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29 de enero 2026
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OpiniónVALENTIN CIRIACO VARGASVALENTIN CIRIACO VARGAS

Davos 2026: La “Junta de Paz” de EE. UU. y el funeral del orden multilateral

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RESUMEN

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Davos 2026 será recordado como el funeral del orden mundial de posguerra y el nacimiento de un nuevo desorden basado en la fuerza bruta y la imposición unilateral.

«Davos ya no es solo un termómetro del capital global; es el campo de batalla donde se redibuja el mapa del poder mundial.»

I. INTRODUCCIÓN

Del 19 al 23 de enero de 2026, casi 3,000 líderes de 130 países se congregaron en los Alpes suizos para la 56.ª edición del Foro Económico Mundial. Sesenta y cinco jefes de Estado y de gobierno —récord histórico del foro—, junto a 830 CEOs de las principales corporaciones del planeta, llegaron bajo el tema oficial: “Un espíritu de diálogo: cooperación en un mundo en disputa”.

Nunca antes Davos había visto tanta participación política de alto nivel. Y nunca antes había alcanzado tan poco consenso.

Creado en 1971, el Foro de Davos no es un parlamento mundial: aquí no se vota, no se gobierna, no se firman tratados vinculantes. Es una plataforma global donde convergen política, economía, tecnología y geopolítica para proyectar el futuro del orden mundial. Durante décadas, las conversaciones en sus salones han precedido reformas económicas, acuerdos comerciales y distensiones diplomáticas. En 1988, Grecia y Turquía evitaron la guerra aquí. En 1992, Mandela y De Klerk anunciaron el fin del apartheid desde esta tribuna.

Pero Davos 2026 será recordado por algo muy distinto: no por el consenso que construyó, sino por el que destruyó.

Mientras los paneles oficiales hablaban de “cooperación”, en los pasillos se respiraba otra realidad: el colapso del multilateralismo de posguerra y el nacimiento de un orden basado en el poder unilateral y las amenazas explícitas.

La tesis es clara: Davos 2026 certificó la muerte del multilateralismo que nació en 1945 y el bautismo violento de un mundo fragmentado donde Washington ya no negocia: impone.

II. DAVOS COMO TERMÓMETRO DEL PODER GLOBAL

El Foro Económico Mundial no tiene ejércitos ni emite leyes. Y, sin embargo, lo que ocurre aquí mueve al mundo.

Davos funciona como termómetro del poder global: mide quién tiene la palabra, quién marca la agenda, quién define los términos del debate. Es donde se entrelazan crecimiento económico, conflictos internacionales, cambio climático, inteligencia artificial, transición energética y desigualdad social.

El verdadero poder reside en sus reuniones privadas: bilaterales entre presidentes y CEOs, encuentros secretos entre ministerios y fondos soberanos, acuerdos tácitos que nunca aparecerán en comunicados oficiales. Ahí se decide qué empresa dominará el litio del futuro, qué país recibirá inversión verde, qué gobierno será aislado.

Durante décadas, Davos fue el escenario donde el poder se civilizaba, donde los intereses en conflicto buscaban puntos de encuentro.

Davos 2026 rompió ese patrón. Esta vez fue el escenario donde Estados Unidos anunció que ya no jugaría según las reglas del sistema que él mismo creó.

III. LOS EJES DE LA FRACTURA GLOBAL

A. La ofensiva unilateral de EE. UU. y la crisis de la OTAN

¿Alianza defensiva o vasallaje? La OTAN ante la paradoja de un líder que amenaza a sus propios miembros.

El 7 de enero de 2026, doce días antes de Davos, Estados Unidos abandonó 66 tratados y organismos internacionales. Sin consultas previas, sin transición. Fue un repudio unilateral al entramado jurídico de ocho décadas: acuerdos de derechos humanos, control de armas, convenios ambientales, pactos comerciales.

El mensaje: Washington ya no se considera vinculado por normas que limiten su capacidad de acción.

En Davos, Estados Unidos presentó su reemplazo: la “Junta de Paz” (Board of Peace). Anunciada el 15 de enero por Trump, firmada el 22 en ceremonia oficial durante el foro. La propuesta: una estructura de “gobernanza para la paz”, con membresía permanente a cambio de mil millones de dólares, bajo liderazgo estadounidense, sin veto multilateral.

De 62 países invitados, solo 19 firmaron: Argentina, Turquía, Hungría, entre otros. Ningún aliado tradicional de Europa Occidental se sumó. Canadá recibió invitación, pero, tras el discurso crítico de su ministro de Finanzas, Mark Carney, Trump la revocó.

