RESUMEN
EL NUEVO DIARIO LA HABANA. – Todavía forrado con su esplendor propio de la «belle epoque» el restaurant La Inglon del hotel Riviera es uno de los sitios más apropiados para medir el grado del lujo que se gastaban las minorías nativas y magnates extranjeros que convirtieron a Cuba en un paraíso de la plusvalía.
En uno de los rincones de La Ingion solía desayunar como un rey el jefe mafioso Meyer Lanski, uno de tantos hampones que tuvo en la capital cubana su guarida veraniega para refrescar sus tratos del bajo mundo.
Hoy, la misma cristalería de baccarat que utilizó Lanski y otros «cappos» de la maffia, sirve a los numerosos cubanos que de pueblos cercanos y apartadas villas pueden ocupar hoteles de lujo en verano.
Es un reflejo muy simbólico de la revolución cubana. Gente sin apellido ha venido a sustituir a familias sonoras y hasta el mismo otrora poderoso Mever Lanski en sus puestos de distinguidos comensales en un festín que es hoy colectivo
Aparte de los identificables turistas europeos, canadienses y japoneses que en número creciente visitan esta isla, los turistas internos carecen del sello estereotipado del huésped clásico. La eliminación de privilegios ha posibilitado el acceso del común de los cubanos a la recreación. Así, los cubanos alojados en el Riviera son tan corrientes que resulta difícil distinguirlos del taxista, el tendero o el visitante ocasional del lobby.
Era de lo más variopinta la estratificación aquellos veraneantes. En una habitación del piso 9 se encontraban Rosa y Ernesto, una pareja de recién casados de Camagüey. Ella es enfermera y él labora en un combinado industria como operador.
En el piso 7 tomaban el ascensor Pedro José y María del Pilar. Ambos trabajan como maestros en Oriente. En el número 4 se hallaban albergados Julián y Teresa.
El es mecánico y ella trabaja en un laboratorio.
Esas tres parejas forman parte de los millones de cubanos que hicieron de turistas nacionales en los últimos cinco años. El fenómeno ha provocado un aumento de 4 mil 300 habitaciones, en la capacidad de alojamiento, además de haberse inaugurado 21 hoteles.
Frente al restaurant favorito de Lanski se encuentra el que fuera casino del Riviera.
Una cadena tosca que traspasa los picaportes de dos grandes portones evidencia la clausura del despilfarro. Ya no se juega allí con las fortunas amasadas con levadura de sudores ajenos. Por la noche, cubanos de todos colores pueden aturdirse bailando hasta el amanecer sin que ello dependa del azar.
Abandonamos el hotel muy de mañanas y solicitamos turno para ocupar un taxi. Los Lada han dinamizado el transporte de automóviles, pero no ha decretado aún la total desaparición de las reliquias automotrices que con dos y tres décadas de uso se mantienen rodando por vías cubanas.
(Los automóviles son vendidos a precios que regularmente no exceden los 5 mil pesos, a plazos realmente cómodos, sin propaganda de competencia y con pagarés deducidos en proporción al salario del adquiriente. Debido a la cantidad limitada de autos y otros factores, su adquisición se facilita a personas cuyo trabajo requiere de movilización más urgente que otros – médicos, agrónomos, etc. –
Por otra parte, tienen prioridad de compra aquellos trabajadores o profesionales que obtengan méritos en sus puestos. Los cortadores de caña, personajes de notable reconocimiento público aquí, figuran entre los principales compradores de autos debido al carácter vital de su labor respecto de la economía nacional, fundamentalmente azucarera).
Recuerdos de Ibrahim
Por fortuna para nosotros por la experiencia antes que por la comodidad-nos tocó de taxista a Ibrahim Portuendo y su Chevrolet 1952. Este negro cubano con nombre de judío lleva lidiando autos más de media vida, exactamente 41 de sus 61 años. El cacharro, pintado de rojo reluciente, no esconde sus achaques, casi trotando por la avenida, pero es el orgullo de Ibrahim. El bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos le desafió, como a sus colegas, a ingeniárselas para adaptar piezas a esos museos rodantes que hoy dan una nota pintoresca a las ciudades cubanas
Mientras nos dirigíamos por el malecón habanero, Ibrahim Portuendo, con su camisa simple a cuadros y el acento de negro oriental recordaba que en el mismo asiento en que viajábamos habían sentado sus posaderas figuras como John Wayne, Ava Gardner y Pedro Vargas. Eran los tiempos en que La Habana era una réplica en pequeña de Las Vegas, capital de juegos, trata de blancas y mulatas y discriminación de negros como el mismo Ibrahim.
El viejo taxista aspiró hondo y recordó sus viajes a La Habana Vieja, cercana al puerto, donde se alquilaban mujeres por horas para usarlas en las casas de cita y exhibirlas luego en los cabarets que se habían multiplicado como carga permanente en el área portuaria.
Más de veinte años después de aquellas experiencias de lbrahim Portuendo, ceros de 5 mil jóvenes de ambos sexos espetan recibirse de ingenieros y técnicos medio en puertos y otras especialidades marítimas y van al puerto a pescar utilidades para una nueva sociedad Los cabarets han desaparecido. Ya los almacenes llevan nombres de obreros destacados en vez de las firmas de patrones marítimos
Habichuelas por televisores
Hemos llegado a nuestro destino. Es el ministerio de Comercio Exterior, en la céntrica avenida 23, conocida como la Rampa. Alí nos recibe el viceministro Amadeo Blanco. Al igual que los funcionarios cubanos de cualquier rango lleva chacabana y posiblemente habanos
Blanco va al grano y habla precisamente, de granos cuando express el interés que tendría Cuba de adquirir habichuelas rojas o garbanzos, lo mismo que café y madera. La conversación gira en torno a un brindis de café y jugo de mango, éste último un «clásico» ofrecimiento en cualquier tipo de reunión
Pese a las diferencias políticas podemos establecer relaciones comerciales entre los dos países intercambio que podría complementar nuestras economías. Blanco entiende que
Cuba y la República Dominicana saldrían beneficiadas de una relación de este tipo.
Cuba está en capacidad de exporta televisores y neveras, lo mismo que utensilios de cocina, implementos agrícolas y colaboración técnica en diversos renglones y la llevaría en sus propios barcos.
Una reducción significativa en el costo de los fletes, cada vez más altos constituiría una ventaja para República Dominicana en una eventual relación económica con Cuba, debido a proximidad de esta.
Cerca de 70 buques integran la mani mercante cubana, con una capacidad tola de 815 mil toneladas de peso muerto, e comparación de 14 buques obsoletos y3 mil toneladas de peso muerto en 1958, año antes del inicio revolucionario.
De Cuba a la República Dominicana l hay más que un paso. Faltaría sólo una respuesta de aquí para allá, a no ser que comensales distinguidos…
Juan Delancer /1
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