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8 de febrero 2026
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OpiniónJose Espinosa FelizJose Espinosa Feliz

Cuidado si «el Penco» se convierte en una «Abelada»

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Hay quienes intentan vender a Gonzalo Castillo —el Penco— como un fenómeno político. Pero debe tener cuidado con quienes buscan ensalzarlo, no vaya a sucederle lo mismo que a Abel Martínez, en lo que he denominado una «Abelada».

El Penco alcanzó notoriedad no por sus dotes intelectuales ni por un desempeño sobresaliente como ministro de Obras Públicas o como empresario próspero, sino por su torpeza frente a los medios de comunicación. También por el chocante mote que le endosó su jefe político, quien, eufórico en un discurso, quiso elevarlo sin darse cuenta de que el significado de «el Penco» en el sur resultaba diametralmente distinto en otras regiones del país.

El impacto y la popularidad de algunos políticos suelen estar sobrevalorados por comunicadores que, en muchos casos, responden a relaciones personales o económicas tejidas durante su paso por las instituciones públicas. Eso me recuerda a algunos personajes quienes solían repetir: «¡Ese sí es bueno…!». En otras palabras, hay medios que elevan, bajan o ignoran a las figuras según convenga a sus intereses, ya sean políticos, amistosos o económicos.

Muchos son exaltados mientras ocupan un cargo, pero, al dejarlo, pasan al olvido como un trapo viejo. Otros, en cambio, se mantienen vivos en la memoria porque aún se les percibe con posibilidades de volver al “panal de miel”. Son pocos los que, cuando el incumbente baja de la gloria —donde el «limpiasaquismo» es normal—, siguen cultivando una amistad sincera. En la presencia de esos pocos, me quito el sombrero.

Desempeño, impacto y realidad

Dicho esto, levanten la mano quienes creyeron que Abel Martínez, una vez convertido en candidato, tendría un desempeño electoral proporcional a la popularidad que acumulaba como alcalde de Santiago. Tenía una gran imagen, una ciudad ordenada y una férrea postura contra la inmigración haitiana que le granjeó afectos. Sus seguidores repetían: «El que organiza una provincia, organiza un país».

¿Por qué no logró el impacto que muchos esperábamos? Las razones son múltiples y no es el momento de abordarlas todas, pero lo cierto es que las expectativas se desplomaron estrepitosamente.

No es lo mismo ni es igual

Algunos analistas comparan el desempeño electoral de Abel con el de Gonzalo Castillo —el Penco—, destacando que este obtuvo un 37.46% mientras aquel solo alcanzó un 10.39%. Sin embargo, considero que es una comparación absurda. En el 2020, cuando Gonzalo fue candidato, el PLD llevaba 16 años consecutivos en el poder y, aunque sufrió un desmembramiento con la salida de su principal líder, Leonel Fernández, seguía siendo una maquinaria política fuerte.

No estuve de acuerdo con el nombramiento de Gonzalo Castillo en Obras Públicas —considero que el presidente Medina con esa disposición afectó el ejercicio profesional, contrapuesto a los sorteos de obras, que si beneficiaron a profesionales del área—, aunque reconozco que su gestión tuvo aciertos, como el programa de seguridad vial y otras acciones. Sin embargo, se extralimitó con operativos ajenos a las competencias del ministerio, desdibujando los límites entre función pública y proselitismo.

¿Por cuál se decide: Gonzalo o el Penco?

Hoy ya no se habla de Gonzalo Castillo, el empresario de éxitos, amistoso y cercano. Ahora es “el Penco”, un personaje que provoca tanto simpatías como burlas. Para algunos es entretenimiento hilarante. Pero los tiempos de esos personajes ya pasaron: Hipólito Mejía fue llevado al poder gracias a sus ocurrencias, sin tomar en cuenta sus incontinencias verbales, y castigado luego por esas mismas ocurrencias. Hoy se le siguen celebrando los chistes, pero ya sin el peso político de ante.

Queda por ver si, pasado cinco años, el Penco logró convertirse en Gonzalo Castillo: el político circunspecto, con una imagen presidenciable, capaz de dominar la socio-política y las cifras económicas. Esa es la imagen que debería vender; de lo contrario, lo demás sería pura chercha.

¡Cuidado, Gonzalo! Si te dejas llevar por los aduladores interesados, corres el riesgo de repetir el mismo error: permitir que te conduzcan por caminos distintos a los de tus éxitos como empresario y como ser humano de acciones y actitudes empáticas. Pero, si lo que te gusta es el carguito, ¡pues adelante!

Por José Espinosa Féliz

Josedespinosa@gmail.com

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