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3 de enero 2026
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OpiniónCAROLINA SADDLERCAROLINA SADDLER

¿Creerle a Epstein o a las víctimas? El ridículo «dilema» de las autoridades judiciales estadounidenses sobre Jeffrey Epstein

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Quienes no le han prestado atención al caso de Jeffrey Epstein, empresario, financiero y depredador sexual estadounidense, tal vez no entiendan las razones por las que es necesario que salgan a la luz pública los “archivos Epstein” o el listado de clientes, socios y allegados que el individuo mantuvo como “prueba” de sus “fechorías”.
La historia de Jeffrey Epstein, un delincuente sexual condenado por la justicia americana, cuya red de abusos ha tenido ramificaciones internacionales, continúa siendo uno de los casos más perturbadores y opacos de las últimas décadas.

Aunque múltiples investigaciones han arrojado luz sobre parte de sus “actividades”, aún existen documentos, testimonios y comunicaciones oficiales que no han sido divulgados al público.

Estos archivos, comúnmente conocidos como los “archivos Epstein”, representan piezas clave para comprender el alcance real del caso, muchos de los hechos, victimas, y demás involucrados.

El caso involucra temas de alto impacto social como la trata de personas, explotación sexual, abusos sistemáticos contra menores de edad, encubrimiento institucional y fallas potenciales del sistema judicial.
En situaciones así, la transparencia no es opcional; es una obligación democrática.

Si bien muchos políticos, funcionarios gubernamentales estadounidenses, y figuras públicas se han opuesto que los mismos se hagan público, la realidad es que es una responsabilidad moral y de interés público que podría contribuir al fortalecimiento del sistema judicial americano.

Es un tema de transparencia, justicia y confianza social.

La publicación de los archivos permitiría cmprender cómo operó la red de explotación, entender fallos previos de procesos legales y/o acuerdos judiciales, y evaluar el papel de instituciones que pudieron haber ignorado, minimizado o no detectado patrones de abuso.

Porque recordemos, la transparencia es un antídoto contra la especulación y las teorías sin evidencia. Sacar los archivos a la luz reduce el espacio para la desinformación, los “inventos”, pero también la complicidad.
Casos que involucran a individuos con poder económico, político y/o social requieren una vigilancia especialmente rigurosa para asegurar que la ley se aplique de forma igualitaria.

Sobre todo, porque todos sabemos que “papeleta mató a menudo”, y en este caso hablamos de gente con mucho poder y dinero, en dólares y euros.

Por ejemplo, hace pocas semanas Andrew, hijo de la fallecida reina Elizabeth II de Inglaterra, fue despojado de su título de príncipe, de sus rangos militares honorarios, incluido el de vicealmirante, y se le ha retirado su tratamiento de «su alteza real» por decisión de su hermano, el rey Charles III, debido a su relación con el caso Epstein.

Imagínense, la vinculación de un hijo de la reina, hermano del rey de Inglaterra, con este personaje, quien, aparentemente, que se suicidó en el 2019 mientras guardada prisión.

Dado el perfil de los involucrados, es entendible que la publicación de los archivos contribuiría a evitar la percepción de favoritismos y/o privilegios que se sabe se tiene y se ha tenido a lo largo del caso.

La publicación de los archivos podría demostrar que el sistema judicial no protege a individuos influyentes, al tiempo de que reafirmaría el derecho del público a examinar cómo se manejan casos de alto perfil.

Cuando la sociedad siente que la justicia se administra con confusión, se desgasta la confianza en las instituciones, por lo que revelar los archivos es un paso hacia la restauración de la confianza que se ha perdido y se continúa perdiendo cada día.

Además, haciendo publico los archivos se podría asegurar justicia para las víctimas y las sobrevivientes de la red de Epstein, quienes han insistido repetidamente en que la transparencia es parte fundamental de su proceso de justicia y reparación.

Hacer públicos los archivos podría ayudar a identificar patrones y/o cómplices que aún no han sido investigados, y aportar información que fortalezca otros procesos legales.

Asimismo, los archivos podrían validar, públicamente, los testimonios de quienes han hablado durante años, porque la justicia no se limita únicamente a castigar a un perpetrador; la justicia incluye también revelar la verdad completa de lo sucedido para que las víctimas sean escuchadas, respetadas y reivindicadas.

También, cuando se sacan a la luz publica informaciones de este tipo, se previenen futuros abusos, encubrimientos y complicidades.

Recordemos, los casos históricos de abuso sistémico muestran que la opacidad es un terreno fértil para la impunidad.
Sacar los archivos a la luz permitiría mostrar cómo operan las redes de explotación sexual a gran escala, detectar fallos estructurales en instituciones encargadas de protección y vigilancia, y producir reformas legales o administrativas para evitar que situaciones similares se repitan.

La transparencia no solo aclara el pasado, sino que también protege el futuro.

El caso Epstein se ha convertido en un símbolo cultural, objeto frecuente de rumores, acusaciones, teorías y distorsiones. Esto ocurre, en parte, porque la falta de información oficial crea vacíos que se llenan con especulación.
Publicar los archivos contribuiría a delimitar los hechos confirmados de aquello que no lo está, reducir la manipulación política o mediática del caso, y proporcionar una base factual clara para el debate público.

Cuanta más información verificada haya, menos espacio existe para la desinformación.

Hacer públicos los archivos Epstein no es un acto de morbo ni una cacería de culpables sin evidencia; es una medida de salud democrática.

Cuando un caso involucra delitos graves y posibles fallas institucionales, el interés público exige claridad.
Publicar los archivos permitiría avanzar en la búsqueda de justicia, fortalecer la confianza en las instituciones y contribuir a que abusos semejantes no vuelvan a ocurrir.

La transparencia, en este contexto, no es solo un derecho, es un deber ético. A sabiendas de que debe caer quien tenga que caer.


Por Carolina Saddler

@saddlerucarolina carolinasaddler@gmail.com

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