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7 de enero 2026
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OpiniónJoan FelizJoan Feliz

Del diseño al desastre: Riesgos estructurales y urbanos del cambio de uso sin supervisión técnica

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La reciente tragedia en las instalaciones del conocido centro nocturno Jet Set, en Santo Domingo, ha sacudido a la República Dominicana. La pérdida de vidas humanas y las circunstancias aún bajo investigación exigen un duelo nacional, pero también una reflexión técnica urgente. Esta no es solo una historia de improvisación, sino una consecuencia directa de una práctica común pero sumamente peligrosa: cambiar el uso de una edificación sin estudios estructurales, sin reingeniería y sin aprobación de las autoridades competentes.

Este tipo de transformación no es nuevo en nuestras ciudades. A diario vemos casas convertidas en oficinas, almacenes transformados en guarderías, residencias adaptadas como consultorios médicos o discotecas funcionando en estructuras originalmente proyectadas para otros fines. La capital, en particular, presenta un tejido urbano caóticamente intervenido, donde la lógica comercial o la necesidad de espacio suplanta a la lógica estructural y a los criterios técnicos establecidos.

El caso del Jet Set es revelador y simbólico. El edificio fue concebido originalmente como el cine El Portal, inaugurado en el año 1970, en plena época dorada de las salas de proyección. Desde su concepción arquitectónica, esta estructura respondía a parámetros muy específicos: asientos fijos y orientados en una sola dirección, circulación de personas en secuencia ordenada, cargas vivas predecibles y de bajo impacto dinámico, estructuras con puntos de apoyo bien definidos y con techos diseñados para manejar acústica, no presión ni vibración.

Sin embargo, durante más de 30 años esta estructura fue utilizada como centro de diversión nocturna, funcionando como discoteca con alta concentración de público, equipos de sonido de alto impacto, iluminación industrial, sistemas eléctricos intensivos y vibraciones constantes. El cambio de uso, aunque rentable comercialmente, nunca fue acompañado de una readecuación estructural formal ni de una actualización de su diseño funcional. Es decir, el edificio fue sometido a condiciones que superaban por mucho las cargas estructurales para las que fue concebido.

¿Qué implica esto en términos técnicos?

Una estructura está diseñada bajo un equilibrio entre cargas muertas, cargas vivas y cargas dinámicas o móviles:

Cargas muertas: son aquellas inherentes a la estructura misma, como columnas, vigas, techos, losas y materiales de construcción. Son estáticas y no cambian con el uso.

Cargas vivas: corresponden a personas, mobiliario movible, tráfico interno, etc. Estas son variables y se consideran de acuerdo con el uso para el que se diseña el edificio.

Cargas dinámicas o móviles: incluyen movimientos repetitivos, vibraciones, impactos, oscilaciones provocadas por actividad humana o maquinaria, como ocurre en discotecas, gimnasios o naves industriales.

Cuando se transforma un cine en una discoteca sin un rediseño estructural, se incrementan las cargas vivas y dinámicas significativamente. La estructura puede no estar preparada para soportar el nuevo patrón de esfuerzos, lo que puede llevar a fatiga de materiales, microfisuras, deformaciones, sobrecarga en losas o columnas, y finalmente, fallos estructurales que derivan en colapsos parciales o totales.

La obsolescencia funcional y estructural

Además del mal uso, muchas estructuras envejecen sin el debido mantenimiento. En ingeniería, esto se conoce como obsolescencia estructural, cuando los materiales, técnicas o condiciones del edificio ya no responden adecuadamente a las exigencias actuales. Pero también existe la obsolescencia funcional, cuando el diseño ya no es apto para los usos modernos, y por tanto, el inmueble se convierte en una trampa: no tiene vías de escape, no cumple con códigos eléctricos actualizados, no soporta sistemas de climatización moderna, o simplemente no puede evacuar humo ni vibraciones de forma segura.

Todo esto se agrava cuando los cambios de uso se realizan sin la debida autorización ni vigilancia de los organismos responsables:

Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC)

Ministerio de la Vivienda y Edificaciones (MIVED)

Ayuntamientos municipales

Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (CODIA)

Cuerpo de Bomberos

Defensa Civil

Estas instituciones tienen el mandato de regular, supervisar, inspeccionar y controlar el cumplimiento de los códigos de construcción, verificar la estabilidad estructural, garantizar la operatividad de los sistemas contra incendios, revisar la evacuación en caso de emergencia y velar por la seguridad de la ciudadanía. Cuando se les evade, también se elude la posibilidad de realizar mantenimientos preventivos, inspecciones periódicas o exigir medidas correctivas.

Una realidad urbana sin control

República Dominicana ha crecido a una velocidad urbanística que no ha ido de la mano con la planificación ni con la fiscalización. Muchos ayuntamientos carecen de personal técnico suficiente, y otras veces las aprobaciones de uso se otorgan sin una inspección real. El resultado es un tejido urbano peligroso, donde muchos inmuebles ya no tienen correspondencia entre su uso registrado y el uso real. Esto significa que miles de dominicanos acuden cada semana a locales que no están diseñados ni equipados para la función que ejercen.

De seguir esta tendencia, corremos el riesgo de que más tragedias como la de Jet Set se repitan en otras ciudades o en edificaciones aún más vulnerables.

¿Qué hacer?

Desde mi conversación con el arquitecto Gerardo Feliz, profesional con más de 30 años de experiencia en proyectos residenciales, comerciales y turísticos, se desprenden cinco acciones clave para revertir esta situación:

1. Establecer un censo nacional de edificaciones con cambio de uso, identificando aquellas que operan sin estudios ni permisos estructurales.

2. Reformar el marco legal para exigir reingeniería estructural obligatoria en cada cambio de uso mayor, especialmente cuando implique aumento de carga o concentración humana.

3. Fortalecer los equipos técnicos municipales y regionales, para que los permisos no se den sobre escritorio, sino luego de inspecciones reales.

4. Integrar la fiscalización cruzada entre el CODIA, Defensa Civil, bomberos y MOPC, creando una plataforma de verificación única para usos de edificación.

5. Iniciar un programa nacional de concientización y educación técnica, para que promotores, inversionistas, propietarios y arrendatarios comprendan que cambiar el uso de una edificación es un asunto técnico y de seguridad nacional.

En definitiva, la tragedia del Jet Set —nacido como cine El Portal en 1970— debe marcar un antes y un después. No es solo una historia de nostalgia, ni de falta de mantenimiento, sino de una decisión técnica mal tomada, o peor aún, ignorada por décadas. La ciudad que queremos no se construye solo con inversión: se construye con criterio técnico, supervisión rigurosa y respeto por el diseño original de los espacios.

Es hora de actuar. Porque los edificios, como las personas, también tienen límites. Y violarlos puede costar vidas.

Por Joan Feliz

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