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14 de marzo 2026
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OpiniónPelegrín E. Castillo ArbajePelegrín E. Castillo Arbaje

Del buen salvaje al buen revolucionario: 50 años después

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RESUMEN

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“Los latinoamericanos no estamos satisfechos con lo que somos, pero a la vez no hemos podido ponernos de acuerdo sobre qué somos, ni sobre lo que queremos ser”

 Primeras palabras de la obra “Del buen salvaje al buen revolucionario”de Carlos Rangel (1976)

En este año 2026 se cumplen más de medio siglo de la publicación de uno de los ensayos políticos más certeros y disruptivos para la comprensión de nuestra América. En su obra Del buen salvaje al buen revolucionario, el intelectual venezolano Carlos Rangel presentó una óptica desafiante pero acertada sobre las orígenes y las consecuencias de las retrancas políticas y económicas en nuestra región mediante el desmonte de muchos mitos que son parte de nuestra psiquis colectiva, y que a pesar de sus falsedades e incongruencias, siempre encuentran una forma de renacer en cada país, sabiendo adaptarse a los tiempos y circunstancias de una determinada época.

La obra, sin buscarlo, se convirtió en la antítesis del trabajo escrito por el uruguayo Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina, publicado cinco años antes, cuya tesis se centra en que nuestro escaso desarrollo social e institucional se debe a la explotación inmisericorde y el apetito insaciable de las grandes potencias por los recursos naturales de la región, cuyos intereses son mantenidos por las elites locales que permiten ese ciclo continuo de explotación en contra de los más desfavorecidos de nuestras sociedades. Aunque en algunos aspectos en estas ideas existe cierto grado de veracidad, Rangel en su libro se dedica a desmenuzar dos teorías que de tanto haberse repetido, dejaron de ser mentiras para convertirse en verdad.

El concepto del buen salvajismo nació incluso antes del descubrimiento de América y es aplicable a otras regiones del mundo donde la población nativa no tenía contacto alguno con el exterior. Esta idea aplicada a nuestra región sostiene que las poblaciones indígenas se encontraban en un estado puro e ideal con la naturaleza que fue interrumpido y aniquilada por la corrompida fuerza de los conquistadores (particularmente en la América Hispánica), que como Rangel bien arguia, se convertiría en un mantra justificativo a la hora de ver el éxito y prosperidad de otras sociedades, y la hora de entender las precariedades en las nuestras. Parte central de la creencia en el buensalvajismo hispano es palpable en cada celebración del 12 de octubre bajo las consignas como:“América no fue descubierta, sino saqueada; nada que celebrar; fue un genocidio…”

Por otra parte, el buen revolucionario viene siendo el hijo putativo del anterior, ya que cumple con una especie de rol mesianico de resarcimiento todas las penas y las injusticias generados por la corrupción de Occidente que destruyó ese Edén que era la América Precolombina mediante la realización del proceso revolucionario. Solo por la vía revolucionaria se podría llegar a algo mejor que a la etapa del buen salvaje, se podía llegar al hombre nuevo (lamentablemente al de Marx, no al de Jesús).

Como conclusión, Rangel hace una defensa de lo que entiende son los valores esenciales que distinguen a Occidente de otras civilizaciones, valores como la libertad de cada individuo, el Estado de derecho y el respeto por la propiedad, así como a las libertades públicas. Sin embargo, los relatos que un individuo o una sociedad se dice a sí misma son los que moldean su estructura de comportamiento. Un ejemplo claro es la relación extraña que históricamente se ha tenido con la potencia más cercana, los Estados Unidos. De acuerdo al ensayo, se debe muchas veces más sentimientos de envidia o de resentimiento, que al ejercicio de la fuerza imperial sobre nuestros países. Nadie niega que todavía hay injerencia o presión por parte de los EE.UU para hacer prevalecer sus intereses vitales, pero muy a menudo es sacado del análisis la autocrítica y las culpas propias.

El libro se convirtió en un bestseller al momento de su entrada en las librerías en español y posteriormente sería traducido a varios idiomas, alcanzando una fama internacional sin precedentes y convirtiéndose en uno de esos textos de referencia para entender el contexto político de nuestro continente. Pero por circunstancias del destino y de ser de un ensayo provocador que invitaba a la auto reflexión y al desmonte de narrativas autodestructivas que tenían siglos instalados en nuestras sociedades, el ensayo de Rangel paso a una especie de ostracismo intelectual, quedando completamente desapercibido en las academias latinoamericanas (controladas por personas que les disgustaban los planteamientos de Rangel).

Hoy cincuenta años después de su publicación se vuelve imperante su relectura y amplia difusión si queremos entender cómo hemos llegado a los acontecimientos de hoy como lo son el auge, consolidación y lo que parece ser la lenta caída del chavismo en Venezuela, el sostenimiento del castrismo en Cuba y las distintas olas de partidos de izquierda del Foro de Sao Paulo y el grupo de Puebla o la alianza non sancta entre las organizaciones del crimen organizado con los gobiernos y partidos de la izquierda. Porque si algo que debe quedar más que claro es que ninguno de estos antagonismos, narrativas y sistemas son algo nuevo o desconocido, y mucho menos que nadie pudo poner el ojo avizor sobre sus consecuencias. Los señalamientos estuvieron, las advertencias de las consecuencias también, pero fuimos nosotros mismos que no quisimos salir de la negación, en donde solemos preferir la mentira acomodada a las verdades incómodas.

 

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