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7 de enero 2026
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Del individuo al grupo: Análisis praxiológico de las tareas motrices y su influencia en el desarrollo integral

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Las tareas praxiomotrices que implican diferentes tipos de comunicación motriz desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de las capacidades psicomotrices, cognitivas y sociales de los individuos. Según Parlebas (2001), estas tareas se clasifican en psicomotrices, de cooperación, de oposición y de cooperación-oposición, cada una con características distintivas que influyen en la forma en que los participantes interactúan con su entorno praxiomotor: corporal, ambiental y social. La comprensión de estas tareas y su impacto en los diferentes entornos es crucial para optimizar los procesos de enseñanza-aprendizaje en la educación física y el deporte.

Las tareas psicomotrices, caracterizadas por la ausencia de interacción motriz directa con otros participantes, permiten al individuo desarrollar su capacidad de autocontrol y conciencia corporal. En este tipo de tareas, el practicante se enfrenta principalmente a su entorno praxiocorporal, explorando y perfeccionando sus habilidades motrices básicas. Lagardera y Lavega (2003) señalan que estas actividades favorecen la introyección y el autoconocimiento, aspectos esenciales para el desarrollo de la personalidad y la autoestima.

Por otro lado, las tareas de cooperación implican una comunicación motriz de colaboración entre los participantes, fomentando el desarrollo de habilidades sociales y la capacidad de trabajar en equipo. En estas situaciones, el entorno praxiosocial cobra especial relevancia, ya que los practicantes deben coordinar sus acciones para alcanzar un objetivo común. Según Hernández Moreno (2005), estas tareas promueven valores como la solidaridad, el respeto y la empatía, contribuyendo así a la formación integral del individuo.

Las tareas de oposición, en cambio, se caracterizan por una comunicación motriz antagónica, donde los participantes se enfrentan entre sí para lograr un objetivo contrapuesto. Estas actividades estimulan el desarrollo de la inteligencia táctica y la capacidad de anticipación, aspectos cruciales en la toma de decisiones bajo presión. Parlebas (2001) destaca que estas tareas permiten a los practicantes explorar sus límites y desarrollar estrategias para superar a sus adversarios, contribuyendo así al desarrollo de la competitividad y la resiliencia.

Las tareas de cooperación-oposición combinan elementos de las dos categorías anteriores, creando situaciones motrices complejas que requieren una alta adaptabilidad por parte de los participantes. En estas actividades, el entorno praxiomotor se vuelve particularmente dinámico, exigiendo a los practicantes una constante lectura y ajuste de sus acciones en función de compañeros y adversarios. Según Lavega (2007), estas tareas son especialmente valiosas para el desarrollo de la inteligencia sociomotriz y la capacidad de adaptación a situaciones cambiantes.

La importancia de estas tareas en el entorno praxiocorporal radica en su capacidad para desarrollar las habilidades motrices fundamentales y la conciencia kinestésica. A través de la práctica de diferentes tipos de comunicación motriz, los individuos aprenden a controlar y optimizar sus movimientos, mejorando su coordinación, equilibrio y percepción espaciotemporal. Como señala Ruiz Pérez (1995), este desarrollo corporal es la base sobre la cual se construyen habilidades motrices más complejas y específicas.

En cuanto al entorno praxioambiental, las tareas praxiomotrices permiten a los practicantes interactuar de manera significativa con el espacio y los objetos que los rodean. Esta interacción promueve la adaptabilidad y la capacidad de respuesta ante diferentes estímulos externos, aspectos cruciales para el desarrollo de la inteligencia motriz. Parlebas (2001) enfatiza que la comprensión y dominio del entorno físico es fundamental para el éxito en cualquier actividad motriz, desde los deportes hasta las actividades de la vida cotidiana.

Finalmente, en el entorno praxiosocial, estas tareas juegan un papel vital en el desarrollo de habilidades de comunicación, cooperación y resolución de conflictos. La práctica de actividades que implican diferentes tipos de comunicación motriz fomenta la empatía, el trabajo en equipo y la capacidad de liderazgo. Según Lagardera y Lavega (2003), estas experiencias motrices compartidas son fundamentales para la construcción de relaciones sociales saludables y el desarrollo de una ciudadanía activa y comprometida.

Por: Ahismel Victorino Sierra

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