RESUMEN
Aunque parezca incomprensible, me preocupa profundamente, valga la redundancia, la preocupación del presidente de la Suprema Corte de Justicia y por ende del Poder Judicial, Magistrado Luis Henry Molina, en el sentido de enfrentar la mora judicial, en principio es una iniciativa valiosa, tanto como peligrosa si no se acompaña de una unidad de control de calidad de los fallos.
Todos los abogados que ejercemos nuestra carrera sabemos perfectamente la gravedad de un ejercicio judicial puesto al servicio de las estadísticas, cualquier excusa da lugar a un esperpento bajo el título de “fallo”, cualquier excusa subsanable administrativamente a través de un correo electrónico da lugar a un rechazo de instancias, todo para cerrar el año con un número x de “sentencias”, por no profundizar en el tema de la pobreza estructural de muchas sentencias en las que resulta ostensible que no se responden los argumentos fundamentales de las partes y por vía de consecuencia incurren en la omisión de estatuir.
Acojo y pondero muy positivamente la buena voluntad del señor presidente de la Suprema Corte de Justicia con el tema, sin embargo, le invito a ponderar la creación, en el marco de la inspectoría judicial, una unidad de análisis y de control de calidad de sentencias que sirva de auditoría técnica e insumo para la elaboración del perfil de los jueces que permita una adecuada valoración a la hora de promoverlos en la carrera judicial, evitando así la promoción inmerecida de recursos humanos que terminan siendo obstáculos para el adecuado desempeño del servicio, pero que además se instituya la destitución de jueces por incapacidad manifiesta y ostensible para el ejercicio de la función, incluyendo en ello el mareo de unos cuantos que ignoran la palabra donaire al momento de ejercer su autoridad, especímenes que aunque son minorías, abundan más de lo que debieran en el sistema.
Lo antes dicho no pretende bajo ningún concepto ignorar que los vicios señalados puedan opacar los interesantes avances y logros sostenidos, la verdad debe ser dicha, se viene haciendo un esfuerzo loable en la mejora de sus recursos humanos y eso se nota, solo amerita reforzar, en algunos casos, el tema de los buenos modales para contrarrestar la incapacidad de administrar el devaneo de algunos espíritus pequeños, incapaces de enfrentar la vanidad generada por una autoridad ejercida con absoluta ignorancia de la palabra donaire, clave para el adecuado ejercicio de la autoridad, un tema complejo porque se trata de la construcción de una cultura en un medio en que el hogar y la escuela vienen profundizando sus respectivas crisis.
Otro aspecto de mejora a considerar no depende exclusivamente del Poder Judicial, involucra necesariamente la conciliación con el Poder Ejecutivo y el Congreso Nacional, consiste en una apropiada provisión de fondos para la ampliación del servicio, entre otras carencias. Cuando usted solicita una fijación de audiencia en un recurso de apelación y se la fijan a seis meses, esa es otra variante de mora judicial, pero esta vez se produce por un exceso de trabajo ante la falta de recursos para la creación de nuevas salas para enfrentar el volumen de los expedientes, es un tema grave al que se une la falta de equipamiento adecuado de la mayoría de los tribunales en lo que concierne a la digitalización y eficacia de sus servicios, como por ejemplo la grabación de las audiencias in extenso, para culminar con el grave problema de las deficiencias de las actas de audiencia, por sólo citar un caso.
A lo antes dicho también debe agregarse el tema de la digitalización, otro aspecto extremadamente positivo que viene expresando logros relevantes entre los que quisiera destacar el Centro de Contacto del Poder Judicial, que, aunque tiene muchas cosas que mejorar, es un instrumento prometedor, valioso y que expresa una mística de servicio eficiente; lo mismo podríamos decir de la. política de Acceso Judicial que recientemente anunció la integración del cien por ciento de las salas civiles y comerciales a nivel nacional, aspecto sobre cuyas bases vendrá indudablemente una agilización de los procesos. De manera que, vistas las reflexiones del día del Poder Judicial, tenemos motivos para reír y llorar, pero en ningún caso para lamentarnos más de lo debido, se viene avanzando y en todo caso eso abre las puertas de la esperanza, mientras, gracias por los logros obtenidos y por los que están en curso, pero no nos detengamos, los males son estructurales, muchos de ellos asentados en una mala cultura que debe ser transformada de manera paciente y permanente.
POR JOSÉ RICARDO TAVERAS BLANCO
