RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.-Negro digno y orgulloso de su negritud, calvo reluciente azul, violeta y marrón bigote discreto con 40 canas, como sus años ojos amarillentos de tantas madrugadas en el son y una voz nasal y aguda (la misma con que canta sus versos afilados y brillantes) para contar su historia, sus sufrimientos y su búsqueda, que es la de un artista auténtico del pueblo que vive en el corazón de Villa Francisca la heroica, vieja y nueva en la calle París, llena de quejas, igual que sus canciones.
Cuco Valoy se llama el hijo de Santiago, campesino y carpintero de Manoguayabo, donde el muchacho de cinco o seis años cogió dos laticas vacías y empezó a tocar tamboras y timbales con una imaginación llena de la Sonora Matancera, para después hacerse Ahijado de Los Compadres y seguir por ahí hasta llegar a ser lo que es hoy: un gran Virtuoso, conocido y bailado en todas las tierras del Caribe caliente.
«Es una historia un poco larga» advierte con una sonrisa perfectamente blanca. Pero hay que empezar por algún lado; digamos por la primera infancia, por donde dan inicio las cosas de los inmortales. El nombre real «Pupo’ ciertamente, que fue el que le acomodo Santiago Reinoso, su padre, en la pila del bautizo.
Pupo y Martín – el más pequeño de los 10 hermanos Valoy escandalizaban desde muy pequeños la vida de la aldehuela de Manoguayabo, que era la gallera y diez o doce casas en sus alrededores.
En Manoguayabo había un señor llamado Nicito, que todavía vive, que tenía un trío. Se hacían fiestas fabulosas, que en las Navidades duraban hasta una semana bailando todo el pueblo.
El viejo Nicito fue el primero en alborotar a los hermanos Valoy, que empezaron a imitar los sones (pasan por su mente los Habaneros, Machín, el Nacional, los Matamoros y todos los monstruos de la canción popular de entonces), con una guitarra de madera de campo hecha por Martín y unas tamboras de latas vacías, a las que Pupo les sacaba todo lo que podían dar “a los cueros”.
La gente de Manoguayabo llegó a acostumbrarse a la «bulla» de Pupo y Martín; y hasta el viejo Luis Núñez –que dirigía el segundo grupo musical del pueblo-empezó a tomar en cuenta a los muchachos. «Se enfermó el bongocero de Luis Núñez y ahí tuve mi primera oportunidad de ganar monedas me llamaron a suplirlo, aunque no tenía ni siquiera zapatos para ir a tocar al baile».
Pupo hizo el trabajo y, para mayor suerte, el «músico enfermo siguió enfermo». Ese fue el primer paso del Virtuoso. El segundo no sería tan fácil.
A PIE A LA CAPITAL
El viejo Santiago no estaba de acuerdo con que a sus dos más pequeños les diera por el arte – las desveladas malogran a los muchachos cuando están en el desarrollo» decía-, por lo que Pupo tuvo que tomar su primera gran decisión, contra la voluntad del padre y a escondidas: el viaje a la capital, una ciudad a diez enormes kilómetros de monte.
Recuerda la fecha exacta: «fue el 2 de noviembre de 1952, un domingo en la madrugada”.
Neno Blanco salía en su caballo, antes de salir el sol, para vender víveres en el mercado de Villa Consuelo, y ese día el muchacho de diez años, hijo de Santiago el carpintero, le pidió que lo llevara a conseguir trabajo en la capital.
El caballo adelante, con don Neno en la montura, y Pupo atrás, a pie, hasta llegar a casa de un hombre que tenía un gran negocio de chinas. «Eduardo tenía muchas carretillas de vender chinas en las esquinas, y a mí me tocó en La Altagracia con Hernando Gorjón, donde empecé el día tres a pelar chinas. Empezaba a las seis de la mañana y terminaba a las siete de la noche, sin parar. pelando y pelando chinas, que entonces se vendía a chele y a dos por chele las chiquitas.
Ahí empieza la vida de Pupo en la capital. Pero esto sólo duró quince días: «Era un trabajo inhumano. Doce y trece horas pelando chinas y después a dormir en el suelo, adentro de un cerón, tirado en un zaguán”.
Un amigo de Manoguayabo la pasaba muy bien en una casa de familia de Gazcue donde necesitaban un jardinero. Pupo no lo pensó dos veces para aceptar la oferta: «A los 16 días de trabajar con el señor de las chinas, me fui a la casa de la señora Leíta Castro, donde había una cama y tres comidas, seis pesos mensuales y muchas flores y yerba para cuidar.
