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14 de marzo 2026
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OpiniónPadre Manuel Antonio García SalcedoPadre Manuel Antonio García Salcedo

Cuándo los cónyuges han estado juntos mucho tiempo… (primera parte)

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RESUMEN

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En búsqueda de la salud integral

Son muchos los casos de matrimonios que expresan cada uno por separado que sienten al otro distante y se hace ausente con el paso de las décadas. Muchas son las noches oscuras de la satisfacción mutua entre los cónyuges. El Franciscano Ignacio Larranaga quiere en su libro “El Matrimonio Feliz” aportar algunas ideas acerca de la complejidad de la relacionalidad de los esposos.

Los conflictos conyugales parten en su mayoría de los caminos ásperos que hay que recorrer al amalgamar proyectos en común a lo largo de la vida. Un asunto de dos, no de quienes quieren cada uno vivir por su lado. Aquí estriba el primer conflicto en la pareja si no se tiene claro este presupuesto.

Dos personas completamente diferentes al resto de la humanidad, hombre y mujer, forman una sola carne. Ninguno de los dos se repite en otro hombre o en otra mujer. Son únicos, y así será su matrimonio y su familia. Con parámetros similares al resto, pero con características e historias irrepetibles. Por ello, se le llama al matrimonio en el ámbito religioso: misterio sagrado.

Convergen dos singularidades para dar lo mejor de sí al otro, cuidarse mutuamente respetando el espacio y las opiniones propias. La balanza se mantiene en equilibrio cuando se entiende que nadie es dueño de nadie, y a la vez, como la flor, hay que regar la planta todos los días, sino morirá el afecto, se secará la ilusión por no estar presente el otro en la hora en que más se necesita de su apoyo.

Momentos pivotales para el esposo y la esposa son la enfermedad, la pérdida de un ser querido, las equivocaciones, la pérdida del trabajo, las crisis económicas, el desequilibrio de la mediana edad, la disminución de las facultades en la vejez. Hay que estar en esos momentos, sin recriminar, sin aprovecharse el otro y estar presente renunciando a los gustos propios en bien del cónyuge.

Pero todo debe ser mutuo. Si uno de los dos se entrega por entero y el otro solo absorbe todo, esto drenará la relación y el sentimiento de insatisfacción lo invadirá todo en quien se entrega al máximo. Fiestas de cumpleaños, aniversarios, apoyo y promoción en reuniones de familiares y amigos, detalles pequeños, facilitar la comodidad mutua, la mano servicial en el hogar, tomar partido a favor del cónyuge cuando se comete una injusticia o desconsideración, evitar los comentarios denigrantes, suprimir la postura de hacer sentir que uno está por encima del otro por motivos de origen, extracto social o capacidad académica.

Son tantos los detalles, muchos los gestos adecuados, tantas las asperezas que limar. Se trata de un arte el ejercicio de la institución matrimonial de manera sana y la búsqueda del crecimiento en la valoración de ambos esposos en el lazo que les une y que puede tan ser frágil.

La acumulación al cabo del tiempo de ausencias, indiferencias, ofensas, olvidos, desinterés, falta de agradecimiento, omisión de detalles cariñosos, la no respuesta y acción inmediata en los momentos de mayor necesidad, la poca retribución de lo entregado por parte de uno al otro, la comunicación nula e interés inexistente por el desempeño en el trabajo, los compromisos para sostener los bienes en común y el desarrollo de la actividad familiar. Todo esto termina lacerando el amor entre los esposos.

Presencia activa, intereses por lo que ocurrió en el día, pedir perdón e intención de no cometer ofensas, apuntar las fechas y eventos importantes, promoción de la pareja, expresiones de cariño, dejarlo todo a cambio de escuchar, hacerse presente, ayudar en las horas más difíciles, diálogo, conversación, intercambio de ideas, actividades recreativas en común, apoyo mutuo en lo económico, valoración del otro, especialmente delante de la familia. Son estas algunas de las tantas tareas que el hombre y la mujer casados han de trabajar, de manera acentuada, a medida que el paso inclemente de los años intenta apagar la llama del amor.

Pero, ¿dónde queda entonces la libertad de cada uno de los esposos en el momento en que necesitan cada uno de su independencia en su estar y actuar?

Continuará …

Por Padre Manuel Antonio García Salcedo

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