RESUMEN
El crecimiento económico de la noche a la mañana del tipo no se detiene y todo indica que seguirá su agitado curso. Adquiere bienes raíces aquí y allá, vehículos caros, grandes extensiones de terreno y tiene más ahijados que Trujillo, ya que, al ser el nuevo emprendedor, es al mismo tiempo el más solicitado para los bautizos; de ahí que eso es compadre para acá, compadre para allá.
El nuevo compadre despierta una mañana y le dice al vecino, que es dirigente de un partido político, que había soñado con ser congresista, alcalde, regidor o director de un distrito municipal, pero que eso solo era un sueño, ya que él nunca había militado en partido alguno y, por lo tanto, era mejor seguir dedicado a su nuevo proyecto de panadería, donde le va muy bien. El vecino solo pensó: ¿y dónde está el horno?
El compadre siguió muy dedicado a su negocio y los bienes se multiplicaban como peces, pero siempre recordaba el sueño, así que decidió volver donde el vecino para decirle que, si quería algunos panes para sus reuniones, que los pidiera, que él, con gusto, se los iba a regalar. A partir de ahí, las reuniones fueron más frecuentes y mucho más concurridas.
La esposa del vecino, que esperaba un niño, le preguntó: ¿y quién será el padrino? Oh, mi compadre, el de los panes. Así llegó el día del bautizo y entre los presentes había varios dirigentes del partido en el que militaba el vecino. El brindis fue tan suculento que llamó la atención de la dirigencia política presente, lo que motivó al que parecía de mayor rango a preguntarle al vecino: ¿y quién lo ayudó? Oh, mi nuevo compadre, ¿quiere saludarlo? Claro que sí.
Pasaron varios días después del bautizo y el vecino no había vuelto a ver al panadero, que ahora era su compadre, pero en eso llegó una invitación del partido para una reunión. Salió para allá. Al llegar al salón, la sorpresa fue mayor, ya que el panadero, que ahora era su compadre, estaba sentado al lado del presidente y del secretario general del partido, con quienes conversaba animadamente. Se rascó la cabeza y pensó: ¿cuántas fundas de panes habría entregado el panadero a la alta dirigencia? Porque yo tengo un comité de base y nunca me he sentado ahí arriba.
Una tarde, cuando el vecino terminó de conchar, llegó a su casa y lo primero que le dijo su esposa fue: mira, sobre la mesa hay unos afiches que te dejó el panadero para que los distribuyas en el barrio. ¿Afiches? ¿Y ahora va a promover el pan? No. ¿Y para qué son?, preguntó, y sin dejar de caminar fue derecho a la mesa y tomó el paquete. Al verlo, cayó de bruces al sillón, ya que decían: «Un panadero al Senado».
El vecino era un viejo dirigente del partido, tan viejo como el carro que alquilaba para conchar, así que lo primero que hizo fue colocarle uno a su carrito, que además le iba a evitar que, si llovía, los pasajeros se mojaran, y salió para la casa del panadero, que ahora era su compadre, y le dijo: aquí le traigo las fotos del bautizo para que las veas y, al mismo tiempo, venga para que eche un vistazo a su afiche, que ya lo pegué en el carrito. Eso sí, como usted es mi compadre, tengo que decirle la verdad, así que, si un día usted ve el carro sin el afiche, se debe a que el dueño me pidió que lo quitara y así lo hice, ya que con ese cacharro es que mantengo a su ahijada. Entonces le preguntó el panadero, que ahora era su compadre: ¿y no es suyo? No, no es mío.
Un sábado a las 12:30 p. m., sonó una bocina y el vecino salió. Sorpresa, era el panadero, quien dijo al verlo: compadre, échele un vistazo y, si le gusta, póngale un afiche de mi candidatura y tenga la llave, que ese es suyo. Era un carro usado, pero en buenas condiciones, a lo que el vecino respondió: gracias, mi compadre, ahora con Dios y conmigo usted será legislador de esta provincia. Una cosa más: si le falta algún empleado en una de sus bancas de loterías, tengo un sobrino para que lo ponga a ganarse la comida. Y, caminando hacia su todoterreno, le dijo: «Cuente con eso», y se fue. 1 de 2.
Por Jesús María Hernández
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