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10 de marzo 2026
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OpiniónAmérica PérezAmérica Pérez

Cuando el supermercado también es la marca: un fenómeno que merece atención en la República Dominicana

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RESUMEN

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En los últimos años, los supermercados de la República Dominicana han ido incorporando cada vez más productos con sus propias etiquetas, conocidos como marcas blancas o marcas propias. Este modelo comercial consiste en que el establecimiento vende productos bajo su propia marca, aunque en muchos casos estos son fabricados por empresas externas.

Para el consumidor, la propuesta puede resultar atractiva porque generalmente estos artículos tienen un precio más bajo que las marcas tradicionales. Sin embargo, detrás de esta tendencia comienza a surgir un debate que merece una mirada más profunda.

El pasado viernes, durante el programa Aquí Estoy con Gustavo por el canal RNN 27, los comunicadores Silverio Lebrón y América Pérez plantearon una inquietud que cada vez genera más comentarios en el país: el impacto que podría tener el crecimiento de las marcas propias de los supermercados sobre los productores y marcas dominicanas que por años han ocupado espacios en las góndolas.

El tema no se trata de cuestionar la dinámica del mercado, sino de analizar si existe un equilibrio real entre las cadenas de distribución y los fabricantes. En muchos países del mundo este modelo ya está bastante desarrollado. En naciones europeas, por ejemplo, una parte significativa de los productos que se venden en supermercados pertenece a las marcas propias de las cadenas comerciales.

Aunque esto ha permitido abaratar costos para los consumidores, también ha generado debates sobre el poder que adquieren las grandes cadenas al controlar no solo la distribución, sino también la marca del producto que se vende.

En la República Dominicana el fenómeno todavía está en expansión, pero ya se percibe un crecimiento importante en diferentes categorías de productos, desde alimentos hasta artículos de limpieza. El punto de preocupación surge cuando las marcas tradicionales comienzan a perder visibilidad frente a los productos que llevan la etiqueta del propio supermercado. En un mercado donde muchas pequeñas y medianas empresas dependen de estos espacios para comercializar sus productos, cualquier desequilibrio podría tener consecuencias para la producción local y el empleo.

Por esa razón, el debate no debe centrarse únicamente en el precio o en las preferencias del consumidor. También es necesario preguntarse si existen reglas claras que garanticen una competencia justa para todos los actores del mercado. La presencia de marcas propias no es necesariamente negativa, pero sí requiere transparencia y supervisión para evitar distorsiones que puedan afectar a los productores nacionales.

Como se planteó en el debate televisivo, este es un tema que merece atención seria por parte de las autoridades antes de que el mercado evolucione hacia un escenario donde el supermercado no solo venda los productos, sino que también determine qué marcas pueden sobrevivir en el país.

Uno se va a dormir y al otro día ya hay 50 nuevas marcas blancas, solo falta fabricar muchachitos…


Por: América Pérez.

Lic. Comunicación Social «Periodismo»
Magíster en Diplomacia y Derecho Internacional

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