Diplomáticos europeos y latinoamericanos lo calificaron como “un golpe mortal a la ONU”. Medios como The Guardian lo describieron como “un club de pago para acceder a Trump”.

Analistas críticos fueron más lejos: lo que Estados Unidos estaba haciendo era decretar el fin del ordenamiento mundial liberal de posguerra, un orden que había sido totalitario y odioso, fundamentado en supuestas normas que solo aplicaban cuando convenían a Occidente. Ahora, ni siquiera mantenían la ficción: lo reemplazaban con dominación abierta.

La paradoja letal: amenazas a un miembro de la OTAN
Pero la crítica más devastadora vino de dentro: ¿cómo proponer una nueva arquitectura de seguridad cuando simultáneamente amenazas militarmente a tus propios aliados?

Groenlandia, territorio danés, y Dinamarca, miembro fundador de la OTAN, enfrentaron amenazas explícitas de Trump: tomaría Groenlandia “a como dé lugar”, incluyendo el uso de la fuerza militar.

La justificación estratégica es transparente: Groenlandia posee recursos minerales críticos (tierras raras, litio, uranio), controla rutas árticas estratégicas y alberga la Base Aérea Pituffik, fundamental para la defensa antimisiles. Con China y Rusia expandiéndose en el Ártico, Washington considera Groenlandia irrenegociable.

Pero Groenlandia es parte de un país aliado, miembro de la alianza militar que EE. UU. lidera desde 1949.

¿Cómo funciona una alianza de defensa colectiva cuando el líder amenaza con invadir el territorio de un miembro? ¿Qué significa el Artículo 5 —un ataque contra uno es un ataque contra todos— si el garante es quien lanza la amenaza?

En Davos, representantes daneses enfrentaron un dilema imposible: denunciar implicaba romper con su proveedor de seguridad; callar significaba aceptar que su soberanía es negociable.

La UE emitió una condena formal, pero tibia y fragmentada. Europa del Este, aterrorizada ante Rusia, evitó criticar duramente a Washington. Francia y Alemania llamaron a la “autonomía estratégica”, sin capacidad militar para respaldarla.

Si Estados Unidos puede amenazar a Dinamarca, ¿qué aliado está seguro?

La OTAN se tambalea. Su credibilidad como alianza basada en valores compartidos ha sido erosionada desde dentro. Lo que queda es dependencia, donde aliados menores aceptan lo que Washington decida.

B. Geopolítica de los recursos: la nueva doctrina expansionista

Groenlandia no es un caso aislado. Es parte de una doctrina más amplia: control territorial y dominio de recursos estratégicos, con amenazas explícitas, sin mediación diplomática.

Washington multiplicó amenazas hacia Canadá (rutas árticas), México (intervención militar), Panamá (control del Canal), Cuba (cambio de régimen), Irán (máxima presión). Sin justificación legal internacional, sin resoluciones de la ONU, sin coaliciones.

Es una nueva Doctrina Monroe del siglo XXI: cualquier región que Washington considere vital se convierte en esfera exclusiva de influencia estadounidense.

Venezuela: el quiebre del derecho internacional
El bombardeo y captura del presidente Maduro y su esposa disipó cualquier duda sobre hasta dónde llegaría Estados Unidos.

Independientemente de la legitimidad del gobierno venezolano, el método representa un quiebre de los principios de soberanía y autodeterminación de los pueblos.

Estados Unidos bombardeó territorio venezolano, capturó al jefe de Estado y lo trasladó a suelo estadounidense. Sin orden internacional, sin operación conjunta con organismos regionales. Acción unilateral de cambio de régimen por la fuerza.

El precedente es devastador: si puede hacerlo en Venezuela sin respaldo jurídico internacional, ¿qué gobierno está protegido por el principio de soberanía?

El mensaje es claro: en el nuevo orden, la soberanía es un privilegio que solo algunos pueden permitirse.

En Davos, líderes latinoamericanos y africanos expresaron en privado su alarma. La gobernanza global ha dejado de ser marco de restricción para el poder estadounidense.

C. La contradicción entre retórica y acción

Mientras esto ocurría, el programa oficial continuaba como si nada. Más de 200 sesiones discutían “crecimiento inclusivo”, “transición energética”, “ética en IA”, “desigualdad social”.

En sesiones plenarias, líderes hablaban de “cooperación global” y “construir puentes”. Se anunciaron iniciativas climáticas y compromisos de regulación de IA.