Durante esos días, pelotero, «pero Pupo quiso ser para hacer deportes había que ser guardia, y a mí nunca me gustó ir a una institución militar, porque siempre me ha gustado vivir libremente y con Trujillo ahí ni pensarlo.
El ambiente de la pequeña capital -que apenas llegaba hasta Matahambre y el cementerio de la Máximo Gómez – lo hacían en la radio el trio Reynoso, Joseito Mateo, que era entonces una figura sobresaliente “¿cuántos años tendrá?» la Sonora Matancera, Leo Marini, Daniel Santos, Panchito Rizet y los sextetos fabulosos. cuyos ritmos venían de los años treinta y desde antes.
Por eso es que ahora oigo la música moderna y no me entusiasma mucho. porque en aquellos años los talentos latinos eran más grandes.
De la casa de doña Leita, Pupo se fue a la de Pedro Freites, en la Independencia 22 ¡ “Ahí si la cosa estaba buena!, con un sueldo muy bueno de 18 pesos mensuales, casa y comida, además de que don Pedro y su señora trataba como un hijo de la casa y hasta me daban mi par pesos los domingos para ir al cine.
COMIENZA LA FUNCION
Un día Martín se sacó una Guitarra. «una guitarra de verdad’, en una rifa que se hizo allá en el campo «e inmediatamente lo fui a buscar».
El primer nombre fue «Duo Valoy». con los temas de Los Panchos, Vegabajeño, Johnny Albino y todos los demás magos de las cuerdas y el romance melódico, propio para las serenatas de Pupo y Martín.
«Hasta que llegaron Los Compadres. Los Compadres acabaron con el cuadro; revivieron el son montuno con su guitarra y su flauta humana»: pusieron a vibrar a los habitantes de los barrios, con un ritmo y un verso que rememoraba amaneceres del campo v hablaban de penurias cotidianas con una picardía que identifica a los pueblos con los otros pueblos.
(Los Compadres son hoy una institución en Cuba, donde mucho antes de la revolución se lanzaron a la tarea de revalorar la expresión musical del pueblo. igual que lo harían aquí Los Ahijados, siguiendo aquella pauta).
“Heredamos muchas cosas de Los Compadres, y me siento muy orgulloso de haber seguido a aquel grupo, que para mí ha sido uno de los más importantes en la música latina. Con un cuatro un cuatro. un bongo, unas maracas y su flauta humana. desplazaron a la Sonora Matancera, que se había constituido aquí en el conjunto sin rival”.
Cierta vez. al conversar con ellos. Cuco Valoy se dio cuenta que el mundo del barrio cubano es el mismo que el del barrio dominicano. Cuando cantamos sus cosas me siento entre el pueblo cubano y el pueblo dominicano al mismo tiempo me siento en sus barrios.
En pleno apogeo de Los Compadres. los hermanos Valoy asisten al programa «Buscando Estrellas de La Voz Dominicana, donde el impacto fue enorme en aquel estudio María Montez donde los aplausos de la concurrencia les concedieron el primer premio: «Una funda que contiene desodorante Sudorina. que el mal olor elimina: chocolate Trópico, decía ante las cámaras Grullón Cordero ante estos dos muchachos azorados y nerviosos. que minutos antes habían hecho maravillas con el montuno.
Los triunfadores de Buscando Estrellas, eran siempre invitados al programa grande del viernes. Pero cuando llegamos a la puerta de La Voz Dominicana ese viernes, no nos dejaron entrar porque había que presentarse con saco y corbata y nosotros no teníamos sacos. ni mucho menos corbatas.
El mundo se les vino encima a los hermanos Valoy y Cuco recuerda ese día como uno de los más tristes: Estábamos seguros que en la presentación íbamos a quedar en el primer lugar, con la ilusión de que nos quedaríamos como empleados en la emisora”.
Alguien les dijo que podían actuar en el programa del domingo en mangas de camisa. y que luego al siguiente viernes -siempre y cuando consiguieran los sacos y las corbatas- se presentarían en ese programa grande.
Ese domingo, el locutor Jar Ferreyra poco antes de la presentación ante las cámaras, les sugirió un nuevo nombre para el dúo. «Los Ahijados por consideraciones de parentesco artístico con Los Compadres.
Al siguiente viernes. Cuco llegó con un saco a la mitad de su talla y Martin con uno dos veces más grande que él las corbatas. dos «baberos floreados anudados como se pudo, Pero Los Ahijados. Cuco y Martin Valoy los muchachos de Manoguayabo. obtuvieron así el primer gran el premio. Por primera vez triunfadores de Buscando Estrellas repitieron una canción ante un público que así lo pidió con un aplauso que duró una eternidad.
Por Ramón E. Colombo
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