RESUMEN
Timothy Dexter: el loco que venció al sentido común
A veces, la intuición de un “tonto” vale más que el juicio de cien expertos. Esta es la historia de un comerciante sin estudios, sin lógica… y con una suerte que desafió toda explicación
En el mundo del emprendimiento, solemos aplaudir al visionario, al que planifica todo al milímetro, al que nunca falla. Pero hay historias que descolocan esta lógica. Una de ellas es la de Timothy Dexter, el comerciante estadounidense del siglo XVIII conocido como «el idiota más afortunado de la historia».
Nacido en 1747 sin educación formal ni contactos influyentes, Dexter se lanzó al mundo de los negocios con más entusiasmo que preparación. Se convirtió pronto en objeto de burla entre los comerciantes de su época. Su falta de formación era tal que muchos pensaban que cualquier cosa que hiciera terminaría en ruina.
Pero ocurrió todo lo contrario. ¿Ignorancia o genio disfrazado?
En una ocasión, escuchó que en las Indias Occidentales (actual Caribe) se necesitaban biblias y guantes. Sin tener en cuenta el clima tropical, compró 40 mil biblias y otros tantos pares de guantes, y los mandó sin más. El resto del mundo se rió.
Pero entonces estalló un movimiento religioso en la región y las biblias se vendieron en masa. Y como si el destino jugara a favor del “loco”, una flota rusa ancló en el Caribe y compró todos los guantes antes de partir al frío del norte.
Más tarde, Dexter envió carbón a Newcastle, el centro minero del Reino Unido, algo tan absurdo como vender hielo en la Antártida. Pero una huelga inesperada paralizó las minas locales, y su cargamento se convirtió en una joya comercial.
Dexter, que no sabía lo que hacía según sus colegas, terminó multiplicando su riqueza. Su “locura” venció al sentido común.
Otros locos con suerte (o con coraje)
La historia de Dexter no es única. Hay otros casos donde el error, la intuición o la osadía produjeron grandes hallazgos:
El pegamento de los Post-it nació como un fallo. Era demasiado débil… hasta que alguien lo usó para dejar notas sin estropear nada.
El microondas se inventó cuando un científico notó que una barra de chocolate se le derretía junto a un radar militar.
El doctor Ignaz Semmelweis fue ridiculizado por pedir a los médicos que se lavaran las manos. Años después, se convirtió en pionero de la medicina moderna.
Cuando no sabes que es imposible, a veces lo logras.
Timothy Dexter terminó acumulando una fortuna, y dejando perplejos a quienes lo habían despreciado.
¿Y qué nos enseña todo esto?
Lo que nos enseñan estos casos es que no siempre hay que tenerlo todo claro para intentarlo. Que a veces es mejor actuar con el corazón que quedarse paralizado por el cálculo. Que incluso los errores pueden abrir puertas.
Si tienes una idea que parece loca, absurda o inútil… no la descartes solo porque otros no la entiendan.
Que el mundo no siempre premia al más preparado, sino al más valiente. Y que el ridículo de hoy puede ser el acierto de mañana.
Emprender no siempre es tener todo calculado; a veces, es atreverse cuando nadie cree en ti.
Así que si tienes un sueño, un proyecto, una idea que parece loca, no la deseches. Porque quizás, como Timothy Dexter, estás más cerca del acierto de lo que imaginas, a punto de tropezar con algo grande.
Porque, al fin y al cabo, de cualquier yagua vieja sale un alacrán.
Por Domingo Núñez Polanco