Pero en los pasillos, las conversaciones eran distintas: CEOs de defensa negociaban contratos multimillonarios con gobiernos aterrorizados; fondos soberanos reposicionaban activos ante la fragmentación comercial; potencias tecnológicas exploraban alianzas excluyentes.

La retórica pública hablaba de cooperación. La realidad privada preparaba la confrontación.

Los temas “oficiales” fueron eclipsados por los “reales”: reconfiguración de alianzas, control de recursos, preparación para un mundo sin instituciones multilaterales funcionales.

Davos 2026 demostró que el multilateralismo retórico sobrevive, pero el multilateralismo funcional ha muerto.

IV. ACTORES EN CONFLICTO: PARÁLISIS, BENEFICIOS Y SILENCIOS CÓMPLICES

Europa: tres errores estratégicos y parálisis resultante
Europa llegó a Davos atrapada en las consecuencias de tres errores estratégicos históricos:

Primer error — Dependencia energética de Rusia: A pesar de tres años de guerra en Ucrania, Europa sigue pagando €60 millones diarios (€1+ mil millones mensuales) por combustibles fósiles rusos. En 2024 transfirió €21.9 mil millones a Moscú, financiando involuntariamente al adversario. Europa sigue siendo el mayor comprador de GNL ruso: 49% de sus exportaciones.

Segundo error — Dependencia comercial de China: Europa importa €1,400 millones diarios desde China (€517.8 mil millones anuales), con un déficit comercial de €304 mil millones. China representa el 21.3% de las importaciones extra-UE. Europa entregó su capacidad productiva al gigante asiático.

Tercer error — Dependencia militar de EE. UU.: Europa puso su defensa en manos de Washington, sin capacidad autónoma. Ahora enfrenta la paradoja: su proveedor de seguridad amenaza militarmente a Dinamarca, y Europa no tiene ni fuerza ni voluntad para defenderse.

Ante las amenazas sobre Groenlandia y la “Junta de Paz”, Europa enfrentó un dilema sin salida: confrontar a EE. UU. implica perder protección ante Rusia; aceptar su primacía significa resignarse a ser socios sin soberanía.

Europa no pudo elegir. El Este (Polonia, países bálticos) priorizó la protección de Washington. Francia y Alemania llamaron a la “autonomía estratégica” sin capacidad real. La presidenta de la Comisión Europea se limitó a negociar acuerdos comerciales con India.

Resultado: condenas tibias y parálisis estratégica. Europa ya no es un actor geopolítico autónomo.

Rusia, China, BRICS: beneficiarios silenciosos
Rusia observa como beneficiario principal sin intervenir activamente. La crisis de la OTAN cumplió su objetivo: debilitar la alianza desde dentro. Fortaleció su alianza con China mientras Europa se divide. Usa BRICS como plataforma de legitimación, presentándose como víctima del unilateralismo occidental, mientras la conducta estadounidense en Davos validaba esa narrativa.

Sin embargo, la postura rusa ante las violaciones del derecho internacional por parte de EE. UU. ha sido notablemente tímida, evitando la confrontación directa y priorizando intereses estratégicos sobre principios de soberanía.

China adoptó una observación calculada. La crisis atlántica y el desprestigio de las instituciones multilaterales occidentales fortalecen su narrativa: el orden liberal era hegemonía estadounidense disfrazada. Pekín no necesita atacar; le basta dejar que Washington se autodestruya mientras consolida alternativas institucionales. Frente al nuevo escenario de agresión abierta, China ha visto la necesidad de reforzar su presencia defensiva en el Mar de China Meridional y otras áreas de influencia, en un contexto donde la fuerza bruta parece haberse convertido en la nueva norma.

BRICS llegó a Davos en su momento de mayor expansión: 11 miembros plenos, 13 países “socios”, 32 naciones interesadas, representando el 40% de la población mundial y el 37.3% del PIB global. Construyen instituciones alternativas funcionales: Nuevo Banco de Desarrollo (USD 32 mil millones financiados), BRICS Pay (alternativa a SWIFT), comercio en monedas locales (evitando el dólar).

Se definen como “no occidentales, no antioccidentales”, pero la crisis de Davos 2026 aceleró dramáticamente su atractivo: cuando el orden multilateral occidental colapsa y Washington amenaza incluso a aliados, las instituciones paralelas se vuelven necesarias para la supervivencia estratégica.

No obstante, tampoco han adoptado posturas firmes frente a violaciones del derecho internacional, mostrando pragmatismo excesivo donde se requiere principismo.

América Latina y el Sur global: la voz ausente
La ausencia más notable fue la del Sur global organizado. Países africanos, centroamericanos y del Sudeste Asiático apenas tuvieron voz en los debates centrales.

