“Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Más era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto y ha revivido; se había perdido y es hallado.”
Lucas 15, 32
La parábola bíblica del hijo pródigo es bastante conocida. Cuenta la historia de un padre que tenía dos hijos: uno que, sin morir su padre, demandó su herencia y otro que, en obediencia y lealtad, acompañó a su padre sin abandonarle.
Habiendo dilapidado su herencia, el primero regresó al regazo de su padre quien le recibió con fiesta y algarabía. Esta situación hizo mella en la naturaleza humana del hijo leal, quien, con el amor propio herido, le reclamó a su padre el gesto magnánimo para con aquel que, a diferencia de él, no había sido leal y consecuente con su padre.
Similar situación parece estarse dando en las filas de la Fuerza del Pueblo (FP), donde la llegada de algunos compañeros del viejo partido y el consecuente recibimiento a golpe de “carnero gordo”, ha generado cierto recelo y dudas en el corazón de aquellos que desde el primer día abandonaron “patria y heredad”, para arriar la velas y navegar el encrespado mar junto a su capitán.
Este es un sentimiento que debe ser entendido y validado por el más alto liderazgo de la FP, quienes tienen el reto de, como el padre de la parábola, darle seguridad al hijo leal y “pasarle la mano” a quienes pueden sentirse desplazados. Ignorar estos sentimientos o abordarlos de forma escueta, puede minar el entusiasmo de quienes demostraron su lealtad y compromiso con la causa, aún cuando esto significaba ser victimas de persecución, espionaje y hasta asesinato moral.
Sin embargo, me parece que la llegada de estos antiguos compañeros, más que recelo debe generar satisfacción para los miembros fundadores de la FP. Ya que es la muestra fehaciente de que el tiempo ha colocado la razón donde siempre estuvo y sobre todo representa un reconocimiento al futuro promisorio de dicha organización política.
Debe entenderse que, por razones obvias, el viejo partido representa la principal cantera para el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la FP. Por lo que es más que natural que quienes se ven en una organización anquilosada y donde el crecimiento depende de la voluntad de un solo hombre, sientan la necesidad de pasar a una propuesta política nueva, dinámica y cimentada en valores democráticos y de participación.
Ahora bien, en este proceso de crecimiento, el liderazgo de la FP tiene el gran reto de saber distinguir entre aquellos que tocan la puerta por convicción y los que, como buenos oportunistas que siempre han sido, buscan en la FP un lugar donde lavar sus pecados y marcar distancia del atolladero que ellos mismos ayudaron a crear.
A estos últimos se les saluda desde lejos y se les deja donde mismo están; aceptarlos mandaría el mensaje equivocado y expone a la nueva organización a infestarse de las mismas langostas que devoraron el legado político e histórico de Juan Bosch.
Por José Gregorio Cabrera
