RESUMEN
La estabilidad relativa en términos macroeconómicos es uno de los mejores aliados de cualquier gobierno. En República Dominicana, por ejemplo, esta estabilidad le ha permitido dar saltos cuantitativos en su proceso de desarrollo e inserción al primer mundo, tanto así que gracias a su crecimiento económico en los últimos 20 años se convirtió en un país de renta media donde, según datos del año prepandemia, la clase media era mayor que la pobre.
No obstante, esta estabilidad y crecimiento económico, el país tiene grandes retos por delante, pero, y estoy seguro que los lectores coincidirán conmigo, enfrentarlos siempre será más expedito desde la certidumbre que genera tener los indicadores macroeconómicos controlados.
En ese sentido, cuando vemos que el panorama económico mundial y específicamente el latinoamericano se vislumbra incierto y esto trae repercusiones para el país, debemos preocuparnos.
Y debemos hacerlo mucho más cuando quienes gobiernan, sea por mala suerte, si creen en ello, o por torpeza en el manejo económico, siempre terminan sumiendo al país en altos niveles de pobreza y carestía de la vida.
De manera que, los dominicanos deben tener ojo visor ante las ejecutorias de este gobierno del PRD que, en un proceso de mejoramiento de imagen decidió cambiar una letra de sus siglas.
Para agregar valor a mi advertencia me permitiré compartirles algunos datos económicos de sus gobiernos, sin entrar en juicios de cómo y por qué se llegó hasta ahí.
En 1978 el partido blanco llegó al poder de la mano del padre de la hoy embajadora en Washington, Antonio Guzmán. Su gobierno, al que lo tocó el valor histórico de restaurar las libertades en el país, no tuvo éxitos tangibles en materia económica cuando el crecimiento comenzó a ralentizarse pasando de un promedio de 5.6% en el periodo anterior, a un 4.5% en su gestión, según datos del Banco Mundial (BM).
Otro indicador que sufrió mucho durante ese gobierno fue el de la inflación alcanzando un índice promedio de 11.58%, resaltándose un pico de 16.7% en 1980, según datos del Banco Central de la República Dominicana (BCRD).
El gobierno del padre del ministro de Medio Ambiente, Salvador Jorge Blanco, no fue la excepción, si bien el manejo económico de su antecesor, Antonio Guzmán no fue optimo, el de este gobernante podría catalogarse de desastroso.
En términos de crecimiento el gobierno de Jorge Blanco tuvo, según datos del BM, un desempeño promedio de apenas un 1.8%, llegando a tener decrecimiento en 1985 a razón de -2.1%. La inflación, en cambio, alcanzó niveles astronáuticos cuando en promedio, según el BCRD, se situó en 19.69%, destacándose las tasas de los años 1984 y 1985 con 20.1% y 45.3%, respectivamente.
Para iniciar el nuevo siglo y milenio, la República Dominicana, cedió nuevamente la oportunidad de gobernar a un miembro del partido blanco, se trata de Hipólito Mejía, padre de la Secretaria General del PRM.
Hipólito, hombre de gran carisma, heredo un crecimiento económico promedio de su antecesor que rondaba el 7%, mientras que su gobierno manejo una tasa promedio de 2%, según el Banco Mundial. El colapso económico llegó a su máximo esplendor cuando en 2003 el país tuvo crecimiento negativo de -1.3%.
La inflación también alcanzó niveles astronáuticos durante este cuatrienio, cuando en promedio se situó en 23.2%. El pico se puede observar en los años 2003 y 2004 con 27.4% y 51.47%, respectivamente.
En agosto del 2020, Luis Abinader, hijo del exsenador del PRD en Santiago, llegó al poder en un contexto internacional de mucha incertidumbre debido a la crisis económica que derivó de la pandemia provocada por la Covid-19. Esa crisis ha provocado una escalada inflacionaria en todo el globo y en especial en América Latina, donde la dominicana se situó 8.5%, según datos del BCRD, siendo la cuarta mayor de la región.
Esta inflación comienza a sentirse en los bolsillos de los dominicanos cuando, como hemos dicho en artículos anteriores, los productos de mayor variación son los de la canasta básica.
Lo preocupante es que el gobierno parece no estar intranquilo por el tema y deja sentir hasta cierta desidia para tomar medidas paliativas que hagan más llevadera la escalada alcista que experimentan los precios y que, con el pasado que hemos visto en los gobiernos de sus antecesores partidarios, pareciese que cada vez que gobiernan la inflación y la crisis económica, se convierte en Deja-Vu.
