RESUMEN
Danilo Medina siempre ha puesto en práctica el pragmatismo, eso lo sabemos todos los que hemos compartido con él durante su vida militante y luego como miembro del Comité Político del partido que ayudó a construir desde la fragua del trabajo de base. No me sorprendo ante sus pronunciamientos, siempre cargado de interés individual, pero, cargado de lealtad partidaria.
Eso es indudable y hay que entenderlo por encima del apasionamiento, para no caer en su juego y entramparse en la palestra pública.
En sus últimas declaraciones dejó claro su protección al PLD, cuando declara que no habrá alianza con nadie, solo si su partido es el bonificado como cabeza de la misma. Es una posición correcta desde el punto de vista de la acumulación de simpatías de cara al candidato presidencial de su partido, porque si se abre a una alianza en primera vuelta estaría aniquilando sus posibilidades de crecimiento o el afianzamiento de su militancia.
Nadie tiene derecho de pedirle a un dirigente que suicide las expectativas internas de su organización. En cambio, si se puede trabajar en un acercamiento táctico que lo aleje de Hipolito Mejia y, por ende, alejarle de una realidad latente y objetiva: que pueda colocarse al servicio del PRM.
Desde esos litorales políticos y económicos, pudieran utilizar sus debilidades pequeñas burguesas, validándole la idea de que así podría diseñar una estrategia para evitar el crecimiento de la Fuerza del Pueblo y, muy especialmente de Leonel Fernández en la preferencia de los votantes.
En ninguna cabeza humana debe caber la idea de que Danilo Medina apoye a Leonel Fernández. A eso hay que obligarle bajo presión del partido morado, porque por su propia voluntad, nunca lo haría, porque un triunfo electoral de Fernández lo colocaría en posición difícil.
Eso le arruinaría moralmente ante el juicio de la historia, porque este último está obligado a realizar un gobierno de éxito en el mundo de la ética y de las realizaciones infraestructurales.
Volviendo al tema central de estas opiniones, no olvidemos que el pragmatismo es una corriente filosófica que hace énfasis en la utilidad de lo práctico, que utiliza los resultados de las ideas y de las acciones para su beneficio particular. Por ende, se olvida de la razón o de la verdad absoluta, menospreciando el conocimiento abstracto, esa capacidad cognitiva de comprender, procesar y razonar sobre las ideas, los conceptos, las teorías y las relaciones que no son físicamente observables ni tangibles en el entorno inmediato.
El pragmático menosprecia la poesía de la vida.
Danilo Medina es un político pragmático, por eso se enfoca en la premisa de cómo las ideas y conceptos pueden ser usados para resolver aquellos problemas que le perturban.
Él vive procurando predecir resultados que impacten a sus adeptos, siempre bajo la idea de ver, cómo las experiencias personales propias y de sus colaboradores más cercanos, le ayudan en la formación de una comprensión del contexto. su prioridad es poner énfasis en la acción y en la experiencia, considerando que la utilidad práctica y los resultados, son los criterios para evaluar la validez de una idea o de una teoría.
Recordemos que una premisa es una idea base, que se utiliza en lógica para sostener, justificar o deducir una conclusión.
Se trata de un el punto de partida que puede ser verdadero o falso.
Por lo dicho anteriormente, las palabras en un líder pragmático se convierten en herramientas para predecir y actuar. El leguaje y las ideas que se exponen en el léxico del liderazgo pragmático, procuran sustentar tomas de decisiones muchas veces egocéntricas, enfatizando el papel de la experiencia personal en la formación de la comprensión y de la supuesta verdad.
Para el pragmatismo es vital puntualizar la importancia de la interacción con el mundo de la práctica, como vía de validación de la adquisición del conocimiento real, por eso siempre se enfoca en lo utilitario.
Ese argumento de utilidad sobre todas las cosas, es el origen del discurso desarrollado desde el litoral del pragmatismo, que busca las consecuencias prácticas del pensamiento y pone el criterio de verdad en su eficacia y valor para la vida, obviando los ideales.
Por Francisco Cruz Pascual