Brasil y América Latina quedaron paralizados por el precedente de Venezuela: el bombardeo y captura de Maduro establece que ningún gobierno latinoamericano está protegido si Washington decide que es un problema.

Las decisiones en Davos los afectan directamente: fragmentación comercial, colapso de la cooperación climática, militarización de rutas marítimes, abandono de tratados de derechos humanos. Pero no fueron consultados, no fueron escuchados.

Davos 2026 confirmó que, en el nuevo orden emergente, el Sur global sigue siendo objeto de decisiones de grandes potencias, no sujeto con capacidad de influir.

Mark Carney: la voz que nombró la realidad
En medio del silencio generalizado, una voz se alzó con claridad: Mark Carney, ministro de Finanzas de Canadá, pronunció el 20 de enero un discurso que recibió algo rarísimo en Davos: ovación de pie.

Carney fue “inusualmente franco, tanto para Davos como para un canadiense”. Sus palabras resonaron porque nombraron lo que todos veían, pero pocos decían:

“El orden internacional basado en reglas ha experimentado una ruptura, no una transición”, declaró, señalando directamente el colapso del sistema de posguerra.

Sobre la coerción económica: “Las grandes potencias han comenzado a usar la integración económica como arma, los aranceles como palanca, la infraestructura financiera como coerción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar”.

Llamado a potencias medias: “Los países están ganando el derecho a posturas de principio al reducir su vulnerabilidad a represalias. Si no estamos en la mesa, estamos en el menú”.

Citando al disidente checo Václav Havel: “Cuando incluso una persona deja de actuar bajo la mentira, la ilusión comienza a agrietarse. Amigos, es tiempo de que las empresas y los países quiten sus letreros”.

El presidente de Finlandia lo llamó “uno de los mejores discursos en Davos esta semana”. El ex primer ministro de Australia advirtió: “Si dependes de Estados Unidos, Trump usará eso como vulnerabilidad y la explotará”.

Trump respondió: “Canadá vive gracias a Estados Unidos. Recuerda eso, Mark”, y revocó la invitación canadiense a la “Junta de Paz”.

El episodio demostró dos cosas: primero, que aún hay líderes dispuestos a nombrar la realidad; segundo, que hacerlo tiene costos inmediatos.

Carney anunció que Canadá duplicará su gasto en defensa, reconociendo que la autonomía requiere capacidad de resistencia, no solo palabras.

La ovación a Carney fue un destello de lucidez en un foro que había elegido, mayoritariamente, la sumisión o el silencio.

Fuera del recinto, miles de activistas protestaron contra “la privatización de la gobernanza global”. Organizaciones como Amnistía, Oxfam y Greenpeace denunciaron que Davos es un club exclusivo donde élites deciden el futuro sin rendir cuentas. Pero sus voces quedaron fuera de los salones de decisión.

V. IMPLICACIONES GLOBALES

Un mundo sin reglas: fragmentación económica, colapso climático y la normalización de la intervención unilateral.

El fin del sistema de posguerra (1945–2026)
Durante 80 años, el mundo vivió bajo un sistema creado en 1945: ONU, derecho internacional, tratados multilaterales, instituciones de Bretton Woods, alianzas como la OTAN.

Ese sistema no era perfecto: asimetrías de poder, hipocresía occidental, neocolonialismo, parálisis del Consejo de Seguridad. Pero existía un marco normativo, una ficción de que las naciones debían respetar reglas, que la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos eran principios protegidos.

Davos 2026 marcó el fin de esa era.

El abandono de 66 tratados y organismos, las amenazas a Dinamarca, el bombardeo de Venezuela, la “Junta de Paz” que solo 19 de 62 invitados firmaron: Estados Unidos ha decidido que ya no necesita el sistema que creó en 1945.

Lo que emerge: “juntas” ad hoc, coaliciones de geometría variable, esferas de influencia no negociadas, poder unilateral sin restricciones.

No es un “nuevo orden mundial”. Es la ausencia de orden.

Normalización de la intervención unilateral
El bombardeo de Venezuela establece un precedente peligroso: si EE. UU. puede hacerlo sin respaldo jurídico internacional, el principio de soberanía y autodeterminación ha dejado de tener significado.

La normalización de la intervención unilateral destruye el último vestigio de orden global.

Lo que queda: la ley del más fuerte.

Fragmentación económica y climática
La fragmentación geopolítica genera volatilidad masiva en los mercados financieros. Las cadenas de suministro globales enfrentan el riesgo de desintegración. El comercio internacional enfrenta barreras, sanciones y controles que fragmentan mercados.

