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15 de febrero 2026
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OpiniónMiguel CanóMiguel Canó

Cuando los resultados hablan, el Estado debe escuchar

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RESUMEN

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En el sector privado, los resultados abren puertas. Un buen desempeño suele traducirse en ascensos, reconocimientos y mayores responsabilidades. En cambio, en la administración pública, hacer bien el trabajo no siempre garantiza continuidad, mucho menos crecimiento.

Y eso debería cambiar.

De cara al 16 de agosto, cuando el gobierno suele hacer ajustes y nuevas designaciones, esta reflexión cobra sentido. Porque más allá de nombres o espacios políticos, hay un principio que merece elevarse como política de Estado: el mérito debe ser premiado.
INFOTEP: un salto histórico bajo una gestión comprometida.

Cuando Rafael Santos Badía asumió la dirección del INFOTEP en agosto de 2020, encontró una institución funcional, pero limitada en alcance. Cinco años después, la transformación es evidente y cuantificable:

– Se pasó de 7 centros tecnológicos en 2020 a 54 centros y oficinas operativas en todo el país para mediados de 2025.
– Se han capacitado más de 2.4 millones de personas en este período, incluyendo a más de 1.3 millones de jóvenes y un porcentaje superior al 56 % de mujeres.
– Se establecieron alianzas internacionales con Corea, España, Colombia y empresas globales para incorporar nuevas tecnologías en la formación.
– Se creó el Centro de Innovación y Desarrollo Docente, se fortalecieron los programas duales y se incorporaron carreras ligadas a inteligencia artificial, energías renovables y mecatrónica.
– En regiones tradicionalmente rezagadas como San Juan, más de 114,000 personas han sido formadas entre 2020 y 2025, impactando la economía local con enfoque técnico y emprendedor.
El INFOTEP de hoy es más cercano, más moderno, más útil. Y todo eso no ocurre por azar.

Monte de Piedad: orden, misión social y resultados sostenibles

Con perfil más discreto, pero con igual efectividad, Welinton Grullón ha logrado que Monte de Piedad deje de ser una institución olvidada para convertirse en un ejemplo de administración funcional.

Durante su gestión, la entidad ha aportado más de 9 mil millones de pesos a las recaudaciones del Estado, una cifra que antes parecía inalcanzable para esa institución.

Y hay más: la recuperación de préstamos prendarios alcanzó niveles históricos, pasando de una tasa de préstamos no recuperados que rondaba el 21 % a estar hoy en menos de un dígito, en un contexto económico desafiante.

También ha ordenado con transparencia un aspecto sensible: la guarda y custodia de bienes desalojados por alquileres, garantizando un manejo seguro y confiable para todas las partes involucradas.

A esto se suma una modernización interna, saneamiento financiero, reorganización operativa y fortalecimiento del rol social que históricamente define al Monte de Piedad. La institución no solo sigue en pie, sino que hoy funciona con eficiencia y propósito.

¿Qué mensaje damos como Estado?

En este nuevo ciclo que se abre con el 16 de agosto, se presenta una oportunidad para institucionalizar un principio simple pero poderoso: reconocer a quienes han gestionado con resultados.

La continuidad no debe ser automática, pero el ascenso tampoco debe ser ajeno a los méritos.

Cuando se premia la eficiencia, se envía un mensaje positivo a toda la estructura pública: que vale la pena hacer las cosas bien.
Cerrar ciclos, abrir oportunidades

Rafael Santos Badía y Welinton Grullón representan perfiles distintos, pero coinciden en lo esencial: han gestionado con responsabilidad, con enfoque y con resultados.

Y aunque el reconocimiento no debe ser el objetivo, cuando hay logros tangibles, corresponde al liderazgo político saber leer ese desempeño y multiplicar su impacto.

En un Estado que aspira a ser más moderno, transparente y cercano a la gente, institucionalizar el mérito no es un lujo.
Es una necesidad.

Por Miguel Canó

Especialista en marketing y gestión de proyectos públicos
Columnista de opinión en El Nuevo Diario.

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