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20 de febrero 2026
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OpiniónJosé Peña SantanaJosé Peña Santana

Cuando la oposición se mide a sí misma

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RESUMEN

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En la vida política de los pueblos hay momentos en que no basta hablar, hay que contar, convocar, organizar y demostrar. Las consignas ya no bastan, y la única forma de enviar un mensaje claro al país es desde los hechos, desde la participación y desde la legitimidad de las urnas, así sea dentro de un partido. Ese momento ha llegado.

El domingo 3 de agosto, en uno de los ejercicios más reveladores del calendario político dominicano, la principal fuerza de oposición se someterá a una prueba tan silenciosa como trascendental que es elegirse a sí misma. Y en el acto de hacerlo, se medirá ante el país. No es una elección cualquiera. Es una cita con el orden, con la disciplina, con la vocación de poder… o su ausencia.

Desde la superficie se trata de escoger nuevas autoridades provinciales, municipales, distritales y nacionales. Pero en el fondo, se trata de algo mayor, como exhibir capacidad de organización territorial, cohesión interna y visión de futuro. Una oposición que no se ordena a sí misma, ¿cómo puede aspirar a ordenar el país?

No da tregua la actual coyuntura nacional. El costo de la vida sigue disparado. El aparato productivo enfrenta incertidumbres. La política migratoria se debate entre la demagogia, la presión internacional y el desconcierto local. Y las instituciones dan señales de fatiga. El país mira hacia adelante, pero tropieza. Y si la oposición no ofrece una ruta clara, no habrá mapa ni brújula que oriente al electorado.

Por eso el Congreso Elector del partido Fuerza del Pueblo FP, que lleva el nombre del insigne Manolo Tavárez Justo, adquiere una dimensión ética y simbólica. Porque Manolo no representó el cálculo, sino la consecuencia. No buscó poder, sino justicia. No militó por cargos, sino por causas. Honrarlo no es mencionar su nombre. Es actuar con la seriedad y el compromiso que su memoria impone.

Una democracia no se sostiene con improvisaciones, sino con instituciones. Y los partidos son la columna vertebral de esas instituciones. Pero para que lo sean, deben tener dirección legítima, participación amplia, diversidad real y estructuras vivas. Ningún partido puede honrar la democracia si no empieza por ejercerla en su propia casa.

Es grande desafío el involucrar a mujeres, jóvenes, profesionales, empresarios, campesinos, intelectuales, trabajadores y a nuestra diáspora. Todos cuentan. Todos deben sentirse convocados. Porque una oposición desconectada del cuerpo social no será alternativa de poder, sino eco del pasado.

Convocar al voto de este domingo no es un trámite. Es una afirmación. Una afirmación de que hay estructuras, de que hay liderazgo, de que hay voluntad. Y que se quiere gobernar con base, no con retórica. Una organización política que no se atreve a medirse, no merece ser medida por el pueblo.

Es una prueba silenciosa pero determinante, de esas que no llenan plazas ni titulares, pero que definen el futuro. ¿Hay disciplina? ¿Hay madurez? ¿Hay conciencia de lo que está en juego? El resultado no solo dirá quiénes lideran, sino cuán cerca —o lejos— estamos de conducir el poder real. En política, como en la vida, quien no se ordena, se dispersa. Y quien no se gana el derecho a representar, pierde el derecho a aspirar.

Esperamos que este Congreso Elector sea más que un trámite interno; que sea la muestra de una oposición madura, consciente de su responsabilidad histórica. El futuro no empieza el día de las elecciones generales. El futuro inicia aquí, hoy y ahora.

Por José Peña Santana

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