Como dijo Carney: las grandes potencias usan la “integración económica como arma, los aranceles como palanca, la infraestructura financiera como coerción”.

El dólar enfrenta cuestionamientos crecientes. BRICS, con el 37.3% del PIB global y 32 países interesados, explora alternativas. La fragmentación financiera se acelera.

El costo será enorme. Lo pagarán los más vulnerables.

Y la agenda climática global es la víctima silenciosa. Transición energética, reducción de emisiones, protección de biodiversidad requieren cooperación multilateral sostenida. Pero si los actores principales priorizan la confrontación sobre la sostenibilidad, ¿quién liderará la acción climática?

Respuesta de Davos 2026: nadie.

El cambio climático no espera. Pero el mundo ya no tiene un sistema funcional para enfrentarlo.

Escenarios: confrontación y fragmentación
Corto plazo (2026–2028): profundización de fracturas entre bloques, posible vaciamiento de la OTAN, escalada en Ártico, Pacífico y América Latina, mayor militarización, aceleración de adhesiones a BRICS.

Mediano plazo (2028–2035): mundo tripolar (EE. UU., China, Europa debilitada), fragmentación económica completa, colapso de cooperación climática, aumento dramático de la desigualdad, proliferación de “juntas” ad hoc.

El futuro desde Davos 2026: confrontación, fragmentación y dominio por la fuerza.

VI. CONCLUSIÓN

Davos 2026 será recordado como el momento en que el mundo dejó de fingir.

Durante décadas, las élites mantuvieron la ficción del multilateralismo: la idea de que las naciones podían resolver diferencias mediante diálogo, que existían instituciones legítimas, que el poder debía someterse a normas compartidas, que la soberanía y la autodeterminación de los pueblos eran principios universales.

Esa ficción ha muerto.

Davos 2026 reunió un récord de 65 jefes de Estado —la mayor participación política de su historia— y alcanzó el menor consenso jamás visto.

Estados Unidos abandonó 66 tratados y organismos, amenaza militarmente a sus aliados, propone una “Junta de Paz” que solo 19 de 62 invitados firman, bombardea y captura presidentes sin respaldo jurídico internacional.

Europa descubre que tres errores estratégicos —dependencia energética de Rusia (€60 millones diarios), dependencia comercial de China (€1,400 millones diarios), dependencia militar de EE. UU.— la dejaron sin autonomía real. No puede defender ni a Dinamarca de su “aliado”.

China y Rusia observan, beneficiándose del caos. BRICS se consolida aceleradamente. El Sur global sigue siendo espectador impotente, su soberanía convertida en ficción sin protección.

Mark Carney recibió una ovación de pie al declarar: “El orden internacional ha experimentado una ruptura, no una transición”, y advertir: “Si no estamos en la mesa, estamos en el menú”. Trump revocó la invitación canadiense. El mensaje: en el nuevo orden, decir la verdad tiene costos.

Davos 2026 fue el funeral del multilateralismo y el nacimiento de un mundo donde el diálogo ha sido reemplazado por la amenaza, el consenso por la imposición, las instituciones inclusivas por “juntas” exclusivas que responden solo al poder hegemónico.

Pero quizás, en medio de la oscuridad, algo más profundo está ocurriendo. El poeta Antonio Machado escribió en tiempos de derrota: “Para los estrategas, para los historiadores todo está claro: hemos perdido la guerra. Pero humanamente no estoy tan seguro… quizás hemos ganado.”

Porque más allá de los tratados rotos, las amenazas militares y las instituciones colapsadas, estamos ganando la batalla de la conciencia. La ovación de pie a Mark Carney, las protestas fuera del recinto, las voces críticas que se multiplican, las naciones que buscan alternativas —como BRICS y los países del Sur global—, todo señala hacia la victoria de la dignidad humana sobre la fuerza brutal del imperio.

Los imperios caen. Siempre lo han hecho. Pero la conciencia de los pueblos, una vez despierta, es indestructible.

Y esa, al final, será la verdadera victoria. Una victoria que se construye no desde los salones de Davos, sino desde la resistencia cotidiana, la solidaridad internacional y la decisión colectiva de no aceptar un mundo sin reglas ni dignidad.

Nota metodológica: Todas las cifras económicas y geopolíticas citadas proceden de informes oficiales del FMI, Banco Mundial, Eurostat y agencias de noticias internacionales durante enero de 2026, y están disponibles para verificación cruzada.


Por Profesor Valentín Ciriaco Vargas

Analista geopolítico y docente universitario

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