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19 de diciembre 2025
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OpiniónCAROLINA SADDLERCAROLINA SADDLER

Debemos seguir levantando nuestras voces por el pueblo palestino

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El anuncio de un “alto al fuego” entre Israel y Palestina, firmado el pasado mes de octubre, generó un respiro de esperanza momentánea, para la población civil palestina.
Sin embargo, este acuerdo, como sus predecesores, ha probado ser un pacto intrínsicamente frágil, volátil y completamente ficticio, si se tiene en cuenta la cantidad de veces que el Estado de Israel ha violentado lo pactado.

Los abusos continúan, y los asesinatos también. Israel ha violado el “alto al fuego” más de 700 veces, y ha asesinado a más de 400 personas desde octubre, entre ellos más de 70 niños.

Los secuestros continúan, niños muriendo del frio, hambre, violaciones de derechos humanos, robo y destrucción. Lo que me ha preguntar ¿Qué tan real es el “alto al fuego”? porque, desde mi punto de vista, el famoso “alto al fuego” gestionado por Donald Trump ha sido la excusa perfecta para continuarla el exterminio de la población palestina sin llamar la atención.

Obviamente el acuerdo no ha resuelto ni va a resolver el genocidio en contra del pueblo palestino.

Trump, Netanyahu y sus aliados han querido vender el “alto al fuego” como una “pausa negociada” centrada en “intercambios” y una “ayuda humanitaria” limitada, siempre perjudicando los intereses palestinos.

En su momento, los mediadores del acuerdo, Estados Unidos, Catar y Egipto dijeron que los puntos claves fueron negociados bajo un plan “escalonado”, diseñado para “construir confianza progresiva” y llevar, eventualmente, a una “paz duradera”.

Lo que se traduce como “pretendamos ante el mundo como que realmente nos importa. Dejemos que Israel continue el exterminio palestino, y en pocos meses todos nos beneficiamos de alguna forma.”

En tal sentido, Estados Unidos busca reconstruir a Gaza y se ha autodesignado “defensor de los intereses palestinos, gestor de la gobernanza diaria, y supervisor de la reconstrucción y reparación de la infraestructura palestina.

Por su parte, Egipto acaba de firmar un acuerdo con Israel, bajo el liderazgo de Netanyahu, para exportar gas natural, propiedad de los palestinos, a Egipto por un valor estimado de 35.000 millones de dólares, lo que representa el mayor contrato energético en la historia del país.
Mientras que Catar y los Estados Unidos son socios y aliados estratégicos, lo que significa que los intereses palestinos son lo último en la mente de los “mediadores y negociadores de la paz”.
De hecho, y a pesar de los cientos de violaciones al “alto al fuego” ninguno de estos tres países ha dicho o hecho nada para exigir a Israel el cumplimiento de lo pactado.

Todos, sin excepción, han querido justificar las acciones israelíes, dejando a un lado el derecho de los palestinos a existir y vivir en sus propias tierras y, sobre todo, su dignidad y humanidad.
En el pacto de octubre, se destacaba la liberación y el intercambio de rehenes, la entrada de ayuda humanitaria, la reconstrucción de Gaza, y la búsqueda de una solución o negociación para el cese del “conflicto”. Y a pesar de que, Hamas entregó la totalidad de los rehenes, vivos y muertos, al día de hoy, Israel mantiene a más de 10 mil palestinos secuestrados en prisiones, sin que los mismos hayan sido acusados de cometer ningún tipo de crimen.

La principal condición para la tregua inicial fue el intercambio de rehenes israelíes, capturados el 7 de octubre del 2023, a cambio de prisioneros palestinos, algunos con más de 20 años en cárceles israelíes, por el simple hecho de ser palestinos.

La proporción de este intercambio y la identidad de los prisioneros palestinos son puntos de fricción política significativos. Doctores, catedráticos, activistas, y ciudadanos comunes permanecen encerrados sin que Israel los libere. Cosa conocida a nivel mundial, sin que nadie haya hecho algo para obligar a Israel a descontinuar la práctica de violaciones de derechos humanos.

La ayuda humanitaria, por su parte, imprescindible para la sobrevivencia de los palestinos ha sido insuficiente, limitada y medalaganariamente restringida.

La tal “asistencia humanitaria” pactada ha sido una simple excusa para continuar aniquilando, por inanición, a la desamparada población palestina.

La realidad es que, el “alto al fuego” ha representado un “respiro” ficticio que le ha permitido a los lideres del mundo continuar con sus vidas, justificando su inacción con un “cese al fuego” inexistente.

El “alto al fuego” ha sido solo una excusa para continuar robando, asesinando y eliminando sistemáticamente a la población palestina.

Mientras que, para los pobres palestinos “el alto al fuego” representa un respiro crucial y necesario, pues enfrentan una catástrofe humanitaria sin precedentes, la cual no parece tener fin.

Si bien el “alto al fuego” ha permitido a algunas personas salir a buscar a sus seres queridos, “inspeccionar sus hogares” (o lo que queda de ellos, si es que queda algo), y en algunos casos, regresar a zonas de las que fueron desplazados, la mayoría no tiene a donde ir y tampoco un hogar adonde volver.

El sistema de salud colapsa, mientras la población muere lentamente ante los ojos del mundo. Ningún hospital en Gaza funciona a plena capacidad, por lo que hay una crisis de sanidad insostenible. Se necesitan suministros y personal médico de forma inmediata.

Muchos han dicho que la tregua es “frágil”, pero la verdad es que el tal “alto al fuego”, anunciado con “bombos y platillos”, no es y nunca ha sido real.

Israel, como siempre, continúa haciendo lo que quiere.

El Estado de Israel exige la destrucción total de las capacidades militares y de gobierno de Hamas, mientras que Hamas exige la retirada completa de las fuerzas israelíes y el fin del bloqueo, condiciones que son mutuamente excluyentes y que ponen en peligro la transición a la próxima fase en lo pactado.

Yo me pregunto ¿por Hamas continúa intentándolo? cuando es innegable que el acuerdo ha sido una simple estrategia para continuar con el genocidio.

Netanyahu sabe del descontento de la mayoría de la población mundial con el genocidio palestino, y que a pesar de gastar millones de dólares en campañas e influencers, no ha podido implementar la narrativa de “victima” que desearía.

Además, el liderazgo israelí sabe que debía equilibrar la exigencia de las familias de los rehenes por su liberación inmediata, y con las demandas de los sectores políticos de líneas dura, que se oponen a cualquier concesión a Hamas y buscan continuar la ofensiva hasta acabar completamente con el pueblo palestino.

Por lo que, el gran plan ha sido un “alto al fuego” que apacigüe el descontento internacional y que aplaque un poco la ira del pueblo israelí con Netanyahu.

La estrategia ha sido casi perfecta. Un “alto al fuego” lleno de hoyos y trampas que permiten a Israel continuar con lo que, desde 1947 nunca ha pausado.

El saqueo sigue, la limpieza étnica continúa, y la tragedia de “ser” palestino seguirá sin que nadie haga algo para detener a Trump y a Netanyahu.

Las consecuencias siguen y seguirán siendo devastadoras para los palestinos.

Los palestinos no están muriendo mágicamente, los están asesinando.

Se quiere justificar lo injustificable, algo que no debemos permitir.

Debemos seguir hablando sobre Palestina. Debemos continuar protestando en contra de las acciones de Israel. Debemos levantar nuestras voces, más altas que nunca, y pedir justicia para el pueblo palestino.

De no hacerlo, seremos cómplices y seguiremos perdiendo la poca humanidad que nos queda.


Por: Carolina Saddler.

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