RESUMEN
La oratoria es una capacidad que trasciende la persuasión, colocándose en la posibilidad real de crear percepción acerca de lo que pregona con sus palabras el que posee tal capacidad. En ese orden, la oratoria se puede combinar con la psicología para trabajar el mecanismo individual que cada persona posee y utiliza, que consiste en recibir, interpretar y comprender las señales que provienen del exterior. En este caso en particular, las señales que vienen a través de la capacidad de orador para encantar con sus palabras al que escucha su discurso, observa sus gestos e identifica algunas señales con significados a través de sus ademanes.
Es una actividad humana preparada y organizada por profesionales para que las personas que actúan como receptoras, vayan codificando lo que perciben a partir de la actividad sensitiva de su organismo biológico y psicológico, en donde van recibiendo una serie de datos nacidos desde el orador como emisor de los mensajes. Estos mensajes captados por los individuos a través de sus cuerpos, van siendo datando desde sus sentidos, descodificando las informaciones emitidas en bruto. Para los receptores estas informaciones van adquiriendo significados, luego de que cada uno de ellos les procesen cognitivamente, porque sabemos que la cognición es parte integral de la percepción, porque discrimina de acuerdo a los intereses y valores del que escucha, siente u observa. Este proceso debe ser comprendido por los docentes y procesado por las escuelas, a través de su currículo y sus estrategias en sentido general.
Como ustedes saben, las ciencias y las técnicas que manejan el mercado utilizan la percepción para orientar la publicidad. Es comúnmente sabido, que cuando un producto quiere ser ofertado al público, se trabaja a través de la percepción. Se trata de un proceso cualitativo en donde los expertos van reflexionando, analizando y estudiando el mercado para intentar comprender de qué manera las personas perciben ese producto como agente exterior, para tratar de encontrar la mejor forma de entrar ese producto en su resquicio de necesidades prioritarias.
La Inteligencia Lingüística, sobre la que se monta la capacidad del orador, a veces esta desarrollada en personas que traen en sus genes dotes de oradores, con una gran actitud positiva para el habla, apareciéndose esta importante Inteligencia, como estimuladora entre los que tienen la oportunidad de ir a la universidad para escoger carreras como el derecho, la política, la comunicación social, profesores, psicólogos, poliglotas, escritores y poetas.
La Inteligencia Lingüística se desarrolla a través de actividades sencillas, las que la escuela puede desarrollar desde la asignatura de Lengua, en nuestro caso particular, la Lengua Española. Mejorar su propia lengua es trascendental para desarrollar esta Inteligencia, pero, también aprendiendo otras lenguas. Es común observar que los individuos que poseen desde temprana edad tendencias a dominar esta Inteligencia, adoptan hábitos tempranos de lectura, en donde viven retándose a sí mismos para comprender lo que leen.
Desde ese punto de mira, consideramos que la escuela debe propiciar la lectura, para trabajar la expresión literaria, practicar el dictado, los juegos de palabras, los ejercicios de interpretación y comprensión de lo que leen los actores participantes en los escenarios escolares. Es que el pensamiento lingüístico se potencia desde los primeros años de escolaridad a través del juego de palabras y los ejercicios en los procesos áulicos.
Trabajar la resolución de crucigramas, es una simple forma de elevar la capacidad practica de los niños, adolescentes y jóvenes. Pero, si la escuela quiere desarrollar la oratoria entre sus estudiantes, no debe olvidar que debe hacerlo sobre un pensamiento crítico, porque este constituye una de las inquietudes que con mayor interés se debate en los foros académicos, interesados en los procesos de aprendizaje en este tiempo de la historia humana. En este estadío histórico los individuos vamos careciendo cada día más de profundidad de análisis, por lo que, los profesores deben preocuparse por saber en qué consiste el pensamiento y cómo enseñar a sus alumnos a pensar y comprender lo que ven, leen o escuchan.
Hoy más que nunca se necesitan escuelas que sientan la necesidad de formar estudiantes más autónomos, más creativos y capaces de tomar riesgos calculados, capaces de desarrollar habilidades para pensar mejor y que le faciliten relacionarse con los conocimientos y las realidades del contexto, con criterios propios y, por ende, cada uno llegar a convertirse en seres humanos con mayores márgenes de libertad.
Lo que acabamos de afirmar significa, que, la Inteligencia Lingüística como todas las demás, necesita de individuos capaces de pensar y comprender, para de esa forma estar por encima de la Inteligencia Artificial, para poder conducirla desde sus intelectos, sus prácticas y sus cualidades cognitivas.
El presente y el futuro necesita de individuos inquisitivos, que estén bien informados, que confíen siempre en la razón, pero, que la razón no les baste. Personas con mente abierta, practicante de la escucha y la flexibilidad, que busquen la justicia en las evaluaciones, capaz de practicar la introspección, que ejerza la prudencia y que esté dispuesto a cambiar de opinión, si concluye objetivamente, que otros tienen la razón.
Este momento histórico requiere de personas que sean capaces de ordenarse para enfrentar situaciones que lleven visus de complejidad, porque hoy abundan las personas vacías de pensamiento, capaces de no importarle lo que sucede a su alrededor y sin criterios de selección.
Por Francisco Cruz Pascual
