La República Dominicana ha venido construyendo una dinámica de diálogo que ha sido clave para su estabilidad política en las últimas seis décadas.
Esas conversaciones y acuerdos en los años más ácidos de la política se hacían por lo regular usando intermediarios. En esa práctica la Iglesia Católica, con monseñor Agripino Núñez Collado, jugó un papel determinante para superar situaciones de crisis políticas y sociales.
Incluso, empresarios, como don Alejandro Grullón, por ejemplo, fueron piezas claves para resolver complicaciones laborales entre empresas y trabajadores, y entre periodistas y los medios de comunicación.
Ahora el diálogo se hace cara a cara y eso de entrada contribuye a generar una cultura de diálogo mucho más sólida, y si las clases política y empresarial saben aprovecharlo podemos avanzar con los potenciales que tenemos como país.
