RESUMEN
Cuando se mezcla la popularidad con lo populacho, el resultado es casi siempre el mismo: se trepa a las más altas curules a personas que no buscan el bien común, sino el bien de un sector… sobre todo cuando ese sector toca de cerca su propio bolsillo. Es ahí donde la política deja de ser el arte de servir y se convierte en el arte de complacer al grupo que más grita o más votos promete.
En esta novela nacional, nuestro gran senador es un protagonista de lujo. No conforme con haber logrado la suspensión transitoria —que para mí es definitiva— de la Resolución 05/2025, ahora pretende que las aseguradoras devuelvan el dinero a quienes compraron seguros con las coberturas aumentadas. Sí, así como lo oye: la misma cobertura que buscaba proteger más y mejor a los ciudadanos, él quiere borrarla del mapa y, de paso, darles la sensación a unos cuantos de que han ganado una batalla contra las “malvadas” aseguradoras.
Lo irónico es que esa batalla no es contra las aseguradoras, sino contra el sentido común. Porque si seguimos la lógica del senador, las compañías de seguros deberían simplemente devolver el dinero completo y cancelar el contrato. Y entonces, que él mismo —con sus chóferes se encargue de asegurar todos los vehículos de su asociación. Sería un acto de coherencia: si tanto quiere defenderlos, que asuma también el riesgo económico.
Pero claro, eso no va a pasar. Porque en política, los discursos valen más que las soluciones, y la foto entregando “justicia” pesa más que la realidad de dejar a miles de ciudadanos sin una protección adecuada. En nombre del “pueblo”, se celebran decisiones que, en el fondo, solo benefician a un grupo reducido… y que ponen a todos los demás en mayor vulnerabilidad.
Lo más grave es que este tipo de medidas no son aisladas. Son parte de un patrón peligroso: el populismo disfrazado de protección social. Esa fórmula que busca aplausos inmediatos y titulares fáciles, pero que compromete el futuro y la seguridad de todos. Se juega con la percepción de que “la gente ganó”, cuando en realidad se le está quitando lo poco que la protegía.
En este caso, no se trata solo de seguros. Se trata de un precedente: si hoy se obliga a devolver el dinero de un contrato privado porque no gustó un aumento (justificado o no), mañana se podrá hacer lo mismo con cualquier otro servicio. ¿Y dónde queda la seguridad jurídica? ¿Dónde queda la responsabilidad de proteger el interés general por encima del particular?
El telón de este espectáculo siempre cae sobre el bienestar colectivo. Y lo peor, es que muchos aplauden sin darse cuenta de que, cuando apaguen las luces, se quedarán sin seguro, sin respaldo y, claro, sin senador que les resuelva. Porque el populismo es así: promete mucho en campaña, entrega poco en el poder y deja una larga cuenta que, al final, siempre paga el pueblo.
Por Félix Correa
Hasta el próximo!
