claros o tiempos de respuesta que no se corresponden con la realidad financiera de una obra. En construcción, el tiempo es dinero en su estado más puro. Cada mes de retraso incrementa costos, compromete flujos de caja y pone en riesgo la viabilidad completa de un proyecto.

Un ministerio que entienda esta realidad puede marcar la diferencia entre una economía que se estanca y una que se reactiva.

La construcción como multiplicador económico

Históricamente, la construcción ha sido uno de los sectores con mayor efecto multiplicador en la economía dominicana. Su dinamismo impulsa de forma inmediata otros sectores: comercio, transporte, servicios profesionales, industria, banca y consumo interno.

Las proyecciones del propio sector indican que, con las condiciones adecuadas, la construcción podría retomar tasas de crecimiento promedio superiores al 4 % anual en los próximos años, impulsada por vivienda, infraestructura, turismo y desarrollos mixtos. Para que esto ocurra, se requiere una política pública que combine regulación técnica con agilidad operativa y visión económica.

No se trata de flexibilizar estándares de calidad ni de sacrificar la planificación urbana. Se trata de aplicar las reglas con criterios realistas, tiempos razonables y diálogo permanente con el sector privado.

Un punto de inflexión institucional

El cambio de liderazgo en el MIVED ocurre en un momento determinante. La República Dominicana necesita recuperar confianza, reactivar proyectos detenidos y devolverle dinamismo a un sector que históricamente ha sido pilar del crecimiento y la estabilidad social.

El desafío es claro: mantener los avances institucionales logrados, pero evolucionar hacia una gestión que facilite, acompañe y entienda la construcción como una herramienta estratégica para el desarrollo nacional.

Porque una economía que construye es una economía que avanza.

Y hoy, más que nunca, República Dominicana necesita avanzar.


Por Joan Feliz

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