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12 de marzo 2026
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OpiniónDaniel RamirezDaniel Ramirez

Cuando la tragedia toca la puerta: Una llamada urgente al fortalecimiento del gobierno corporativo

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RESUMEN

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La reciente tragedia ocurrida en las instalaciones de la icónica discoteca Jet Set, en la República Dominicana, no solo ha dejado un profundo dolor en decenas de familias y una consternación colectiva a nivel nacional, sino que también ha puesto en evidencia las brechas estructurales que aún persisten en muchos entornos corporativos respecto a la prevención, gestión de riesgos y cumplimiento normativo.

Este doloroso episodio, más allá de sus consecuencias inmediatas, nos plantea una pregunta fundamental: ¿están nuestras organizaciones preparadas para prevenir eventos críticos que pongan en riesgo la vida humana? Y la respuesta, en muchos casos, lamentablemente es no.

Aquí es donde el gobierno corporativo emerge como un instrumento indispensable para garantizar no solo la sostenibilidad de las empresas, sino también la seguridad, integridad y bienestar de las personas que directa o indirectamente interactúan con ellas.

El rol irremplazable del Consejo de Administración

En el corazón del gobierno corporativo se encuentra el Consejo de Administración, órgano colegiado cuya principal función es velar por la estrategia, sostenibilidad y supervisión de la gestión ejecutiva. No se trata de una figura decorativa ni de un formalismo legal: es, en esencia, el principal custodio del interés social, del cumplimiento de la normativa aplicable, y de la adecuada gestión de riesgos.

Cuando un Consejo cumple con su función de forma efectiva con independencia, diversidad de perfiles, preparación técnica y ética puede marcar la diferencia entre una organización resiliente y otra frágil, entre una entidad que previene tragedias y otra que solo reacciona cuando es demasiado tarde.

El Consejo debe asegurarse de que existan mecanismos internos para la identificación temprana de riesgos, así como políticas claras sobre la seguridad física de las instalaciones, la capacidad de respuesta ante emergencias, el mantenimiento estructural y la contratación de personal con la formación adecuada.

Desconcentrar el poder: una cuestión de vida o muerte

Una de las prácticas más peligrosas en cualquier organización es la concentración excesiva del poder en una sola persona o grupo, lo cual suele derivar en una toma de decisiones aislada, poco supervisada y, en muchos casos, al margen de los procedimientos internos.

Un sistema de gobernanza efectivo debe establecer límites claros a la autoridad individual, asignar responsabilidades de manera colegiada, y requerir la aprobación de decisiones críticas por parte de comités especializados o del propio Consejo.

La desconcentración del poder no solo fomenta la transparencia y la rendición de cuentas, sino que también reduce la probabilidad de omisiones o negligencias que pueden escalar en eventos trágicos. Cada área, cada nivel jerárquico, debe saber lo que le corresponde, actuar con apego a protocolos, y ser supervisado por instancias independientes dentro de la estructura corporativa.

La importancia de la regulación interna y la gestión de riesgos

Las organizaciones responsables cuentan con reglamentos internos actualizados, políticas de seguridad y procedimientos de contingencia que permiten anticiparse a incidentes. No es suficiente tenerlos en papel: deben ser comunicados, comprendidos y aplicados en la práctica cotidiana.

Los comités de auditoría, riesgos, cumplimiento y seguridad son aliados estratégicos del Consejo. Su función no es simplemente reactiva, sino preventiva. Deben evaluar la exposición de la organización a distintos tipos de riesgos operativos, legales, reputacionales, medioambientales y asegurar que existan controles efectivos.

¿Tenía Jet Set un comité que supervisara periódicamente la seguridad de sus instalaciones? ¿Existían auditorías independientes que evaluaran los riesgos operativos? ¿Había un plan de evacuación? ¿Se hacía mantenimiento periódico de los sistemas eléctricos, estructuras y salidas de emergencia? Estas son preguntas que cualquier Consejo de Administración diligente debería formularse de forma regular.

Cultura organizacional: Cuando el control se convierte en valor

El buen gobierno corporativo no es solo estructura, también es cultura. Las empresas deben promover un ambiente donde la seguridad, el cumplimiento y la ética no sean opcionales ni simbólicos, sino valores fundamentales que se viven en todos los niveles.

Esta cultura comienza desde arriba: si los directivos no predican con el ejemplo, difícilmente podrán exigirlo al resto del personal. Una empresa que no invierte en formación, que no escucha las alertas internas o que minimiza los reportes de riesgos, está condenada a la vulnerabilidad.

Responsabilidad social y el deber de cuidar

Las empresas no operan en el vacío. Su actividad impacta directamente en la vida de las personas, ya sea como empleados, clientes o miembros de la comunidad. En ese sentido, el concepto de responsabilidad social corporativa adquiere una nueva dimensión cuando lo vemos a la luz de tragedias como esta: no se trata solo de hacer donaciones o campañas de reciclaje, sino de asumir el deber ético de cuidar a quienes confían en nosotros.

Una discoteca que recibe cientos de personas cada semana tiene la responsabilidad de garantizar condiciones mínimas de seguridad estructural y operativa. Una empresa de transporte debe garantizar que sus vehículos estén en condiciones. Un centro comercial debe saber cómo evacuar a sus visitantes en caso de incendio. Todos estos temas son parte del gobierno corporativo, aunque a veces se les quiera reducir a lo financiero o lo administrativo.

Conclusión: Que el dolor no sea en vano

La tragedia de Jet Set debe convertirse en un punto de inflexión. No podemos permitirnos seguir operando con estructuras débiles, sin supervisión adecuada ni control real. No podemos seguir tratando la seguridad como un gasto secundario ni el cumplimiento como una carga.

El país necesita que sus organizaciones privadas y públicas adopten una visión de gobierno corporativo seria, integral, transparente y responsable. Porque cuando el poder se desconcentra, los riesgos se mitigan. Cuando se gobierna bien, se protege la vida.

Ojalá que esta pérdida sirva para despertar conciencias, revisar prácticas y promover cambios. Que el dolor se transforme en una nueva cultura de prevención, de cuidado y de responsabilidad. Porque al final del día, nada justifica que una organización no haya hecho todo lo posible para evitar una tragedia.

Por: Daniel Ramírez.  

 

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