RESUMEN
Los profesionales de las ciencias sociales sabemos (por encima de los demás profesionales), que la familia, la escuela y la comunidad van desarrollando procesos y provocando situaciones a través de la interacción personal y social, y que de esa manera es como se va construyendo la experiencia personal y social en la cotidianidad. Desde ahí nace la importancia de la cotidianidad, al observarse los impactos que surgen desde fenómenos desarrollados a modo de acontecimientos familiares, escolares y sociales.
En ese punto es importante destacar, que la cotidianidad (desde el concepto), es una forma natural que adopta el individuo humano para observar, reflexionar lo que ha visto, y entonces analizar. Como resultado de ese proceso, alcanza a comprender (en el caso que nos ocupa), cómo se construye la identidad y se desarrolla el carácter de cada ciudadano. No olvidemos, que a partir del carácter de los ciudadanos o individuos que integran las naciones, nace el carácter nacional, como resultado de la suma de todas las ciudadanías.
Desde ese complejo y dinámico mundo social de interacción, se produce, se cimenta y se transforma introspectivamente a personas y contextos sociales durante la vida familiar y comunitaria. A esta existencia del individuo se suman las actividades de la vida preescolar, la vida de la escolaridad, la convivencia intergrupal y la manipulación mediática que se produce en forma constante y sostenida.
Como se puede observar, se trata de un proceso en constante construcción endógena, que va definiendo lo que es cada persona, en este caso particular, quién es cada uno de los ciudadanos y quiénes son en el conjunto nacional.
De ahí viene la importancia de la formación familiar y la educación escolar; lo decisivo de las competencias socioculturales y sociopolíticas que puedan adquirir los individuos para poder construir sus propias convicciones y actuar de acuerdo a sus más anhelados propósitos.
El mundo que se han construido muchas personas de diversas edades y creencias, carece de criterios claros que les puedan guiar por senderos autocríticos, porque la familia y la escuela no les han dotado de herramientas que les puedan ayudar a tomar decisiones claves para su presente y futuro. La introspección ayudaría a muchos de ellos a descubrir fortalezas y aminorar debilidades, pero, lamentablemente la rapidez con que avanza la vida diaria no deja mucho espacio para la reflexión.
La holgazanería, la rutina, la vida fácil y la desidia de muchos, convierte su mundo en procesos deprimentes que preocupan a quienes tienen la virtud de observar el mundo que les circunda.
Hace falta orientación familiar, escolar y social para que se entienda, que es en esos procesos y en esas situaciones en donde la dinámica de las relaciones interpersonales y grupales, van desarrollando en la cotidianidad hábitos que pueden ayudar en forma amigable o pueden agredir dolorosamente en lo psicológico y en lo psicoespiritual.
Pocas personas entienden ese misterioso vinculo que enlaza (como espacio de intercambio, de interacción y de relación entre todo el conjunto de individuos de la comunidad), puede ayudar o desayudar la vida particular y colectiva. Todo dependerá de las competencias cognitivas, las destrezas y las habilidades de las personas involucradas, para lograr salirse del círculo vicioso que les acomoda y les engaña bajo el yugo del placer, del vicio o de cualquier otra forma de dependencia.
El ciudadano común tiene (de un tiempo a esta parte), una forma de vivir que le ha estado cambiando el carácter, que le va deshumanizando en forma gradual, pero, de una manera continua e ininterrumpida. La compasión y la misericordia occidental está desapareciendo gradualmente.
Desde ahí, va reproduciéndose en forma franca la identidad nacional (entre un dinamismo de contradicciones y afinidades), las que se fortalecen en capacidad de cohesión social inimaginable, ojalá que ese carácter y esa identidad conserven las esencias nacionales particulares, esas que diferencian a cada pueblo de todos los demás pueblos del mundo.
Cada identidad nacional desarrolla intrínsecamente ese sentimiento de pertenencia a una comunidad histórica, a un espacio cultural y a un entorno social que se corresponde con una nación en particular.
De eso hablamos con intención de que muchos se preocupen, de esa conexión emocional y de sentido de pertenencia que un individuo siente hacia su país, incluyendo la cultura, las tradiciones, su historia, su lengua y los valores compartidos y vividos en la cotidianidad de las acciones.
Ese fenómeno social se presenta como brotes desde la comunidad. El aparece en acciones relacionales en donde los niños, los adolescentes, los jóvenes y los ciudadanos, aprenden y se transforman, acompañados por un proceso de múltiples matices, entre los que se encuentra la reflexibilidad, la que no se puede confundir con debilidad ni con falta de orgullo por lo que se es.
La reflexividad es ese aspecto de la vida que ayuda a los seres humanos a comprender de mejor manera su propia existencia (y a la vez), le orienta a buscar el sentido de su vida en particular y el de la vida en comunidad. La vida en comunidad es un proceso de acciones gregarias indispensables para desarrollar armónicamente a los individuos.
En ese complejo proceso se consolida el carácter de cada ciudadano y la suma de la ciudadanía en sentido general, conforma el carácter nacional. El carácter nacional surge desde el orgullo de cada persona por pertenecer a una nación, de la cual se siente parte integral. Se trata de ese apego a una comunidad grande denominada por un gentilicio, la que, junto a los valores, debe ser la esencia de las familias de un país.
A esta complejidad se adhieren los elementos culturales, que encierran costumbres y hábitos que se comparten y son la clave la identidad.
Aunque parezca ridículo, sobre esta construcción aparece impreso en cada tabique de los corazones de la gente que forma parte de un pueblo, su sentimiento por la historia común, por las realizaciones sobresalientes de los personajes (sellados por los hechos y los mitos), que anidan sentimientos profundos en los ciudadanos. A este amasijo de cuestiones se le suma la lengua materna, con sus matices de elementos lingüísticos; apareciendo los lazos familiares y sociales, en una convivencia que cicatriza heridas y enaltece los buenos momentos, fortaleciendo roles, para contribuir a la identidad nacional de cada nación.
Por esa razón de conjunto, es que el quehacer diario produce la cotidianidad. Se trata de un espacio de construcción particular que desarrolla capacidades y fomenta el crecimiento.
En la realidad, es una forma de cualificar la construcción social, en donde los seres humanos interactúan y se relacionan, haciendo posible la creación y recreación de significados esenciales para lo existencial de una nación. Y sobre ese tránsito de convivencia que ha de producir la cotidianidad, se forjan, junto a otros factores sociales, políticos y culturales, la identidad y el carácter nacional de los pueblos.
Por: Francisco Cruz Pascual.
