RESUMEN
Si comparamos las circunstancias bajo las cuales nació y murió Eugenio María de Hostos y Bonilla arribaríamos a una lógica conclusión: su vida fue todo un drama, atravesada siempre por las limitaciones materiales, un viacrucis permanente: un dolor que nunca cesó. Apelando a su memoria vicaria, matizada por su indudable talento literario, Hostos describe en su diario escrito el 24 de mayo de 1874, en la ciudad de Nueva York, el momento en que su madre lo trajo al mundo. Lo hace en tercera persona, asumiéndose como un personaje de su propia historia personal:
«Eugenio María de Hostos nació en la noche del 10 al 11 de enero de 1839 en una estancia de Río Cañas, uno de los partidos en que está dividida la jurisdicción de Mayagüez, puerto occidental de la isla de Puerto Rico.

«Su padre, el señor Eugenio de Hostos, y su santa madre, la señora Hilaría de Bonilla, se habían retirado de la villa de Mayagüez, en donde el trabajo no había sido favorable a su fortuna, a la estancia que de su madre heredó, con otros tres hermanos, él primero.
«Allí, combatiendo al infortunio, y fundando en el trabajo perseverante del esposo y en las virtudes domésticas de la esposa el porvenir lleno de esperanzas
que alentaban la juventud, el amor y la pureza de sus almas, vieron llegar la noche, triste, lluviosa y sombría, en que Eugenio María vino al mundo.
«Conteniendo el dolor del desamparo en que por quinta vez volvía a ser madre, la nobilísima mujer olvidaba su estado lastimoso para alentar al varón desesperado y apretando amorosamente su mano, escuchaba sus confidencias desde el lecho del dolor.
—¡Pobre alma mía! —decía mirándola con cariñosa reverencia el abatido esposo— ¿qué has hecho para sufrir mi triste suerte?
—Y tú ¿qué has hecho para merecer la mía?
—Al lado de tu padre vivirías contenta.
—¿No lo estoy a tu lado?
—Pero te sacrificas.
—La esposa debe por el esposo abandonar la casa de sus padres.
«Y consolándose mutuamente y haciendo superior a su desgracia el amor inocente que los había unido ante los hombres y los unía en sus conciencias, ella se distraía de los dolores del alumbramiento, él se distraía de las angustias de su situación, y sobreviniendo un feliz alumbramiento, recibieron con alegría religiosa al recién venido.
«Padre y madre han contado después, en días de prueba o de postreras confidencias, lo que fué aquella noche para ellos, y el llegado en hora tan congojosa los ha oído. He aquí lo que el padre ha referido al hijo: A consecuencia de la lucha de emancipación en Santo Domingo, sus padres abandonaron lo que en aquella isla poseían para trasladarse a la vecina Puerto Rico. Aquí, a poco tiempo, quedaron huérfanos tres hermanos varones y una hembra, el mayor de los cuales era él.
«Se vió obligado —sigue contando Hostos— a envejecer para dirigir a aquella familia de desamparados, y tanto se adelantó por su discreción y su razón a su corta edad, que logró establecer orden en el hogar y en los reducidos negocios que aseguraban el pan de su familia».
[Fin del fragmento citado]
He ahí la hermosa y conmovedora descripción autobiográfica de la llegada de Eugenio María de Hostos al mundo americano, en el que habría de ser un verdadero sembrador de saberes, un Ciudadano Eminente de América, el Gran Maestro. En el mismo lugar donde estuvo la casa que lo vio nacer, el 26 de mayo de 2006 fue inaugurado el Museo y Centro de Usos Múltiples que lleva su nombre para perpetuar su memoria, para que nunca sea olvidado. La construcción de esa obra, de gran valor arquitectónico e histórico, fue costeada por la Alcaldía de Mayagüez. Honremos su memoria citando algunas de las frases lapidarias de su ideario luminoso referidas a temas y valores tan trascendentes y universales como la verdad, el deber, el bien, el tiempo, la justicia, la libertad, el amor y la mujer:
- No se pierde el tiempo que se pierde en aprender a no perderlo.
- El amor es un instinto, una pasión y una virtud. Instinto, enferma; pasión, debilita; virtud, fortalece.
- La verdad y el bien siguen el mismo camino. El que busca la verdad, encuentra el bien.
- Si quieres saber lo que es justicia, déjate perseguir por la injustica.
- La patria de la libertad no tiene límites, y donde quiera que el buscador de libertad fija la planta, allí tiene la patria de su espíritu.
- El deber de los padres no es dejar dinero a sus hijos, sino ejemplo; no capital, sino educación; no tesoros, sino virtudes.
- En toda obra de hombre bueno, hay oculta la inspiración de una mujer.
_________
*Miguel Collado es el presidente-fundador del Centro Dominicano de Estudios Hostosianos (CEDEH).
