RESUMEN
La política exterior dominicana ha ido incorporando, de manera gradual, dimensiones que complementan sus instrumentos tradicionales de relacionamiento. Más allá de la cooperación, el comercio y el diálogo político, la diplomacia cultural y la gestión del simbolismo han adquirido un papel creciente en la proyección internacional del país. Esto es especialmente evidente en contextos donde la espiritualidad, el patrimonio y la memoria colectiva funcionan como lenguajes fundamentales de interacción.
En este contexto, la sagacidad diplomática se mide por la capacidad de insertar la identidad nacional en narrativas globales coherentes con nuestros valores y tradiciones, y alineadas con prioridades estratégicas de largo plazo.
El exitoso trabajo desarrollado por la Embajada dominicana ante la Santa Sede, bajo la gestión del embajador S.E. Víctor Suárez Díaz, evidenció una lectura cuidadosa de los códigos simbólicos propios de la conmemoración jubilar. La intervención del país se estructuró a partir de una propuesta cultural sostenida y ajustada al calendario jubilar, articulando presencia institucional con una narrativa significativa.
Exposiciones de arte contemporáneo, celebraciones litúrgicas con conciencia histórica y expresiones musicales, junto al recorrido devocional de la imagen renovada de Nuestra Señora de la Altagracia llevada a pie por más de doscientos kilómetros a lo largo de la Vía Francígena, construyeron el relato de una nación caribeña que dialoga desde su fe, su arte y su memoria histórica.
Uno de los aportes más valiosos fue la apertura de espacios compartidos entre jóvenes creadores y artistas dominicanos de trayectoria. Para los primeros, el Año Santo representó una oportunidad única de visibilidad y aprendizaje en un contexto que no se repetirá hasta dentro de veinticinco años. Para los segundos, constituyó la reafirmación de la continuidad y solidez del patrimonio cultural dominicano.
Esta convergencia otorgó densidad y expansión al mensaje cultural del país.
En el ámbito musical, la participación dominicana en el Jubileo de los Coros permitió integrar nuestra música sacra en el ceremonial eclesiástico de templos romanos, con la presencia del arzobispo metropolitano de Santo Domingo. De este modo, la tradición musical dominicana se situó dentro de una liturgia de alcance universal, reforzando su proyección internacional.
Estas iniciativas se vieron potenciadas por una coordinación institucional poco frecuente entre los embajadores dominicanos acreditados en Roma ante Italia, la Santa Sede y la Misión Permanente ante los organismos de la ONU con sede en el Caput Mundi. Dicha articulación permitió optimizar recursos y proyectar una comparecencia de tradiciones coherente, valorada positivamente por otras misiones diplomáticas.
La travesía dominicana en el Jubileo de la Esperanza 2025 confirma que nuestra diplomacia cultural es un instrumento eficaz de proyección internacional, concebido de manera estratégica y respetuosa de la arquitectura simbólica en la que se inserta. Nuestra participación abrió un horizonte cultural sostenible, que permitió el establecimiento de diálogos robustos y fortaleció la identidad dominicana, con efectos que aún trascienden el programa jubilar y ofrecen referencias valiosas para futuras acciones culturales en el ámbito diplomático.
Por: Joaquín F. Taveras.
