RESUMEN
¿A qué se debe la corriente de cambio del término Defensa Civil por Protección Civil en América Latina?
El nuevo concepto de Protección Civil está relacionado, de manera directa, con las amenazas que podrían afectar a la población civil, sean estas de origen antrópico o naturales, pues la Defensa Civil guarda mucha relación con los efectos que sufre la población civil por conflictos armados, en donde las tropas militares, en primera línea, y organizaciones civiles y voluntarios, en segunda línea, tratan de ayudar a las personas afectadas por los impactos de un conflicto armado.
Muestra de ello es la cantidad de civiles afectados por los campos sembrados de minas antipersonales en Centroamérica y Suramérica en tiempos beligerantes, sin embargo, esa misma nomenclatura de organizaciones de asistencia, encabezada en primera línea por civiles, y en segunda línea por militares, socorren a la población ante desastres en donde los fenómenos naturales tienen gran incidencia, principalmente con operaciones de socorro y asistencia humanitaria, y para desmilitarizar la acción de asistencia, y hacerla más cercana a la población, se está enarbolando la bandera de Protección Civil.
En República Dominicana, la Defensa Civil tiene su nacimiento en 1966, con la Ley 257-66, y hay que comprender que, para ese entonces, aún se percibía el aroma de las complicaciones nacionales derivadas del conflicto armado del año 1965, señalando, dicha Ley, que la Defensa Civil es una respuesta a la necesidad de organizar la protección de la población ante desastres y conflictos, y, como se puede evidenciar, se establece un mismo concepto para responder ante amenazas de diferentes procedencias. Sin embargo, la Ley no habla de defender a la población, sino de proteger a la población, y eso es diferente.
Allan Lavell, en su publicación titulada: La Gestión Local del Riesgo: Nociones y Precisiones en Torno al Concepto y la Práctica (2003), establece que Protección Civil es la etapa de la atención que corresponde a la ejecución de las acciones previstas en la fase de preparación, y que, en algunos casos, ya ha sido atendida por actividades de alistamiento y movilización, y está motivada por la declaración de diferentes estados de alerta que corresponden a la reacción inmediata para la atención oportuna a la población, pudiendo observar que el fundador de la Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina, conocida en Costa Rica como LaRED, visualiza el apoyo dado a la población como una protección y no como una defensa.
Ante estos señalamientos reglamentarios y científicos, tenemos que movernos al origen de los términos defensa y protección, y abordarlos desde el punto de vista etimológico: La palabra defensa proviene del latín defensa (protegida de agresión), derivada del verbo defendere, compuesto por de- (alejamiento, privación, rechazo) y fendere (golpear, agredir), significando literalmente «rechazar un ataque» o «proteger», mientras que la palabra protección proviene del latín protectio, -ōnis, que significa «acción y efecto de defender o refugiar». Se compone del prefijo pro- (a favor, delante, a la vista) y tectus (cubierto, protegido), derivado de tegere (cubrir), lo que etimológicamente implica cubrir algo para defenderlo.
Como se puede evidenciar, ambas palabras transitan el mismo terreno de la protección, pero con ligeras diferenciaciones, ya que, si bien la defensa se apoya en la protección, su mayor acción está predestinada a una agresión para defender algo ante una amenaza, mientras que la protección se enfoca en la acción de cubrir algo para defenderlo.
Muchos estudiosos de las ciencias ambientales y sociales sostienen que los desastres no son naturales, sino fenómenos naturales normales que, por malas acciones, malas decisiones y ubicaciones de los humanos, encuentran vulnerabilidades que pueden llevar a la sociedad a sufrir desastres o catástrofes, aunque otros estudiosos especifican que el término desastres naturales se utiliza para referirse a graves daños causados por fuerzas de la naturaleza.
Si los fenómenos de la naturaleza son propios del mundo en que vivimos, es decir, son parte de nuestro hábitat, entonces no debemos continuar viéndolos como una amenaza, y debemos construir los elementos que nos permitan convivir con ellos sin que nos causen daños, y, en casos de ciertas anomalías, protegernos de ellos, por lo que, en ese orden de razonamiento, debemos colegir que del enemigo nos defendemos y de las adversidades nos protegemos.
En conclusión, gran parte de las causas que derivan en desastres provienen de las actividades y ubicaciones humanas y no de los fenómenos naturales por sí mismos, pero, la falta de una acción hostil que los produzca, nos lleva a la afirmación de que en vez de defendernos de ellos, debemos protegernos de ellos, y es ahí donde se apoya esta corriente de cambio que crece en el hemisferio occidental, la que debe llevarnos a reflexionar si en República Dominicana debemos seguir utilizando el término Defensa Civil (DC), o si damos un paso al frente, junto a nuestros vecinos, y utilizamos el término Protección Civil (PC).
El autor es general retirado ERD Y Dr. En Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil
